La entrada a la madurez

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Hace un tiempo publicamos la crónica de una presentación de libros por la editorial Lapislàtzuli. Lapislàtzuli es una pequeña editorial catalana que, junto con los traductores Ko Tazawa y Joaquim Pijoan, quiso emprender un proyecto que a nosotros nos parece admirable: una colección de títulos japoneses en catalán. La mayoría de esos títulos, además, son inéditos en España, lo que hace este proyecto aún más apetecible. Como ya comenté en su momento en la entrada de la crónica, los dos libros con los que han estrenado esta colección son de Ogai Mori e Ichiyō Higuchi. Es el libro de esta última, A veure qui es més alt, el que analizaremos en la reseña de hoy.
En esta novela corta, Higuchi se adentra en Yoshiwara, el único barrio de Edo en el que estaba permitida la prostitución. A través de una historia de amor adolescente, llena de rivalidades e incomprensiones, la autora se adentra en temas más profundos como las clases sociales o la prostitución de lujo. La historia corta se adentra en las rivalidades entre dos jóvenes y el descubrimiento del primer amor y del significado propio de este sentimiento.
Estamos hablando de un libro muy cortito, de apenas 90 páginas. La historia que nos relata está introducida por varias páginas introductorias a este barrio y la vida diaria en él y aunque esta introducción es casi más interesante que la historia en sí y está cargada del testimonio de la propia autora, está muy desconectada de la historia en sí y hay un antes y un después de esta introducción. El momento de presentar a los personajes puede hacerse algo pesado y son los dos rivales jóvenes los primeros en aparecer en primer plano. Aún así, y aunque estos dos personajes tienen el peso de la trama sobre sus hombros, es Megumi la que lleva la voz cantante en el libro. El libro tiene un tono infantil inconfundible que se adapta bien a los personajes protagonistas y sin embargo, la ambientación, la sensación que lo rodea no es para nada inofensiva.
La rivalidad que nos muestra Higuchi en este libro no solo habla de una rivalidad pueril de “a ver quién es más alto”, como Tazawa y Pijoan han nombrado al libro, sino una rivalidad que va más allá, que habla de dinero, de clases sociales y de modos de vida. La transición entre la inocencia infantil a la rivalidad más seria, más compleja de las relaciones adultas es el tema principal de esta novela corta y sobre el que giran los tres personajes. Aunque la evolución no es muy elaborada, por falta de páginas, la novela plasma muy bien ese contraste, ese momento de cambio que viven los personajes.
Higuchi juega muy bien con el lector para mantenerlo atento en la lectura y la traducción al catalán de Tazawa y Pijoan han mantenido esa estructura característica de la autora. Y aunque se nota aún cierta inexperiencia escritora, cierta incoherencia en algunas partes de la historia, en general se sustenta bien y se hace entretenida y muy clarificadora; Higuchi nos muestra a la perfección el escenario de una época. Los deseos frustrados, la educación y la evolución a la madurez son uno de los temas de los que más habla Higuchi en su obra, pilares fundamentales para estos tres personajes que sostienen la obra. Con una sinceridad que muestra las penurias que vivió la propia autora en sus carnes y que transmite a través de sus palabras entre las páginas de esta pequeña (pero gran) historia.
En la reseña de Harakiri, El cas de la familia Abe, ya comentamos que hay ciertas cosas que podrían mejorarse en cuanto a la edición. El prólogo explicativo al inicio de la lectura es de ayuda para ambientarse bien en una novela que trata sobre un país y una época que conocemos poco, pero la falta de notas explicativas a pie de página, substituidas normalmente por fotografías de mala calidad, se hace muy tangible con ciertos conceptos que no todos tienen porqué conocer. No es la presencia de fotografías lo que molesta al lector, sino su colocación y su calidad: Si estuvieran colocadas en un anexo para la consulta a lo largo de la lectura, el lector que tiene curiosidad podría saciarla de esta manera y el lector que ya tuviera la imagen visual en su cabeza no vería entorpecida la lectura. Aún así, y como ya comentamos en la anterior reseña, creemos encomendiable esta tarea que Lapislàtzuli ha arrancado. Apostar por la literatura japonesa es una apuesta arriesgada, pero muy interesante, sobre todo si da la oportunidad al lector catalán de conocer obras hasta el momento inéditas en nuestro idioma.
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