La historia de un ciego, de Junichirô Tanizaki

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La historia de un ciego (Satori, 2016) es de esas novelas que cierran un circulo de creciente admiración con un autor. Junichirō Tanizaki como ya hemos expresado con las lecturas de Shunkin (Satori, 2016), El elogio de la sombra (Satori, 2016), o El club de los gourments (Gallo Nero, 2016) es un escritor magnífico, cuyas historias se quedan impregnadas en la memoria del lector. Sus diferentes facetas se pueden entender leyendo las publicaciones que Satori ha sacado este año. La vertiente más ensayista, con El elogio de la sombra, su lado más tenebroso y macabro con Shunkin, y La vida enmascarada del señor de Musashi, y su lado más histórico y épico con La historia de un ciego (Momoku monogatari, 盲目物語,1931). Pero incluso el relato histórico, o incluso la épica, necesitan un momento íntimo, un enfoque cercano, un primer plano de momentos que quizá no necesiten ser cruciales para ser importantes para la historia.

Yaichi es un masajista y músico ciego que entra al servicio de Okichi, esposa del señor Nakasama y sus tres hijas, personajes históricos reales y miembros de la nobleza “feudal” japonesa. Su profesión de masajista le abrirá una puerta a menudo cerrada para el resto de hombres a un mundo femenino, injustamente obviado a lo largo de la historia. Yaichi adoptará la figura de confesor, a la vez que se vuelve un admirador de Okichi. La figura de masajista se convierte entonces en el vehículo perfecto para que Tanizaki nos introduzca en el mundo de las mujeres japonesas durante la era de los samuráis. Esas mujeres que fueron personajes históricos pero que han quedado relegados a la sombra de los grandes hombres que había junto a ellas. La historia de un ciego adopta incluso un carácter tierno y conmovedor cuando Tanizaki nos muestra la relación de Yaichi con los niños de palacio, y cómo estos se desenvuelven en el lugar. Como ya había comentado en la reseña de Shunkin, el papel de la mujer en la historia del Japón de los samuráis, está continuamente menospreciado por la mayoría de historiadores. Son personajes que por tradición se silencian y acaban olvidados. Tanizaki se preocupa de darles voz, de dar a estos personajes relegados al papel de secundarios en la sombra, el lugar principal que les corresponde.

La historia de un ciego, publicada en 1931,  es un relato escrito durante el segundo período de Tanizaki, en el cual se mudó a vivir a la región de Kansai después del Gran Terremoto de Kanto y de su rechazo a la conversión a occidente (manifiesto que podemos observar en Elogio de la sombra). En este segundo período, Tanizaki se centra en una narrativa más enfocada al historicismo y al tradicionalismo, recuperando los valores pasados japoneses y que él cree que están en plena decadencia y olvido. Por otro lado, Tanizaki vuelve a plasmar algunos de sus temas preferidos, como los ya mencionados personajes femeninos, el erotismo en muchas ocasiones macabro o extraño, aquello sensorial o refinado, las relaciones en la sombra, como las de criados y amos, y en general, una mirada que se podría considerar cruel o cínica. De todas formas, La historia de un ciego, pese a ser un relato histórico, no se centra tanto en maquinaciones bélicas y políticas, sino en la percepción que tienen sus personajes de estos hechos en pasado y presente. Cómo se vivían estos cambios vitales entre señores feudales desde dentro de los castillos, en la sombra. Para finalizar, y para el lector más curioso sobre la historia, en este relato se trata el período Sengoku (1467-1568) y retrata a los personajes como la Dama Oichi (1547-1588) y la de sus hijas. Oichi era la hermana de Oda Nobunaga, y estaba casada con Azai Nagamasa. La historia de un ciego es una novela magnífica que gustará tanto a los adictos de la literatura japonesa más refinada y lírica, como a los que busquen un relato histórico sin ser demasiado cargante o excesivo en información. Una novela sobre la feminidad, sobre la sombra, y sobre los sentidos.

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