Bailando con elefante y gato, de Yoko Ogawa

0

Hace un tiempo os traíamos una reseña de La fórmula preferida del profesor, uno de los libros más conocidos de Ogawa. En esa reseña os comentaba la delicadeza y ternura que transmiten las palabras de la autora en esa novela, una ternura que se transmite sobretodo en los personajes y los lazos que crean entre ellos. Os comentaba también que Ogawa tiene la característica de saber crear personajes muy reales, pese a no tener nombre o rostro más que el que sus acciones y sus palabras denotan. Estos elementos se vuelven a ver en Bailando con elefante y gato, publicada por Funambulista. En esta novela, el ajedrez toma la función que realizaban las matemáticas en La fórmula preferida del profesor y es que toda la historia gira alrededor de este juego y de cómo el protagonista, un niño callado que nació con los labios sellados, se siente a través del tablero. La novela, por lo tanto, está plagada de alusiones al ajedrez y Ogawa usará, tal y como hizo con las matemáticas, el juego para reflexionar sobre otros temas.

De hecho, el tema principal de la obra es el miedo a crecer, el miedo a verse atrapado. Este miedo, que domina a nuestro protagonista es tan fuerte que consigue que su propio cuerpo se queda anclado en la niñez. El fenómeno de Peter Pan tiene aquí otro significado, tanto físico, como mental, pero igual de interesante: la idea que tiene el protagonista de crecer siempre está asociada a la muerte y a una jaula. Así, con varios elementos (un elefante atrapado en una azotea, su Maestro, un hombre obeso que le enseña a jugar al ajedrez), Ogawa juega con este miedo.

Y de nuevo, los personajes vuelven a ser rostros anónimos, nominados solo por su relación con el protagonista (quien a su vez coge el nombre de un famoso ajedrecista, Alexander Alekhine) y de esta forma, de nuevo Ogawa se centra en profundizar de esta forma en sus personalidades. Aún así, en este caso las relaciones entre ellos no tienen tanto peso en la historia (excepto, quizá, la relación que tiene Little Alekhine, el protagonista, con el Maestro) y creo que en esta ocasión Ogawa no consigue transmitir esa ternura que conocíamos de otras novelas y que en Bailando con el gato y el elefante brilla por su ausencia.

Pero de nuevo consigue transmitir la belleza de una disciplina (en este caso el ajedrez) con palabras sencillas y un protagonista muy real. Aún así, las referencias matemáticas también están muy presentes, entremezcladas en un tono poético muy bonito. Frases sobre la geometría del tablero en la que el protagonista se siente muy cómodo o la belleza de los movimientos del ajedrez y sus algoritmos matemáticos nos transmiten sensaciones similares a las que nos transmitía Ogawa en su momento con La fórmula preferida del profesor.

Yoko Ogawa va hilando poco a poco situaciones muy diferentes entre sí que llevarán al protagonista poco a poco a recluirse dentro de sí mismo, usando la metáfora de un muñeco autómata y a impedirse también crecer y agrandarse. A través de partidas de ajedrez el niño irá conociendo diferentes aspectos del mundo adulto: la juventud e inocencia con el maestro, el crecimiento y la madurez en el club Pacífic o la tranquilidad de la vejez en la residencia Étude.

No es una mala novela, pero parece que Ogawa intente repetir el esquema que le funcionó muy bien en La fórmula preferida del profesor (no es casualidad que haya estado comparando ambos libros durante toda la reseña, pues hay muchos paralelismos en cuanto a elementos, metáforas o relaciones entre personajes) pero que no acaba de cuajar en esta novela. La oda al ajedrez es bonita y cualquier lector al que le guste el juego lo disfrutará. De nuevo la autora consigue transmitir belleza en pequeños detalles. Sin embargo, la historia cojea y, en comparación con otras obras de la autora, puede resultar algo floja.

Share.

About Author

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.