Nuestra hermana pequeña, de Hirokazu Koreeda

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Desde el 23 de marzo que podemos disfrutar de Nuestra hermana pequeña (是枝 裕和), el nuevo film de Koreeda. Este director no nos es nada desconocido después de haber disfrutado de su anterior película “De tal padre, tal hijo” y que ahora nos traslada a una Kamakura llena de poesía, belleza y cotidianidad durante las dos horas que dura el film. Una película protagonizada por cuatro hermanas, interpretadas por Ayase Haruka, Nagasawa Masami, Hirose Suzu y Kaho.

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Sachi, Yoshino y Chika son tres hermanas que han aprendido a vivir solas, pues su padre las abandonó cuando eran aún muy pequeñas. Por eso cuando reciben la llamada anunciando que éste ha muerto, ninguna de ellas muestra especial pesar: el hombre que se encuentran en el velatorio les es totalmente desconocido. En el entierro conocen a Suzu Asano, la cuarta hija que tuvo su padre con otra mujer. Aunque tienen poco tiempo para conocerse, tanto Suzu como las tres hermanas parecen compartir una conexión inmediata y en un impulso, Sachi le pide que se vaya a vivir con ellas a Kamakura.

Koreeda nos muestra una historia sencilla, común, una historia que podría ser la de cualquiera de los espectadores. Con el uso de escenas totalmente cotidianas, nos cuenta el día a día de cuatro hermanas que están aprendiendo a convivir juntas y lo hace de tal manera que da la sensación de estar viendo una ventana al mundo real, a una historia real. Contemplamos constantemente momentos que comparten las hermanas tales como comer y cocinar, rezar en el altar familiar o pintarse las uñas por primera vez. Quiero remarcar las comidas, pues estas tienen especial importancia: Koreeda muestra a las hermanas compartir momentos alrededor de la mesa en muchas escenas a lo largo del film. La comida tradicional japonesa y su elaboración están muy presentes. Esto hace que la película transmita mucha ternura y un aire tranquilo y pausado, lo que también puede ser su hándicap, ya que el ritmo es algo lento y los conflictos que sufren las hermanas se ahondan de forma muy superficial, dando más importancia al entorno y a la vida familiar.

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Y aunque la relación de las hermanas es la verdadera protagonista de esta película, también lo es la madurez y la pérdida de la inocencia antes de hora. Estos dos temas que se ven reflejados muy bien en el film, pero que Koreeda no expone directamente, sino que deja que los personajes hablen de él por si solos. Suzu ha perdido a su padre y ha tenido que enfrentarse a ello sola, sin tener tiempo a crecer y las tres hermanas (sobretodo Sachi) intentan de alguna forma proteger esa inocencia de la cuarta hermana. La película está plagada de un simbolismo tenue, de una sabiduría escondida detrás de la alegría de las pequeñas cosas.

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La ciudad de Kamakura tiene especial interés en esta película y Koreeda le da muchísima importancia a la ambientación. Así, con una fotografía preciosa y muy bien lograda, el film nos muestra una ciudad rodeada de mar, árboles y naturaleza, de negocios pequeños y casas grandes y antiguas. El director muestra el paso del tiempo a través de las estaciones y de esta forma las actividades de las hermanas van cambiando según avanza el año. Los fuegos artificiales con las cuatro hermanas, la recolecta de ciruelas para hacer licor casero o el paseo de los cerezos en flor… La naturaleza se vuelve cercana a la vida de las cuatro hermanas.

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