Vita Sexualis, de Mori Ôgai

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Todos tenemos esos autores reconocidos por la crítica que por mucho que lo intentemos, simplemente no llegamos a conectar con sus obras. Es mi caso con Mori Ôgai. Aunque sí que hay relatos como La bailarina que me encantan, en general no conecto con el estilo de este autor y sus obras suelen aburrirme. Esto no quita que reconozca y entienda los elementos que conlleva la propia obra y esta reseña se va a centrar más en estos y en valorarlos que en mi experiencia subjetiva con la lectura. En este caso vamos a tratar la edición catalana de Vita Sexualis, de Mori Ôgai (Adesiara, 2015).

Vita Sexualis es una obra que se publicó originalmente en 1909 y que se censuró y se prohibió tres semanas después de su estreno. Es algo curioso, pues una vez terminada su lectura vemos que la novela no va sobre sexo explícitamente, sino sobre la curiosidad y el descubrimiento del mismo. Es quizá este “insinuar” y esta crítica velada al tabú, lo que provocó su censura. Si habéis leído El ganso salvaje, del mismo autor, encontraréis una estructura muy parecida y que destaca en cuanto al estilo de Ôgai. Una prosa parca y limpia de aderezos y que se centra más en hechos (históricos) y escenas que en una narrativa fluida. La novela se inicia con el filósofo Shizuka Kanai y cada capítulo, contado en tercera persona, nos cuenta una edad en concreto de este personaje, empezando a los seis años. Se trata de capítulos cortos con escenas muy potentes y una narrativa como he comentado antes, directa y a menudo incluso dura.

A la obra no le faltan momentos de humor, como cuando el protagonista a los diez años se pone a observar dibujos eróticos:

“Mentre observava aquelles il·lustracions una vegada i una altra, em va assaltar un dubte. Hi havia una part de l’anatomia que estaba dibuixada molt més grossa del compte. No era estrany que, de més petit, hagués pres per una cama allò que en realitat era una altra cosa.”

Como podemos observar en este fragmento, Ôgai no menciona directamente ninguna parte sexual del cuerpo, quizá por la censura o quizá por la coherencia del propio texto. Aún así, el humor del texto es incomparable con obras contemporáneas del autor como las de Sôseki. Lo extraño quizá del texto es el desinterés del propio narrador por el tema que trata, y esto consigue que el texto sea frío, calculador o quizá demasiado analítico.

En definitiva, una obra extraña, rara y poco usual. Un relato que considero necesario leer, sobre todo para comprender aspectos de la sociedad japonesa de la época de Mori Ôgai. Quizá narrativamente no es especialmente placentero de leer, pero creo que es entretenido, curioso y una pieza rara avis. Cabe destacar que la calidad de la edición de Adesiara es excelente, con una traducción muy competente del japonés de Albert Nolla. La cubierta viene con un Shunga (Ukiyo e eróticos) de Kitagawa Utamaro. La edición en rústica es pequeña y manejable, con una calidad de papel estupenda y agradable al tacto y una tipografía cómoda para la lectura. Adesiara presenta una magnífica obra que sufrió de la censura y que ahora se puede leer en catalán traducido directamente del japonés, algo inusual y desgraciadamente escaso.

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