La bailarina, de Ōgai Mori

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Creo que si nombro a Natsume Sôseki como autor de renombre del período Meiji a todos os resulta conocido. Sin embargo Ōgai Mori, que alcanzó casi tanta reputación como Soseki, apenas es conocido en nuestro país. Los dos son los estandartes de ese momento histórico en que Japón se abrió a occidente y se dejaron empapar por las costumbres y la forma de vida de este lado del planeta. Ambos recibieron una educación clásica, pero a la vez ambos sintieron una profunda curiosidad por todo aquello que les llegaba de fuera. Mientras que Sôseki dirigió su mirada a Inglaterra, Ôgai Mori lo hizo a Alemania. Hasta el punto de que nada más licenciarse en medicina a los 19 años consiguió una beca para estudiar en dicho país. El uno y el otro fueron en este aspecto un modelo para los jóvenes de la época que sentían una gran curiosidad por lo occidental, al igual que nos sucede a nosotros con lo oriental.

Todo esto viene como introducción al relato publicado en 1890 La bailarina de Ōgai Mori que podemos leer en castellano gracias a la publicación por parte de Impedimenta y a la traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. En esta breve historia se narra la llegada a Alemania de un estudiante de derecho de origen japonés, Ota Toyotaro. Nada más llegar a Berlín la ciudad le enamora. Se encuentra en una de las capitales más brillantes de Europa, con sus enormes avenidas y sus carruajes deslizándose sobre las calles asfaltadas. Y la bienvenida por parte de los oficiales prusianos fue también calurosa y atenta. Un sueño.

Los tres primeros años Toyotaro se los pasa en una especie de ensueño, tanto por todo lo que descubre del país como por la educación recibida. Quizá esa forma de ver la vida de manera tan idealizada fue la que dio la excusa a sus compañeros para convertirle en el centro de sus burlas. Por ello Toyotaro es una persona feliz pero solitaria. Y tal vez debido a esa soledad no duda en acercarse a socorrer a una joven, Elise, que se encuentra sollozando una tarde en la puerta de una iglesia. La muchacha es extraordinariamente joven y bella, con su cabello dorado y sus deslumbrantes ojos azules. Ante tamaña desolación, Toyotaro no puede hacer otra cosa que lo posible por ayudarla, y este socorro proporcionado poco después se convertirá en amor.

Elise es la bailarina que da título a esta breve pero desgarradora historia. En ella Ōgai Mori pondrá al lector en la misma tesitura que a su protagonista, haciéndole partícipe de sus decisiones y obligándole a posicionarse con lo que sucederá más adelante. La bailarina es una historia de amor, pero sobre todo es la narración de cómo en ocasiones debemos debatirnos entre lo que deseamos y lo que sabemos a ciencia cierta que es mejor para nosotros.

Quizá lo que hace esta obra tan especial es lo cercana que resulta debido al profundo conocimiento del autor de la forma de actuar y de pensar de los europeos. Ambientar el relato en Berlín y enumerar situaciones y objetos que para nosotros son cotidianos debió ser de un gran exotismo en Japón, logrando al mismo tiempo una historia más comprensible para nosotros.

Debido a la corta extensión de esta narración, Impedimenta ha aprovechado para aportar una magnífica introducción que ayude al profano a acercarse con unos conocimientos previos a la obra: una biografía que invita a buscar más obras del autor y una ambientación histórica para comprender el impacto de esta historia tan occidentalizada en su país de publicación. Un pequeño capricho para lucir en nuestras estanterías.

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