Crónica por Japón: Kyoto

0

La entrada de hoy relatará los dos días que pasamos, enteros, en Kyoto. La antigua capital de Japón está en una situación geográfica envidiable, pero su mayor atractivo son, sin lugar a dudas, la multitud de templos que, como setas, salen de cada esquina de la ciudad.

La mañana amaneció tarde para nosotros y nos vimos impelidas a cambiar el itinerario pensado, pues ya eran más de las diez y aprovechar bien la mañana era inviable. Así que decidimos tomarnos el día con calma. Y lo ideal para afrontar un día relajante es visitar un par de templos. Nosotras elegimos quizá dos de los templos que más merece la pena visitar en Kyoto: El Kinkaku-ji (O el templo del pabellón dorado) y el Ginkaku-ji (El templo del pabellón plateado). Lo mejor es ver ambos o muy temprano por la mañana, cuando la marabunta de turistas aún no ha llegado, o muy tarde, hacia las 4 de la tarde, cuando la hora de cierre se acerca. En realidad, eso suele pasar con todos los templos, así que para ver un número aceptable de ellos, es inevitable toparse con colas o multitudes (sobre todo en verano o primavera). Aún así, el pabellón de oro resplandece en su belleza y hace encoger el corazón. Es imposible no entender los sentimientos de Mishima y de tantos otros artistas que se vieron abismados con tanta belleza. Delante del templo hay un lago precioso y, si tienes suerte (nosotras la tuvimos, al menos durante unos instantes) el viento se calma para dejarte ver un reflejo perfecto del edificio de oro. No me enrollaré más: Os dejo una foto que habla por mí.

Cogimos un bus que nos llevaba al Ginkaku-ji y, esta vez sí, tuvimos suerte de llegar en un momento en el que la mayoría de gente ya se había marchado. Así, pudimos pasear con calma por los jardines de alrededor del templo y contemplar las vistas de la ciudad desde el pequeño montículo en el que está emplazado. El templo del pabellón de plata cuenta también con un jardín zen de arena llamado Ginshandan, que representa el oleaje del mar.

Acabamos el día en un barrio vecino a este templo, paseando por el camino del filósofo (Philosopher’s walk) que desmerece un poco sin las flores de sakura, pero que sigue siendo precioso. Acabamos en un templo budista. El templo de Nanzenji tiene unos jardines enormes por los que paseamos hasta que el sol se escondió detrás de las montañas de Kyoto. Es un templo que se fundó durante la época Heian y que, como todos los templos en Japón, ha sido reconstruido varias veces.

Dispuestas a compensar la tranquilidad del día anterior, Orfhlaith y yo nos levantamos muy temprano y decidimos alquilar un par de bicicletas para recorrer toda la ruta de templos de Higashiyama, uno de los barrios con más densidad de templos. Nos reunimos con Carme, nuestra amiga que vivía en Osaka y con ella recorrimos las calles de Higashiyama en bici. No sabría si recomendaros alquilar una bici para esta ruta, pues casi toda la ruta es en pendiente y está muy frecuentada por turistas. Aún así, y con el calor que hacía, las bicis resultaron ser unas grandes aliadas.

La ruta que hicimos es una variación de la propuesta por la Lonely Planet, pero la verdad es que nos gustó bastante. El barrio de Higashiyama es uno de los barrios más bucólicos de Kyoto y aunque suele estar abarrotado de gente por sus preciosos templos. Este barrio es característico además por las empinadas cuestas y las calles llenas de casas antiguas que nos hacen retroceder en el tiempo. Visitamos primero un templo budista escondido entre las callejuelas de Higashiyama. Luego ascendimos la colina hasta Kiyomizudera, uno de los templos más conocidos de la anterior capital y que se encuentra encima de una calle empinada y llena de tiendas de souvenirs. Kiyomizudera significa el templo del agua pura, ya que se encuentra ante unas colinas con cascadas. Es uno de los templos más antiguos de Kyoto, construido a principios de la época Heian y también uno de los más bonitos.

De lejos ya podíamos ver la pagoda negra de Yasaka-no-To, pero hasta que no llegamos a la calle Yasaka no vimos la pagoda en toda su extensión. Aquí se suelen reunir los porteadores de rickshaws. Presidiendo todo el sur de este barrio se encuentra uno de los numerosos memoriales a la guerra, aunque este quizá tiene una forma mucho más original que el resto, pues es una figura gigante de Buda la que preside el Ryozen Kannon. Al pagar la entrada te dan un incienso para quemarlo en honor a los muertos, como es tradición en Japón y, generalmente, en los países asiáticos influenciados por el budismo. Además, una de las curiosidades de este memorial es que tiene un pequeño altar dedicado a la diosa de los abortos.

Después de descansar un poco ante este buda colosal (y sabiendo que al día siguiente veríamos uno aún más grande), fuimos a comer y a pasear por los jardines de Yasaka jinga, donde vimos una curiosa manifestación. La visita a Yasaka jinga fue más bien breve pues las tres teníamos ganas de ver Heian Jingu. Nos incorporamos al tráfico, dejando de lado las callejuelas de Higashiyama y nos encontramos ante uno de los toriis más grandes de Japón. El Heian Jingu tiene un claro aire chino y las extensiones de tierra entre edificio y edificio le dan un aire magnánimo. Este templo fue construido en 1895 en motivo al 1100 aniversario de la fundación de Kyoto como capital (en el período Heian y por eso recrearon el estilo de la época en el templo (entenderéis porqué tenía tantas ganas de verlo).

Por desgracia los templos cierran temprano y el sol empezó a esconderse. Era nuestra cuarta noche en Japón y ya empezábamos a acostumbrarnos de que el atardecer fuera a las seis y media de la tarde. Sin más visitas programadas, decidimos ir a visitar una tienda de kimonos de segunda mano donde, por supuesto, tanto Orfhlaith como yo acabamos con un ejemplar entre nuestras manos (para el que le interese, la tienda se llama Chicago y el yukata entero nos costó unos 4000 yenes).

No hay nada mejor como un día bien aprovechado y la verdad es que este recorrido por Higashiyama compensó con creces la calma, también agradable, del día anterior. Para los amantes de las culturas ancestrales, Kyoto es el paraíso: No solo está plagado de templos, tanto budistas como sintoístas, sino que además todos los monumentos en Japón están excelentemente conservados.

Share.

About Author

Deja un comentario