Shikaku, el dios del siglo XXI

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Las editoriales independientes juegan un papel crucial dentro del mundo editorial, tanto los que me leéis aquí como en mi blog personal, sabéis que tengo predilección por estas y que suelo cubrirlas de elogios totalmente merecidos. Cuando empiezas a leer el catálogo de una de estas editoriales, empiezas a ver coherencia y solidez en los títulos (algo que me ocurre con Fata Libelli, por poner un ejemplo). En este caso, estamos hablando de Chidori Books. De Chidori Books he leído hasta la fecha cinco de diez publicaciones que hay en su catálogo, y el buen gusto literario de su editora me dan la confianza suficiente para recomendaros (y poniendo la mano en el fuego) todos y cada uno de estos títulos. Su publicación más reciente es El todopoderoso Shikaku (Oshikakusama), de Naoko Tanigawa con la que este pequeño sello independiente se estrena con una autora contemporánea. Esto supone varios riesgos, publicar autores clásicos implica que los derechos de sus obras son libres, por lo que no hay que pagarlos y para una editorial independiente esto es un alivio. Que Chidori se lance a publicar obras como El todopoderoso Shikaku es digno de admirar y una declaración de principios por parte de la editorial.
Esta obra nos presenta a todo un elenco de personajes cuyas vidas están directamente relacionadas, padre, madre, hermanas. Sus vidas giran de un modo u otro alrededor de un tema común: el dinero. La narración se inicia en el momento en que tiene lugar la eclosión de un culto a un nuevo dios llamado Shikaku, el dios del dinero. A partir de aquí la narración se compone de capítulos muy cortos, narrados todos en primera persona pero cada uno con el punto de vista de uno de los diferentes personajes. Cada uno de estos personajes enfoca la polémica de esta nueva deidad con unas reflexiones acordes a su carácter y posición social. Por ejemplo, el padre es un exprofesor y su característica de erudito será aprovechada por las adeptas a la deidad Shikaku en su portavoz, mensajero y de alguna forma, monje. Él analizará toda esta situación de una manera empírica y con curiosidad académica. Su mujer es un personaje totalmente opuesto. Ella se guía por instintos y al principio de la novela pide a sus hijas que le espíen, pues ella cree que su marido tiene una amante. Ella verá todo este asunto como una verdadera locura y un disparate y sus reflexiones girarán alrededor de su radical punto de vista. Nuestra posible protagonista principal es la hija mayor de este matrimonio, Minami, quien lleva sumida en una fuerte depresión desde hace diez años. Minami es quien realmente lleva el peso de la narración. A través de ella asistiremos a las reflexiones más profundas y filosóficas que no están del todo relacionadas con la nueva deidad sino más bien con el poder que el dinero ejerce sobre nuestras vidas. Esto se ve reflejado por ejemplo en una conversación entre Minami y su hermana pequeña Asami, cuando discuten sobre las donaciones que han realizado a los afectados por el tsunami de 2011 en Tohôku. ¿Eres más solidario si ofreces más dinero? ¿Eres mejor o peor persona? ¿Es una cuestión de cantidades? Minami se da cuenta de que no se trata de ofrecer donativos y simplemente ser solidario, sino que se trata de ofrecer una imagen pública a través del dinero.
En cierto punto de la obra, el propio lector empezará a preguntarse si realmente existe este dios, Shikaku. A través de los diferentes personajes descubriremos lo central y vital que es para las sociedades capitalistas el dinero. En otras palabras, sin el dinero no somos nada. Pero Minami es como una isla en medio de este mar, ella siente que no puede comprar su felicidad para salir de esta depresión. Decide buscar trabajo, pero no por el salario, sino por mantenerse ocupada (a su edad, es algo bastante complicado en Japón). Es curioso que se dedique una obra literaria a un tema central como es el dinero. En Japón, esto es tabú. Por ejemplo cuando te devuelven el cambio en un supermercado, el cajero tapa el dinero con sus manos. O debes depositarlo en una bandeja. Hablar de dinero está relacionado, desde hace siglos, con ser avaricioso, sucio y suele ser repudiado por la sociedad. Naoko ha ganado el Premio Bungei en 2012 y creo que es merecido. A pesar de que la obra tiene un ritmo irregular, ya que hay personajes muy poco interesantes que contrastan enormemente con otros como Minami, la obra consigue un tono de humor y sarcasmo combinado con una reflexión bastante dura que termina dejando un buen sabor de boca. En ocasiones, la narrativa de Naoko recuerda a las primeras obras de Haruki Murakami, con ese leve toque surrealista que nos creemos para poder navegar por la historia, con reflexiones muy actuales y personajes reales, palpables. No puedo cerrar esta reseña sin hablar del papel del traductor, Héctor Tortajada, cuya labor en esta obra se me antoja realmente complicada debido a la cantidad de diferentes puntos de vista. Como sabréis, en japonés existen diferentes formas de decir lo mismo dependiendo de la clase social o a quién te dirijas. Aunque en esta obra no se vea reflejado totalmente (pues en castellano carecemos de este elemento), Héctor consigue otorgar cierta diferencia notable entre los personajes protagonistas. Además mencionar la impresionante maquetación de Chidori Books respecto al libro. En definitiva, se trata de una obra arriesgada y que apuesta por nuevas formas narrativas en Japón. Salimos de los clásicos y de la literatura comercial a la que estamos acostumbrados y nos adentramos en una novela impresionante que grita con fuerza que en Japón, los escritores jóvenes están creando nuevas formas de literatura. 
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