El elogio de la sombra, de Junichirô Tanizaki

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Cuando uno se topa con un ensayo sobre estética y filosofía japonesa escrita por un japonés llamado Junichirô Tanizaki, lo primero que piensa es en una lectura dura y tediosa. Pero si el lector se adentra en El elogio de la sombra verá que no podía estar más equivocado. Tanizaki escribió uno de los ensayos más importantes sobre cultura japonesa del siglo XX con una sencillez abrumadora. Pero ¿por qué es tan importante este ensayo? Todos coincidimos en las diferencias de Oriente y Occidente, pero a menudo caemos en clichés y banalidades. Tópicos que van creciendo y convirtiéndose en leyendas urbanas que muchos hemos querido resolver al viajar, por ejemplo, a Japón. Tanizaki los derrumba con este texto breve y construye un puente de unión mentando las diferencias y las convergencias de la cultura occidental y la oriental.

El elogio de la sombra (Satori, 2016), de Junichirô Tanizaki (1886-1965) es una reflexión sobre el protagonismo de las sombras en la arquitectura japonesa. Pero hay mucho más, Tanizaki menciona detalles como el espacio vacío, la opacidad, el paso del tiempo o la penumbra, detalles que a nosotros nos pasarían desapercibidos o no consideraríamos en absoluto como algo positivo. En este ensayo el autor no habla tan solo de preferencias estéticas, sino que habla de la historia y la evolución estética de una cultura. Tanizaki escribe desde la admiración hacia su cultura a la que se siente enormemente apegado pero por la que siente miedo, pues siente que se está extinguiendo, sepultada por el progreso tecnológico que proviene de Occidente. Todo esto converge y cristaliza de tal forma que hoy en día sigue teniendo sentido, claro y directo para un lector contemporáneo.

Tanizaki se cuestiona  “¿Por qué será que solo los orientales tenemos una marcada tendencia a buscar, de esta manera, la belleza dentro de la oscuridad?” La oscuridad de Tanizaki no es la falta de luz, sino un vacío, la nada. Todo lo contrario al horror vacui de Occidente, Tanizaki elucubra sobre la tradición japonesa (derivada probablemente del filósofo chino Lao Tse) de evitar la decoración y otorgar protagonismo a la contención e incluso a la desnudez. El propio autor no puede dejar de sorprenderse ante la incapacidad de los occidentales de comprender el concepto de “oscuridad” como elemento intrínseco. Según el autor, el Occidental no ve nada, para él hay una falta de “algo”. En cambio para un japonés lo importante son las sombras, la tenue luz y la penumbra. Es la oscuridad lo que revela la verdadera belleza. La sombra otorga la posibilidad a un mundo de ensueño y de incerteza, es ese mundo que no está ni aquí ni allí, sino que está en un entremundo extraño, sin límites.

“¿Nunca han tenido ustedes la sensación, al entrar en una de estas salas, que la luz que las baña no es una luz normal, de que produce un sosiego y una estabilidad muy especiales? ¿No han sentido una suerte de temor ante la «eternidad» en ese espacio en el que uno se olvida del paso del tiempo, y los meses y los años podrían estar sucediéndose inadvertidamente hasta que, a la salida, nos veamos convertidos en ancianos de canos cabellos?”

Pero no es solo la sombra lo que predomina en la estética japonesa de Tanizaki. El paso del tiempo es un elemento esencial y que va de la mano de la oscuridad. La huella del uso y el tiempo en las cosas los dota de belleza. No es el hecho de que un objeto cuanto más sucio más bello será, sino que estos objetos están repletos de memoria, por ejemplo, en una habitación, o de la repetición para un utensilio cotidiano. El paso del tiempo en los objetos otorga un sentido a la vida propia y al ahora. Por ello los objetos con imperfecciones debido al uso y al paso del tiempo tienen una carga de belleza mucho más intensa que lo nuevo, brillante y reluciente. Por ello Tanizaki reniega de los materiales que brillan de forma perenne, pues rechazan esta pátina de uso y del paso del tiempo. El autor cita el ejemplo de las baldosas utilizadas en lavabos y cocinas, que, aunque higiénicas, son antiestéticas pues por mucho que pase el tiempo, nunca pierden el lustre ni se vuelven opacas. En definitiva, la estética japonesa acepta y admira la condición de la propia existencia.

“¿Cuál será el origen de esta diferencia en nuestros respectivos gustos? Yo pienso que nosotros los orientales tratamos de hallar satisfacción en las situaciones que nos han sido dadas y tendemos a conformarnos con nuestra situación. Ante la oscuridad no mostramos descontento, nos plegamos a ella como a algo irremediable.”

El elogio de la sombra llega de manos de Satori Ediciones traducido por primera vez del japonés por F. Javier de Esteban Baquedano, todo un logro pues Tanizaki hasta ahora había sido un autor muy maltratado en nuestro país; tener una edición cuidada y pulida. Es en esta pulcritud en la que se mueve Satori con sus ediciones, encuadernando en tapa dura, con un marcapáginas de seda, letras doradas y un grosor y calidad de papel poco usual en el mundo editorial. Además la obra tiene un prólogo escrito por Yayoi Kawamura y un epílogo del mismo traductor. Una edición de coleccionista de la que estamos gratamente impresionados.

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