Indigno de ser humano de Osamu Dazai

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Indigno de ser humano empieza con tres fotografías. Tres fotografías que describen la decadencia que el lector podrá leer después, que nos descubren en imágenes claras. Dazai empieza así esta novela, con una calma relativa de un narrador externo a la historia, para mostrarnos, como quien se asoma por una puerta entornada, lo que nos espera al continuar la novela. Tratándose de una de sus novelas más autobiográficas, uno puede imaginarse que va a encontrarse un realismo abrasador. Sin embargo, lo que Dazai muestra en su novela es mucho más que eso.

…llevaré siempre clavado en la frente el cartel de loco; mejor dicho, de muerto viviente. Indigno de ser humano. Dejé por completo de ser persona.

A través de tres cuadernos, que nos narran la época de las tres fotografías que hemos visto en un principio, vemos la vida de Yozo, un joven estudiante de provincias, un ser débil y enfermizo. De una naturaleza extraña hasta para él mismo, es espectador de su vida a través de una máscara, un juego de sombras que él ha creado. Pero esta función poco a poco irá en declive en el momento en el que Yozo decida ir a estudiar a Tokio y descubra, en la gran capital nipona, las maravillas de una vida disoluta, que poco a poco lo arrastrarán a la más absoluta decadencia.

Como si de una máscara se tratase, Yozo se cubre a sí mismo y su personalidad a todo el mundo. Así, vive en la constante comedia que ha creado, sin descansar un solo instante su personalidad burlesca y, como él mismo dice, de bufón, que esconde sus miedos e inseguridades. Yozo no se siente humano. No, al menos, humano como todos aquellos que le rodean. No entiende de moralidad o de normalidad y bajo esta premisa, Yozo decide crear una mascarada. Dazai divide acertadamente el libro en tres cuadernos. Esos tres cuadernos, que como he comentado nos recuerdan a las tres fotografías con las que Dazai empieza la novela, nos muestran el declive de Yozo, que vive dentro de su propio personaje. En la primera parte, la aparente tristeza del bufón se va acrecentando en la segunda y en la tercera parte. Es a partir del segundo cuaderno, cuando va a Tokio, que la bufonería va convirtiéndose en tristeza y en desesperanza. La incomprensión de Yozo sobre el mundo que lo rodea se ve acrecentada a partir de su vida descastada en Tokio y es a partir de entonces cuando poco a poco se ve más atractiva la idea de la muerte. La espiral de decadencia en la que se sume lo lleva al suicidio y este lo lleva al aislamiento aún más intenso que anteriormente, pues ya no solo el mundo lo rechaza en su incomprensión, sino que es toda su familia y sus conocidos los que lo impulsan a este agujero negro.

El alcoholismo, el sexo y las mujeres no son los que arrastran a este artista atormentado por la propia función que él mismo ha creado, sino su propio ser. Un análisis de la posición moral y social de la época que se muestra totalmente ausente en Yozo, aunque no ausente de dudas sobre esta misma. La voz de Yozo, sin embargo, no tiembla al contar su decadencia, la caída a la oscuridad en la que se ve inmerso desde un principio. Mejor dicho, en la que él sabe que se ha sumergido desde un principio. Es una calma asoladora, una calma que da mucho más terror que todo aquello que cuenta. La calma que inquieta al lector más que al propio personaje.

Este libro, que recuerda un poco a Confesiones de una máscara por su tono confesional y por esta atracción hacia la muerte que en ambos libros se muestra, tiene un tono mucho más crudo, mucho más duro y a su vez, mucho más “simple”. Como si el mismo Dazai nos quisiera mostrar que su historia, igual que el personaje que la protagoniza, que puede aparentar una normalidad inexistente.

Con un estilo directo y descarnadamente crudo, Dazai nos introduce en la mente de este extraño personaje y nos hace vivir como él. En una primera persona muy acertada, nos adentramos en un libro que poco a poco se va introduciendo en las tinieblas. Yozo sabe eso también y sus palabras lo muestran: sabe que poco a poco se va adentrando en el abismo sin saber si podrá salir de él y sin más posibilidad de seguir adelante. Dazai no nos deja respirar ni un solo instante. Nos roba el aliento con la intensidad de su novela y esta brutalidad se mantiene y acrecienta a cada página. Con ese tono altamente autobiográfico, las fronteras entre el autor y el personaje se pierden en instantes y nos da la sensación de que leemos las tribulaciones del mismo autor, los pensamientos, la salida de escape, la decadencia que el mismo autor vivió. Y la misma atracción hacia la muerte. Podemos ver muchísimos paralelismos entre la vida tokiota de Yuzu y la vida de Dazai. Más allá, el autor nos muestra un ser extraño, ajeno al mundo, un ser mujeriego y débil que seguramente era un reflejo del espejo en el que él mismo se miraba.

El autor cede la voz final, las últimas palabras, a aquellos que conocieron al personaje y no al propio personaje, ahogado de desesperación. La voz de una mujer amable, delicada, que contrasta en comparación con la primera persona que nos ha hablado todo el libro. El narrador, ajeno a aquello que dicen los cuadernos, nos enmarca la historia principal con una introducción muy breve y, después, con la voz femenina de aquellos que conocieron a Yozo. El punto y final de una historia que no puede contar él mismo, sino que se ve, al acabar, con el punto de vista de otras personas.

Indigno de ser humano son solo ciento veinte páginas. Un libro breve, hermoso e intenso que nos lleva hasta los mismísimos infiernos del ser humano. Puedes disfrutar del viaje o detestarlo, pero lo que es seguro es que lo vas a sentir.

Hacia el amanecer surgió de sus labios y por primera vez la palabra “muerte”. Tsuneko también parecía exhausta de existir como ser humano.

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