Kids on the slope, un manga muy jazzero

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Ya lo he comentado más de una vez, pero la labor que está realizando Milky Way para traer mangas diferentes, con un toque adulto e interesante, es encomiable. Y el público español está respondiendo bien a estas historias. La reseña de hoy forma parte de las ediciones que nos trae esta ya no tan pequeña editorial, Kids on the slope (Sakamichi no Apollon en japonés).

La historia de Kids on the slope se centra en tres personajes principales. Por un lado, Nishimi Kaoru, un estudiante recién transferido a un pueblecito costero del Japón de los años 60. En ese instituto conoce por un lado a Sentaro, un chico mestizo que parece meterse constantemente en peleas y Mukae Ritsuko, la delegada de clase que al principio actúa de moderadora entre ambos. Sin embargo, no solo los une ella, sino que pronto descubren que tienen algo en común mucho más cercano: la música.

La música solo es una excusa para conocer bien a estos personajes, para unirlos pese a ser tan dispares y para mostrar también su poder. Pero es una excusa a la que Yuki Kodama recorre constantemente, usándola de nexo en todo el manga: el jazz es el protagonista y Kaoru o Sen crecen a su alrededor. Hablamos de un manga cotidiano, tranquilo, que nos muestra el día a día de estos dos personajes y como su relación se fortalece con el jazz, pero este está muy presente en el manga. Y es que Yuki Kodama consigue que fácilmente nos traslademos a esos escenarios cargados de humo y ruido, en los que solo importa la música, o nos traslada al sótano debajo de la tienda de música y a esa ciudad costera del pasado. Este es uno de los mayores logros de Kodama, la ambientación que crea en su manga es muy adecuada.

También los personajes, argumentalmente, están muy bien creados. La relación entre ellos tiene un peso fundamental y sus lazos son los que construyen la trama. Al ser la música lo que los une, esta también forma una parte fundamental en la historia y hace de pegamento. El dibujo se centra también en ellos, dando al fondo un dibujo meramente presencial: tramas de fondo simples o escenarios poco elaborados que enfocan toda la atención en los personajes y sus expresiones.

Aunque tiene un peso más bien leve, el Japón de la postguerra también está presente en este manga, aunque más bien nos muestra la forma en la que este afecta a los personajes. Unos personajes que vivieron la guerra cuando eran demasiado pequeños para acordarse pero que igualmente tienen heridas de ella, que igualmente sufren sus consecuencias. El padre ausente de Kaoru es un ejemplo de este tipo de consecuencias que, aunque afectan de refilón, están presentes en la capa más subyacentes de la historia.

El estilo de Yuki Kodama es sencillo y claro, de líneas muy marcadas y viñetas pequeñas que le dan más peso al diálogo y a los silencios que a la ambientación. De hecho, como ya he dicho, la escenografía es algo pobre. Aún así, las escenas de música están muy bien hechas y cargadas de sonidos y sensaciones, casi como si el lector pudiera escuchar las canciones que tocan Kaoru, Sen y los demás. Es recomendable buscar la banda sonora del anime o las canciones cuyos títulos comentan para una lectura aún más gratificante.

La presente edición, de Milky Way, es muy adecuada para el manga, con portadas adaptadas de las  japonesas. A un precio de 8 euros cada uno de los 9 tomos que forman este manga (de los cuales han editado, hasta la fecha, 5).

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