Un descubrimiento lleno de matices

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Que una editorial apueste por una antología, es casi un milagro. Pero si esa antología es de varios autores y todos ellos japoneses, es como ver un unicornio entre las estanterías, algo extraño, único y valioso. Yo soy un gran lector de ficción corta. Los relatos o las novelas de poca extensión tienden a ganar el duelo ante un libro que tenga una extensión considerable. Esto se debe a diferentes variables: tiempo, precio y diversidad. Existen diversos factores que condicionan a las editoriales españolas en no apostar por antologías, la principal es que el mercado español no consume relatos, cuentos y mucho menos antologías. Entiendo que la gran mayoría de gente tiene un libro de 500 páginas en la mesita de noche del cual leen 10 páginas cada noche y cuya trama es fácil de seguir. Los relatos, a menudo, necesitan de una lectura del tirón, ya sea por ambientación, tensión, recursos narrativos, trama o cualquier otro elemento que se os ocurra.
Quaterni publica por segunda vez una antología con diferentes autores (la primera la reseñamos hace poco aquí). Cuál fue mi sorpresa al ver en la descripción del libro qué autores contenía el libro. Estos son los contenidos: “Diario de un hombre en bicicleta” de Nastume Sôseki, “El gran descubrimiento” de Mori Ôgai, “La historia de una anciana geisha” y “Sushi” de Kanoko Okamoto, “Magia” de Ryûnosuke Akutagawa, “El robot y el peso de la cama” de Sanjûgo Naoki, “Una carta de protesta” y “El fin de Uemon Miura” de Kan Kikuchi, “La luna sobre la montaña” y “El hombre toro” de Atsushi Nakajima, “Jirokichi, el ratón rapaz” de Ryûnosuke Akutagawa y por último “¡Corre, Melos!” de Osamu Dazai. Por lo que al ver a tres de mis autores preferidos y (por fin) una mujer en el catálogo de Quaterni, mis expectativas se elevaron.

Había algunos relatos que ya habían pasado por mis manos, pero en inglés. Estos relatos me habían dejado muy buena impresión y sentía gran curiosidad por leerlos en español. Antes de entrar con los relatos quiero decir que me he encontrado con pequeño problema general en la antología, y es que la traducción no es de las mejores de la editorial. Algunas de estas vienen firmadas por traductores que repiten en la editorial, como Isami Romero, pero mi sensación ha sido agridulce. “Diario de un hombre en bicicleta” es uno de mis relatos preferidos de la antología. Como curiosidad añadir que este relato había sido previamente traducido al español en el libro Diario de una bicicleta precedido de Carta de Londres.  Situada en el período en que Natsume Sôseki estuvo en Londres, el personaje principal, encarnado por el autor, intenta aprender a montar en bici. Mientras esto ocurre, numerosas reflexiones cargadas de humor y doble sentido van apareciendo en la narración del asustado protagonista. Éste, más preocupado por las apariencias que por causarse daño al caer, redoble sus ánimos en cada fallo para mejorar en el siguiente, pero se encuentra con el choque de cultura que existe en Occidente. Sôseki pasó una depresión en Londres y terminó casi por odiar a la ciudad y a Occidente, debido a su mala y dura experiencia. En el relato se refleja parte de esos sentimientos, cubiertos por una capa de humor agridulce y flemático. La historia es divertida y estúpida, repleta de situaciones idiotas que pueden tanto dejarnos algo incómodos como despertar una carcajada. Lo interesante está, ya no solo en la percepción del japonés de la ciudad, sino en el poso reflexivo que deja una vez terminada la lectura.
Otro relato destacable es el de Mori Ôgai, titulado “El gran descubrimiento”. Este relato también había tenido la oportunidad de leerlo previamente en inglés y me pareció una maravilla. Por lo mordaz y lo crítico, por la cantidad de segundas lecturas y por la prosa del autor. El protagonista del relato es un Mori Ôgai de joven, aunque a la vez es un japonés cualquiera. Muchos críticos apuntan a que es pura ficción, pero eso lo dejamos al criterio del lector. El caso es que este joven japonés vive en Europa debido a un intercambio en su época estudiantil, y durante la misma es testimonio de las más raras costumbres Occidentales, como por ejemplo, no sacarse los mocos en público. El protagonista se obsesiona con la búsqueda de un europeo que sí cometa esta acción por la cual él mismo es criticado. Aprovechando esta insólita trama, el autor introduce segundas lecturas para mostrar su asombro ante Occidente, además de cierta crítica social y un mensaje muy interesante: quizá seamos de culturas diferentes, quizá seamos muy distintos, pero en el fondo, todos tenemos mocos en la nariz. A modo de kôan, Ôgai hace reflexionar al lector sobre los acontecimientos que sobre los que está leyendo. El protagonista, al ser tan impersonal, consigue con sencillez que el lector se introduzca en su piel y se sumerja en el relato.
Y estos son solo dos de los relatos que podemos encontrar dentro de la antología. Los dos relatos de Akutagawa son espectaculares, aunque muestran facetas distintas del autor e incluso el estilo cambia (¿o es la traducción? Ya que no están traducidos por el mismo traductor). Pero quizá otro de los relatos que brillan sobre el resto es el de Osamu Dazai, que a modo de fábula, trata un tema recurrente en su carrera como escritor, la crítica política. Además el relato escrito en 1940 está inspirado en un poema de Schiller, como el propio autor anota.
En definitiva, se trata de una antología muy variada, repleta de relatos interesantes, pero que a la vez esto juega un contrapunto, ya que no hay un orden concreto para los relatos y tampoco coherencia de calidad en los relatos de la antología. También debo reconocer que esto es hilar fino y son cosas que el lector común (si es que existe un lector común que compre este tipo de libros) va a pasar por alto. Quaterni hace una apuesta arriesgada pero atractiva e interesante, con cuentos, relatos e historias trufados de datos interesantes, dobles lecturas e impregnados de ese carácter japonés que tanto buscamos en la literatura nipona.
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