El niño y la bestia, de Mamoru Hosoda

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Esta pasada primavera llegaba a nuestros cines Bakemono no ko o El niño y la bestia, como lo titularon en España, la última película del director Mamoru Hosoda, conocido por otras películas como la maravillosa “Wolf children” o “La chica que saltaba a través del tiempo”. Un director que se ha ganado el aprecio del público y que ha cosechado muy buenas críticas con esta nueva película que, para mi gusto, no ha estado a la altura de sus predecesoras.

Ren se descubre solo en el mundo después de la muerte de su madre y la marcha de su padre. Lleno de odio hacia el mundo y hacia su situación, vaga por las calles de Tokio hasta que se topa con dos extraños individuos que esconden, bajo sus capuchas, rostros animales. Ren decide seguirlos y así acaba en Jutengai, el mundo de las bestias, donde acabará siendo el discípulo de Kumatetsu, uno de los candidatos para suceder al actual Gran Maestro. Se enfrenta en esta sucesión a Iôzen, el candidato más querido por el pueblo, que parece ser su antítesis: un hombre recto, noble y con gran habilidad para las artes marciales.

La base central de esta película es la relación que tienen Kumatetsu y Ren (al que Kumatetsu nombra Kyuta), una relación que se aleja de los clichés de maestro – alumno en el que el primero enseña todo lo que sabe al segundo y que se basa más en la retroalimentación de ambos. El crecimiento personal que vemos en Ren es un crecimiento paralelo al que sufre Kumatetsu y esa relación de feedback es la estrella de la película. A través de la primera hora de film, los lazos entre estos dos personajes se hacen más fuertes y asistimos al crecimiento personal de ambos, a la idea de la familia, tanto la sanguínea como la adoptada.

Sin embargo, a partir de la segunda parte, la película coge un rumbo inesperado y aparece otro camino ante Ren, el de la vida normalizada en el mundo humano, con una familia, unos amigos y un futuro. Esta rotura de la trama se hace menos agradecida y el cambio total de registro (un cambio que se acerca quizá a sus otras películas) hacen que la segunda hora sea más cuesta arriba. Pese a todo, el final es, con todo su clímax, el que más se ve afectado por este cambio.

A nivel audiovisual, la película es una obra maestra con todos sus elementos cuidados. Una buena banda sonora, que transmite mucha fuerza a las imágenes, y el dibujo característico de este director, con una definición muy clara y unos colores vivaces que pegan muy bien con la película. La caracterización de los personajes es lo más interesante y lo que aporta más vida al film, sobre todo para los habitantes de Jutengai.

En conclusión, Bakemono no ko quizá no llega a la altura de otras películas del director como Wolf Children, al menos a la hora de transmitir emociones, pero pese a algunos de sus errores, funciona muy bien como película tanto visualmente como en su historia. El punto fuerte de la película y el que más remarcado está es la relación entre los personajes y solo por eso, esta película ya merece la pena su visualización.

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3 comentarios

  1. No he visto (aún) Wolf Children, pero «La chica que saltaba a través del tiempo» me encantó. Esta está bien, pero no al mismo nivel. A mí el cambio al comienzo de la segunda parte me descolocó, pero al tiempo me gustó. Le da un registro más a Rem que ayuda a explicar el final, pero al mismo tiempo para que se ha quedado a medio desarrollar, no termina de encajar bien.
    A ver cuándo saco algo de tiempo y me pongo con Wolf Children.
    Saludos

    • Wolf Children no solo es mi película preferida de Hosoda, es mi película preferida de animación. Sinceramente, no la recomiendo lo suficiente. Sí es verdad que la transición entre la primera y la segunda parte descoloca un poco al principio y el final no acaba de encajar bien. Es como si a Hosoda le faltara tiempo para explicar lo que quiere explicar. Sea como sea, creo que la película no solo se aguanta bien, sino que la primera parte es tan maravillosa que compensa los fallos de la segunda parte.
      ¡Un saludo!

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