El retorcido mundo, de Junji Ito

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Él me agarra del brazo. Yo trato de huir, pero la tenaza es fuerte. Me mira a los ojos. Su mirada es una espiral donde se enroscan lo macabro, el terror, el miedo. El torbellino de locura me absorbe y entonces me despierto.

Este ha sido un sueño recurrente desde que terminé de leer Uzumaki, una de las obras que más me ha marcado desde que leo manga. A partir de ahí, todo fue una maratón de espirales, cabellos, monstruos decrépitos y demás locuras entintadas en páginas y más páginas.

El maestro de la espiral

Durante el Salón de Manga que se celebra en Barcelona a partir del 29 de octubre, nos visitará Junji Ito (1963), un mangaka (autor de manga) que pasó de la medicina dental a las viñetas de terror. Y lo cierto es que ambos temas están bastante cerca el uno del otro. El pánico a ir al dentista es casi una fobia para mucha gente. Pero no deja de ser sorprendente que alguien cuya profesión es hurgar en las fauces de personas, se convierta, de pronto, en el de hurgar en los miedos de la gente. El manga, tal y como nos llega a Occidente, está rodeado de fanservice, o lo que vendría a ser de otro modo, material para los fans: juegos, peluches, juguetes, merchandising, spinoffs, y todo lo que se os pueda ocurrir. ¿Cómo entonces, un autor de terror, tan diferente al resto, se vuelve tan popular, y encima sin una carrera cultivada desde la adolescencia? Junji Ito dibujaba como hobby, como un entretenimiento más, y fue a partir de aquí que en 198 envió su primer trabajo a la revista de manga Gekkan Halloween: Tomie. Con Tomie (ECC Ediciones, 2016), Junji Ito ganó el premio Kazuo, gracias al cual empezó a publicar más historias protagonizadas por esta misteriosa chica. Serie que duró hasta el 2000. A partir de aquí la historia de este autor se explica con sus publicaciones, en general, en forma de relatos cortos recogidos en tomos recopilatorios, pero con tres obras principales que quiero destacar: Uzumaki, Gyo (ECC Ediciones, 2015)  y Black Paradox (ECC Ediciones, 2016). Además, de Junji Ito podemos encontrar una gran variedad de obras traducidas al castellano: Relatos terroríficos #1, Relatos terroríficos #2, Relatos terroríficos #3, Relatos terroríficos #4, Frankenstein, Fragmentos del mal, Tomie #2, El muerto enfermo de amor, Punzadas de fantasmas, Hellstar Remina, todas ellas en ECC Ediciones, y Voces en la oscuridad y  El diario gatuno de Junji Ito en Tomodomo.

Remolino negro

Uzumaki se serializó entre 1998 y 1999, y aunque el impacto fue menor que el de Tomie, es considerada su obra maestra (consideración en la que me incluyo). Este manga le ha elevado a la categoría de autor de culto, aunque ello no haya conseguido que hasta 2015 y este año, las editoriales de manga decidieran darle el lugar que se merece. En este sentido, celebramos que en tan solo dos años, ECC Ediciones y Tomodomo hayan traído en castellano casi todo el grueso de la obra del nipón. Pero volvamos a Uzumaki. En esta obra podemos identificar todos los tropos con los que juega el autor, su estilo narrativo y de dibujo y sus temas. En Kurouzu (que traducido significa remolino negro) es un pequeño pueblo en una bahía en el cual vive Kirie Goshima, la protagonista del relato. Ella va siendo testigo de manera impotente como en Kurouzu empiezan a suceder cosas inexplicables. Ella tratará de seguir una vida normal, pero la locura que engulle el pueblo acabará siendo inevitable y se convertirá en una huida por salvar la vida.

No, no vamos a ver como un grupo de adolescentes lucha por su vida en contra de una entidad malvada. No, aquí nadie tiene asegurado nada. Bienvenidos a Uzumaki, de Junji Ito. En este manga no hay descanso para el lector. Estructurado en forma de fix-up, es decir, relatos cortos con una historia que vertebra y une al resto, Kirie es testigo de atrocidades que van desde personas que se transforman en caracoles, hasta personas que pierden su humanidad por completo transformándose en cualquier cosa.  Y es que Uzumaki nos muestra la pérdida de la humanidad y de cómo el ser humano, en realidad, es un ser vil y oscuro. De cómo la realidad se desfigura hasta convertirse en algo surrealista, algo en el velo entre la realidad y lo onírico. Uzumaki, el cual tiene una adaptación nada recomendable a la gran pantalla, es quizá una de las mejores obras de terror en formato cómic. En Uzumaki, los personajes secundarios tienen gran importancia. Shuichi, el novio de Kirie, vive en otro pueblo y es de los primeros en advertir los cambios en Kurouzu. Es el único que puede salir y entrar del pueblo y su dilema es grande, huir y abandonar a Kirie, o quedarse y sufrir su destino. Los personajes de Kurouzu están allí como mecanismos para que Junji Ito introduzca nuevos y mejores elementos de terror: la familia de Kirie, los vecinos, los niños…

Junji Ito pone gran atención a la estructura del relato. En Uzumaki, quizá donde es más obvia, vemos una especie de capas, diferentes niveles en los que vamos sumergiéndonos. Pero además está la estructura en espiral, una especie de infinito por el que vamos descendiendo sin descanso.

De espirales, fantasmas y leyendas urbanas

Algo que caracteriza a Junji Ito es utilizar los miedos contemporáneos como algo visceral y profundo. En realidad, el miedo es el mismo, lo que cambia es el entorno, y que un ser compuesto de sobras y negrura nos observe por la ventana da el mismo pavor ya estemos en un 5º piso que en un bajo en mitad del campo. Los cuentos de fantasmas de Junji Ito beben de las leyendas urbanas, de las historias de miedo populares, pero el autor consigue darles un enfoque nuevo, un estilo propio. ¿Qué un gato negro da mala suerte? Pues imagina que tu gato no es negro, sino que tiene una mancha en forma de cara fantasmal en el lomo, y que encima el gato te observa con malicia. Pero quizá el elemento característico de Ito sea la espiral. Todo aquello que se retuerce, el infinito, lo profundo e insondable al más puro estilo Lovecraft. Tanto Uzumaki (por lo insondable, lo profundo, lo ancestral) y Gyo (lo que viene de las profundidades del océano) tienen paralelismos claros con Lovecraft, pero donde el autor anglosajón se quedaba en sugerir, en mostrar levemente, Junji Ito nos da un espectáculo de vísceras, de puro terror. Es decir, Junji Ito nos pone de cara al abismo y nos sujeta por la nuca, forzándonos a aguantar la mirada a lo insondable. La chica protagonista suele ser otro tropo de autor, tanto en Tomie, como Uzumaki o muchos relatos de terror, son protagonizados por una chica adolescente. Quizá sea la facilidad de empatizar con la inocencia, con la vulnerabilidad, algo de lo que el autor saca mucho partido torciendo nuestras expectativas una y otra vez. Otro detalle más de este terror lovecraftiano es el fantástico relato titulado “El enigma de la falla de Amigara”. Un relato aterrador, ominoso y pesadillesco donde los haya. Junji Ito también juega con las obsesiones, esos elementos tan simples como una simple espiral que nos absorben y atrapan en una locura profunda y que finalmente se convierte en física. Y luego está el estilo de dibujo de Junji Ito, el cual parece un cruce entre Munch y el manga japonés, con personajes anatómicamente imperfectos para crear sensación de inquietud, rostros deformados y estirados hasta límites imposibles, las sombras, los detalles, todo ello conjura una atmósfera increíblemente detallista y perturbadora.

Sigo tratando de escapar de la espiral infinita, trato de subir, de despertar, pero el torbellino de Junji Ito me ha atrapado en sus páginas. Sueño con su visita, y su visita se hará real durante el Salón del Manga. ¿Esto ha dejado de ser un sueño? ¿Podré salir de allí?

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