El extraño caso de la Isla Panorama, de Edogawa Rampo

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Es sabido desde nuestro lado del planeta que la cultura japonesa comenzó a fascinarnos a partir de los tratados comerciales que se firmaron en 1854 con Estados Unidos y Europa, que ocasionaron la llegada de objetos de arte y artesanía de Japón a occidente. Pero quizá en 1867 con la participación de Japón en la Exposición Universal de París fue cuando se produjo la verdadera explosión en los países de poniente, hasta el punto de influir de una manera decisiva en el desarrollo de algunas corrientes como sucedió con el Arte Impresionista. Buena muestra de ello fue la fascinación de los artistas por el concepto y la estética del arte nipón hasta el límite de que el mismísimo Monet se hiciese construir un jardín japonés en Giverny (Normandía) para crear sus series de nenúfares.

Lo que a menudo no pensamos es en el otro lado del espejo: la influencia que la cultura y el arte occidental tuvieron en Japón. Como ya os hablaba en Los crímenes del jorobado, Edogawa Rampo fue un verdadero amante de la cultura y la literatura occidental, adoptando los cánones de la novela de misterio europea y norteamericana, y logrando una peculiar simbiosis entre el terror de Edgar Allan Poe y la intriga de Arthur Conan Doyle.

Si traigo a colación el tema del jardín japonés es porque tiene mucho que ver en la novela El extraño caso de la Isla Panorama que acaba de publicar la Editorial Satori. La historia que construye Rampo en esta obra está claramente influida por dos relatos de Poe que el propio autor cita en la obra: El dominio de Arnheim y El entierro prematuro. Dos relatos completamente diferentes pero que sirven como punto de apoyo al autor en la construcción de esta locura que es la Isla Panorama.

Hirosuke Hitomi lleva una vida mediocre y falta de emoción. Es un escritor corriente que vive obsesionado con la construcción de un lugar absolutamente utópico y fuera de toda lógica que no deja de dibujar y planificar en su mente. Un buen día descubre casi por casualidad que un antiguo compañero de universidad que amasaba una importante fortuna acaba de fallecer. Y casualidad tras casualidad, Hirosuke y el fallecido poseían una similitud física que rallaba lo enigmático. Tanta como para parecer gemelos. E Hirosuke no puede evitar ver en todo esto la oportunidad de su vida. Es en este punto donde El entierro prematuro de Poe coge las riendas de la historia, dando paso a un pasaje de lo más truculento y desagradable. Rampo conoce las artes de la intriga y nos mantiene en vilo y con la respiración contenida durante un buen rato.

Esta escena le llevará páginas después al objetivo de la novela: un texto alegórico y emblemático con toda una descripción pormenorizada de los elementos que debe poseer ese lugar utópico que tratará de hacer realidad. Bosques de cedros centenarios que cubran el cielo, senderos sinuosos, camelias arbóreas de tres metros de alto, llanuras que se estrechen creando trampantojos. Toda una serie de herramientas y mecanismos para engañar a la vista y crear escenarios imposibles en los que perderse. Al modo de los laberintos creados en los jardines occidentales, Rampo inventa un escenario onírico en el que su personaje trata de lograr la felicidad absoluta. Esta búsqueda de la naturaleza en estado puro en occidente venía alimentada por la contaminación con que la Revolución Industrial estaba inundando las ciudades, y no fueron pocos los que soñaban con esa búsqueda de la belleza pura y original en los bosques y paisajes, aunque fuesen creados de forma artificial por el hombre.

Aunque quizá, como ocurre en el relato de Poe, la descripción de cada uno de los rincones de este paisaje puede resultar un tanto pesada, merece la pena mantenerse a la espera y llegar hasta la solución final. En cualquier caso, Rampo sabe que debe dar algún que otro golpe de efecto intercalado entre tanto paisaje y logra un buen equilibro manteniendo viva la parte de intriga de la historia.

En cualquier caso, es una magnífica noticia que se esté recuperando y traduciendo la obra de Rampo en nuestro país, ya que es el equivalente a que no pudiésemos leer las aventuras de Sherlock Holmes en castellano. Rampo logra en sus historias una armonía perfecta entre terror, sucesos extraordinarios, misterio y acción. Es uno de esos autores que lograron un equilibrio entre géneros introduciendo sin problema elementos fantásticos en sus novelas de misterio. Y como buen heredero de Poe y la estética romántica, en sus obras también es habitual la presencia de fenómenos genéticos tales como siameses, enanos, gemelos o seres con algún tipo de malformación.

Como podéis imaginar tanta descripción en un libro es perfecta para su adaptación al manga, y entre 2007 y 2008 el dibujante Suehiro Maruo realizó un extraordinario trabajo llevando a imágenes esta novela en el Monthly Comic Beam. De hecho, las imágenes de la portada y la contra están extraídas de este manga, que en nuestro país está editado por Glénat.

No puedo dejar escapar la oportunidad de destacar el magnífico Epílogo de Jesús Palacios que nos ayuda a conocer más al autor y su obra, y que Satori ha tenido la inteligencia de colocar al final del libro en lugar de como Prólogo inicial, para no desvelar nada relevante de la trama al lector.

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