Rampo. La mirada perversa, de Edogawa Rampo.

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Siempre he defendido a ultranza que el relato es uno de los mejores soportes en los que demostrar la valía de un gran contador de ficciones. Es cierto que se tiene la ventaja de no tener demasiado margen para estropear la trama, pero también es cierto que es muy complicado construir una historia y una ambientación en muy pocas páginas. En un relato el arranque, nudo y desenlace se convierten en un todo y debes saber aprovechar bien el espacio para alcanzar un clímax creíble y que atrape al lector. Pues bien, Edogawa Rampo era un genio en este formato.

Con Rampo. La mirada perversa, Satori nos regala con esta obra un compendio de sabiduría acerca de Rampo. Por un lado, la magnífica selección de narraciones cortas que contiene este volumen, 6 en total. Por otro, una serie de datos y de información sobre el autor que nos ayudan a comprender un poco mejor su prosa, por qué escribía cómo lo hizo y el porqué de los temas que escogió.

Como bien nos explica su traductor Daniel Aguilar en el maravilloso apéndice que corona este volumen, el estilo de Rampo es el ero-gro, o lo que viene a ser lo mismo, erótico-grotesco. La influencia del norteamericano Edgar Allan Poe en muchos de los hilos argumentales y en el estilo del autor es muy evidente. La llegada de una avalancha de información de tierras occidentales a Japón en aquellos años influyó en muchas de las materias escogidas por el autor: surrealismo, expresionismo, teorías del psicoanálisis, desviaciones sexuales, patologías mentales…

Basándose en este tipo de aspectos, Satori y Daniel Aguilar han seleccionado seis de sus narraciones más representativos y originales. Aunque algunos ya estaban traducidos al castellano en ediciones anteriores, ahora los encontramos directamente del japonés y a través de la comparación de diferentes ediciones japonesas para contrastar contenidos y comprobar que los textos de este libro se ciñen lo máximo posible a la obra original.

Estos son los seleccionados para este tomo:

El que pasea por el revés del techo (Yaneura no sanposha, 屋根裏の散歩者. 1925). Creo que la colocación de este cuento como el primero es una magnífica idea. Un extraño hombre planea la muerte de uno de sus vecinos tratando de lograr con ello el crimen perfecto. El título del relato nos da una buena pista de qué método tratará de emplear para lograrlo. Quizá el más claramente de misterio de todos ellos.

Pulgarcito baila (Odoru Issunboshi, 踊る一寸法師. 1926). El terror y las barracas de feria inundan este texto en el que se invita a un enano a realizar un complicado truco de magia en el que debe introducir catorce katanas en una caja con una hermosa muchacha en su interior. El final es sencillamente brillante.

El infierno de los espejos (Kagami jigoku, 鏡地獄. 1926). A Rampo le fascinaban las linternas mágicas, las lupas, los caleidoscopios y todo tipo de espejos y prismas que deformaban la realidad hasta confundir al espectador. En esta aventura lleva esa atracción a su máxima expresión a través de un protagonista obsesionado con estos objetos, llegando a construir una habitación revestida por completo de espejos e incluso un objeto muy especial que jugará un papel fundamental en la historia.

Un amor inhumano (Hitodenashi no koi, 人でなしの恋. 1926). Otro de los temas que parecían obnubilar a Rampo era el desarrollo de especiales e incluso retorcidas preferencias sexuales. Nuestra narradora vivirá en primera persona cómo su marido se recluye en el segundo piso de adobe del almacén (kura) aparentemente para reflexionar. Pero su esposa descubrirá que tiene una extraña amante allí escondida.

La oruga (Imomushi, 芋虫. 1929). El más conocido y traducido de sus cuentos. Y a la vez el más difícil de obtener íntegro debido a que fue censurado en más de una ocasión. En el apéndice Daniel Aguilar nos informa que ha tratado de presentar la versión más larga de todas las encontradas. El teniente Sunaga lleva una vida de reclusión y hermetismo debido a las lesiones sufridas en la guerra. Su esposa será la encargada de cuidar de él y de hacerle la vida más soportable, pero vivir encerrado nunca es fácil para nadie, menos aún si dependes de los demás para todo. Un relato pérfido, retorcido y muy explícito.

El hombre que viaja con un cuadro en relieve (Oshi-e to tabi suru otoko, 押絵と旅する男. 1929). Durante un viaje en tren nuestro narrador conocerá a ese hombre que viaja con un cuadro en relieve y que contiene una extraña y apasionante historia detrás. De nuevo, Rampo recurre a perversas preferencias sexuales, y al mundo de la magia y el espectáculo.

El estilo de Rampo es sencillo y directo. La comunicación con el lector con el que habla a lo largo de las narraciones ayudan a proporcionar credibilidad a todo lo que nos cuenta, como si fuese un amigo quien nos estuviese contando todas esas historias. A pesar de que los escenarios y los personajes son orientales es cierto que su obra está muy influida por las corrientes occidentales de su tiempo. De este modo logra que los inexpertos lectores en literatura japonesa encuentren su obra en parte extraña por los argumentos pero no tanto por su lenguaje y su manera de narrar.

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