La pandilla de Asakusa, de Yasunari Kawabata

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La pandilla de Asakusa, de Yasunari Kawabata no es una novela al uso. Me explico: el lector que llegue a esta novela no debe buscar los engranajes comunes a los que está acostumbrado en una novela. La pandilla de Asakusa (Seix Barral, 2014) no tiene una trama central con unos personajes protagonistas que se desarrolle en el barrio que da título a la novela. Kawabata hace gala de su faceta más experimental para construir una novela cosida a retazos, fragmentos inconexos que surgen y desaparecen. Quizá la manera más precisa de definirla sería hacer un paralelismo con el impresionismo occidental. Y de hecho, Kawabata se inspiró en este movimiento artístico para dar forma a su cuadro de pinceladas japonesas. Así pues, tendremos capítulos dedicados al Gran Terremoto de Kanto, teatros, parques, sonidos, personas curiosas… Da la sensación de ser la novela escrita por un ojo observador de las calles del barrio de Asakusa. Alguien que se ha sentado a ver la gente pasar, apuntando todo aquello que ha llamado la atención, sin preocuparse de darle una conexión. Un cuaderno de apuntes sin trama, sin estructura narrativa. El narrador, que podríamos interpretar como el propio Kawabata, es un mero notario de los eventos que se van sucediendo. No llegamos a conocer nada de él (o ella). Tampoco nos podremos agarrar a ninguna pandilla. Es decir, Kawabata en esta novela no nos ofrece un barco para surcar sus páginas, sino varios botes que se unen por finas tablas por las que debemos ir pasando.

Esta obra no tiene ni un solo cliché, de la cultura japonesa. No encontraremos esos mitos o arquetipos que el lector occidental busca en la obra de Murakami, o en la de Mishima, o incluso me atrevería a decir que ni en la del propio Kawabata. No existe esa “delicadeza” surgida de una tradición narrativa milenaria. Kawabata hace un retrato del barrio de Asakusa de los años 20. Teatros, cabarets, restaurantes, parques repletos de mendigos. El retrato del barro que hace Kawabata es muy diferente a lo que un occidental (y seguramente un japonés) tiene en la cabeza, y la aparente inconexa manera de narrarlo, creo que le confieren ese carácter único a la obra que precisamente refleja una época convulsa, de retazos, de cambio. Por desgracia, y esto creo que necesario mencionarlo, la traducción de Mariano Dupont es del inglés. Me hubiera gustado que una obra tan curiosa como esta hubiera sido traducida directamente del japonés. Por otro lado contiene un texto de Donald Richie a modo de epílogo y un prefacio que ayudan a la comprensión del texto. La pandilla de Asakusa es una obra experimental, extraña. No creo haber entendido la totalidad de la obra, Kawabata no es de mis autores más leídos, pero hay que reconocerle un gran atractivo.

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