Crónica del festival de cine Fancine de Málaga

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Entre los días 18 a 26 de noviembre se ha celebrado en Málaga la nueva edición del Fancine, el festival de cine fantástico, que celebraba su 25 cumpleaños. Localizado este año en el céntrico cine Albéniz (junto a la alcazaba y el teatro romano), ha traído a Málaga una selección de los estrenos más populares en cuanto al terror, la fantasía y la animación se refieren, algunos de los cuales ya pudieron ser vistos en el festival de Sitges.

Lo céntrico de la localización quizás haya sido bueno en cuanto a la afluencia de público -las colas eran bastante largas, más aun cuando sólo hay una ventanilla activa- pero también hace complicada la asistencia por lo complicado del aparcamiento, y los precios poco populares del parking público. Pero bueno, todo es poco por tener en nuestra ciudad un festival de cine fantástico pujante y con buena salud.

Tras un lustro algo despegado del festival, volvía con intención de darme un atracón al más puro estilo bufet libre que al final ha quedado en un almuerzo que me deja satisfecho pero también pensando que podría haber comido más: en resumen, que no he podido asistir a tantas películas como me habría gustado, pero al menos he podido ver una buena selección, las cuales paso a comentar ahora mismo:

Blood Sucking Bastards sigue la corriente de los últimos años de mezclar el terror con la comedia y el humor negro que tan buenas críticas ha dado a películas como La cabaña en el bosque o Tucker y Dale contra el mal. Aquí, un grupo de compañeros de oficina, algo incompetentes, se dan cuenta de que su nuevo jefe -interpretado por Pedro Pascal, Oberyn Martell en Juego de Tronos es mucho más malvado de lo que parece, y que poco a poco está dándose un festín con los demás miembros de la empresa. ¿Una sátira de lo desalmados y monstruosos que llegan a ser los jefes, capaces de dejar sin sangre a sus trabajadores? Puede, pero en el fondo es una divertida comedia de humor negro donde al final los protagonistas se ven obligados a encargarse ellos mismos de la plaga de chupasangres.

Siguiendo la estela de cine gamberro, comentar también la divertida producción canadiense Turbo Kid, un homenaje a los videojuegos y el cine apocalíptico estilo Mad Max, todo salpicado con trozos de cuerpos y litros de sangre. La película es el resultado de meter en una coctelera a Los bicivoladores, Scott Pilgrim contra el mundo, Kick-ass, Terminator, Conan, Mad Max y “El puño de la estrella del norte”, todo con un presupuesto de serie B (o Z) y acompañado con mucho descaro y frescura, tomándose a sí mismo en serio lo justo (vamos, poco o nada) y dejándonos disfrutar de un espectáculo digno del cine “ochentero”, con el inefable Michael Ironside como el villano de la función. Totalmente recomendable para ver sin ningún tipo de complejos. De hecho, ha sido la ganadora del “Premio del público” de esta edición del Fancine.

Podría decir más o menos lo mismo de Tag, película japonesa del prolífico director Sion Sono. Comienza con una escena tan brutal que te tiene los diez primeros minutos en vilo, siendo uno de los incios más potentes y bestiales que podías encontraros en el cine hoy día: Mitsuko va en el autobús junto a sus compañeras de clase cuando, de repente, una ráfaga de viento parte el autobús por la mitad junto a todos sus ocupantes, con excepción de la protagonista, quién debe huir por su vida de esta misteriosa energía (que dicho sea de paso, parece homenajear a la saga Evil dead de Sam Raimi por como la cámara se mueve y persigue a Mitsuko). Quizás, esto llega a lastrar la película, que ya nunca llega a la altura del comienzo pero que de vez en cuando rompe el ritmo (y el sentido) con un estallido de violencia cuasi-aleatoria. Durante todo el metraje no podemos dejar de preguntarnos qué está pasando y qué sentido tendrá al final -si es que tiene alguno-. Pues bien. Hay un final algo extraño, que trata de darle algo de sentido a toda la sucesión de escenas que hemos estado viendo, llega demasiado de repente para asimilarlo, y sin apenas desarrollo  o explicaciones. Lo tomas o lo dejas, es lo que hay. Por ello, la película va de más a menos, pero tiene un comienzo tan brillante que sólo por ello merece la pena su visionado. Tal es la factura visual y la imaginación vertida en esta producción que ha sido elegida ganadora por el jurado como  mejor película, así como otros seis premios (entre ellos los de efectos especiales). Es así la gran triunfadora del festival.

También puedo decir que la mayor decepción que me he llevado en este festival ha sido también premiada: Hou Hsiao-Hsien ha sidp premiado como mejor director por su película The Assassin, coproducción de Taiwán, China, Hong Kong y Francia. Que también se ha alzado con el premio a la fotografía. Para mí, estamos ante una de las películas más sobrevaloradas de los últimos años. Aburrida, plana, falta de ritmo, mal desarrollada y -encima- con unos combates cortos y sosos.  Su hermosa protagonista, Shu Qui, apenas pronuncia tres o cuatro frases y hay largos planos de personajes mirándose o escenas de corte que al final no aportan nada a una trama alargada hasta la saciedad, que no daba para más y que me obligó a mirar continuamente el reloj sin dar credibilidad a llegar tanto tiempo sentado sin que pasase nada destacable y como tratan de resolverlo todo en los últimos minutos con un villano que había salido antes en una escena y que podía haber sido este como cualquier otro. Puedo nombrar decenas de “wuxias” chinas y coreanas mucho mejores que esta sin hacer ningún esfuerzo (Red Cliff 1 y 2, Guerra de flechas, Musa, Dragón, Battle of wits, y así puedo seguir). Desde luego que puedo decir que está entre las peores que he visto. Repito, para mí, la mayor decepción de este Fancine, a la que suspendo sin piedad y me hace pensar que a veces la gente sobrevolara este tipo de películas por ser primas hermanas de Hero o Tigre y Dragón” Mi veredicto: Una lengua fuera y un PRFFFFFF para The Assassin y su director por hacerme perder dos horas de mi vida que me parecieron cinco.

Para quitarse uno el mal sabor de boca, el Fancine proyectaba en un pase especial una de mis películas modernas de samuráis favoritas: Zaotichi, película del 2003 dirigida por el incomparable Takeshi Kitano. Aquí, el inimitable realizador japonés desarrollaba su visión de uno de los personajes más populares del cine y la literatura japonesa, el espadachín ciego Zaotichi, interpretado durante los años 60, 70 y 80 en veintitantas películas por Shintaro Katsu, y habiendo llegado a compartir cartel con Toshiro Mifune en un cruce con su personaje de “Yojimbo” y “Sanjuro”. El título de tal curiosidad es “Zatoichi meets Yojimbo” (Zatôichi to Yôjinbô). Pues bien, qué decir de la imaginativa adaptación de Kitano, donde él mismo interpreta al protagonista llevando un pelo corto teñido de rubio platino, con grandes diálogos y trepidantes escenas de acción -digno de mención el duelo final con el personaje interpretado por el Tadanobu Asano- y acompañada por la alegre banda sonora de Keiichi Suzuki, todo un contraste para lo que vemos en la pantalla.

Y termino la reseña con la película que más he disfrutado este Fancine, y la última que vi: El chico y la bestia, película de animación japonesa dirigida por uno de los nuevos baluartes del género, Mamoru Hosoda, autor de las muy destacables Los niños lobo, La chica que saltaba a través del tiempo y Summer Wars. Bueno, será mejor no bucear mucho más en su filmografía o lo encontraremos haciendo películas de Digimon. Puedo decir que si hay alguien que pueda hacer sombra a Ghibli en cuanto a calidad, colorido e imaginación es este artista de la animación y esta es su mejor película hasta la fecha, así que no queda más que esperar a su próximo proyecto con ilusión renovada. Nos presenta un Tokyo que tiene su contrapartida en el mundo de las bestias, elemento extraído de la mitología japonesa. Allí, se está llevando a cabo un torneo de lucha para elegir el sucesor del señor del reino y hay dos grandes favoritos. Uno de ellos, el hombre-oso Kumatetsu (cuyo nombre podría traducirse como ‘oso de hierro’), viaja al Tokyo de los humanos y se encuentra con un joven niño abandonado, Kyuta, a quién decide adoptar como pupilo. Los años pasan y la relación entre maestro y alumno se va estrechando conforme se acerca la fecha del combate final que decidirá quién gobernará el reino de las bestias. Sin embargo, Kyuta no dejará de visitar el mundo de los hombres, buscando pistas sobre su desaparecido padre y entablando relaciones humanas. Una película que tiene de todo: acción, amistad, amor, superación personal, con una animación estupenda y grandes escenas de lucha. Pronto se estrenará a nivel nacional y creo que los espectadores deberían darle una oportunidad allá donde se estrene.

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