Los crímenes del jorobado, de Edogawa Rampo

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La palabra folletín proviene del francés feuilleon, diminutivo de feuillet, hoja, página de un libro. Esta página, esta hoja, era la que marcaba los ritmos de las narraciones folletinescas que se hicieron tremendamente populares en el Romanticismo francés. Algunos de los grandes autores de la literatura no habrían logrado la fama si no fuese por la publicación por entregas de sus obras, que hacían que los lectores semana tras semana ansiasen una entrega más de historias como Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo de Alexandre Dumas. Estas entregas semanales aportaban un ritmo y unas características muy marcadas a estas narraciones, haciendo que la acción fuese desenfrenada, la intriga muy acusada, que se introdujeran elementos sobrenaturales y que a veces no hubiese un gran desarrollo de los personajes por falta de espacio para ello. Pero funcionaban.

Otra cosa es cuando esas páginas sueltas de periódico las juntas y las quieres convertir en una novela uniforme y coherente. Por ello, la editorial Quaterni nos avisa en la Introducción que esta obra no fue concebida como un todo, sino como una obra por entregas publicada entre los años 1929 y 1930 en el periódico Asahi Shimbun y que por ello estaba plagada de repeticiones y explicaciones recurrentes para que el lector semanal no se perdiese de uno a otro capítulo. Quaterni ha tomado la determinación de aportarle más coherencia al texto y ha suprimido parte de esas repeticiones y esas aclaraciones. También se nos avisa del tono del libro, en algunos puntos excesivamente paternalista, debido a que el texto estaba orientado a un público poco acostumbrado aún a la novela de intriga.

Minoura es el protagonista de este relato contado en primera persona. Nos narrará lo acontecido en dos meses que cambiaron por completo su vida y tiñeron su pelo de color blanco a causa del terror. Al inicio de esos dos meses, Minoura era un simple oficinista en S.K. Allí conoció a una joven que se convertiría en su primer amor, Kisaki Hatsuyo. Comenzaron a quedar fuera del trabajo, a pasear por el parque y a ir un poco más allá en su relación. Hasta el punto que decidieron que querían casarse. La familia de Hatsuyo se negó desde el primer momento, tanto que incluso trataron de buscarle otro pretendiente. El candidato que parecía tener más puntos para convertirse en esposo de Hatsuyo era Moroto, un antiguo amigo de Minoura. Pero Moroto no había sido un simple amigo: había estado, y aparentemente aún lo estaba, totalmente enamorado de Minoura.

Cuando todo parece que va a torcerse y que Hatsuyo tendrá que casarse finalmente con Moroto, Hatsuyo aparece asesinada en su habitación. Todo un misterio de habitación cerrada con puertas y ventanas selladas y sin posibilidad de que nadie hubiese entrado o salido de la estancia. Con el corazón desgarrado, Minoura comenzará a investigar por su cuenta para tratar de esclarecer el asesinato y para ello contará con la ayuda de su amigo el detective Miyamagi Kôkichi. El caso terminará por retorcerse por completo cuando Miyamagi también aparezca asesinado y Minoura se sienta solo y sin nadie a quien recurrir. Afortunadamente, se ofrecerá a ayudarle su admirador Moroto.

La novela no se quedará tan solo en la resolución de este caso. Para dar con el asesino de Hatsuyo y de Miyamagi deberán escarbar en el pasado de Hatsuyo, abandonada por sus padres y adoptada de niña por otra familia. Ahí parece residir la clave del caso y deberán realizar una serie de elucubraciones sobre cómo el asesino pudo entrar en la habitación de Hatsuyo que les conducirá al terrorífico mundo del circo. Sí, terrorífico. En esos años los circos no contaban tanto con payasos y animales exóticos como con personas con algún tipo de deformidad tales como los hermanos siameses o los enanos. Las relaciones familiares jugarán un papel fundamental en esta historia desvelando secretos que llevaban demasiado tiempo tapados.

Los crímenes del jorobado es una historia terrible y extraña. Tiene dosis de intriga, de terror, de drama y de aventuras. Es exageradamente enrevesada, introduce excesivos giros de guión y situaciones por completo inverosímiles, hasta el punto de resultar hasta divertida esa falta de planificación. Es probable que me equivoque, pero tiene todo el aspecto de haber surgido sobre la marcha, capítulo a capítulo. Pero sin embargo abarca temas que habrían hecho imposible su traducción en nuestro país en aquel momento. La abierta homosexualidad de uno de los protagonistas y la normalidad con la que se trata el tema sorprenden todavía hoy en día. Es muy moderna en algunos puntos, pero peca de infantil en otros.

A pesar de todo esto considero que es un libro de lo más interesante. Edogawa Rampo era un gran conocedor de la literatura occidental de misterio y hace alarde de ello en la narración. Introduce un montón de referencias a su adorado Edgar Allan Poe, a Arthur Conan Doyle, a Gaston Leroux… (Por si alguien no conoce el dato, Edogawa Rampo es un pseudónimo basado en la pronunciación japonesa de Edgar Allan Poe. Hasta ese punto llegaba su fascinación por el autor americano.) No nos engañemos, las primeras novelas de misterio occidentales también pecaban de ingenuas y de excesivamente enrevesadas, con personajes en los que ocasiones era muy difícil de empatizar (que levante la mano aquel a quien le caiga bien Philo Vance de S.S. Van Dine). Los inicios nunca fueron fáciles, pero han sido necesarios para sentar las bases lo que ha venido después. Los crímenes del jorobado es una de las primeras aportaciones al género de intriga japonés y como tal supone una de esas historias que todo amante de la novela japonesa y de misterio debería leer.

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