Lady Killer, de Masako Togawa

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Existen arranques de novelas que por diversos motivos se graban en tu retina para el resto de tu vida. Con el paso de los años los vestigios del argumento pierden fuerza y consistencia en tu memoria, pero ese comienzo sigue estando en tu lista mental de inicios que más te han impactado. Para mí uno de esos inicios es el de la novela, Lady Killer de Masako Togawa (Ryōjin nikki, 猟人日記, 1963).

Una mujer bebe sola y deprimida en un bar mientras un músico toca la melodía Zigeuner Leben de Shumann. Trata de ahogar sus penas en alcohol cuando un desconocido le propone pasar la noche juntos. Cogen un taxi y se van. Seis meses después, esta misma mujer se haya pendiendo del alféizar de una ventana, esperando pacientemente a que sus brazos no puedan sostener su peso y caer al vacío.


“No tiene la culpa de los calambres en los dedos tras un día de trabajo – pensó -, ni de cómo me duele el cuerpo cuando llega la noche. No es culpa suya. La culpa es de esas clavijas y botones que tengo que pulsar miles de veces cada día. No de ese hombre. A él le debo haber sido capaz de vivir seis meses más. El recuerdo de su voz me daba fuerzas para seguir adelante. He sobrevivido a ese continuo timbrazo en la cabeza, que parece el ruido amplificado de una moto, porque su voz parecía ponerme algodón en los oídos, para bloquear el sonido. Su voz profunda me conmovía en cuerpo y alma, pero, ¿por qué plantó su semilla y se fue?”

Como podéis suponer, nadie acude en ayuda de nuestra suicida y cae al vacío con el bebé que lleva dentro.

A partir de este punto, la historia da un completo giro de argumento. Conoceremos paso por paso la vida de Ichiro Honda, un hombre de apariencia intachable que por las noches se convierte en un depredador de mujeres. El número de féminas que ha pasado por su cama es inmenso. Su objetivo nunca son las profesionales, sino las mujeres solitarias y desesperadas que languidecen esperando su gran amor. Mujeres fáciles de seducir y de encandilar, pobres atormentadas capaces de cualquier cosa por obtener un poco de cariño.

Todo en la vida de Honda es perfecto, incluso su matrimonio. Hasta que descubre que una por una sus últimas conquistas están siendo brutalmente asesinadas y todos los indicios parecen conducir a él.

La novela alternará los sucesos del día a día de Ichiro Honda y de la investigación policial de los crímenes que se irán sucediendo. No esperéis un perfecto procedimental policial ni grandes alardes en la investigación. Sin embargo a pesar de esas carencias el ritmo logrado es muy bueno y la alternancia entre historias da una gran agilidad a la historia.

Aunque todo el mundo destaca La llave maestra como la novela más notoria de Togawa, he de reconocer que Lady Killer me ha conmocionado todavía más. Aunque los temas tocados en La llave maestra eran delicados y escabrosos, quizá los tratados en Lady Killer lo sean más. El tema de la soledad y de la falta de recursos para poder paliarla es devastador. Y por supuesto, el marcado machismo de la sociedad japonesa queda manifiesto en esa forma tan despreciable de tratar y de escoger a sus conquistas del protagonista. No solo su objetivo es tratar de pasar la noche con el mayor número de mujeres posible, sino que las escogidas siempre son mujeres indefensas y de carácter débil para poder manejarlas a su antojo, sin importarle las consecuencias de sus actos en la vida de sus víctimas.

Aunque la resolución de la novela confieso que no me ha convencido del todo, creo que es desarrollo es brillante. La intriga y la tensión generada en el lector está magníficamente conseguida, y aunque el lector se encuentre convencido de conocer todas las piezas que componen el puzzle, debe esperar a terminar la novela para comprobar que quizá las cosas no siempre son lo que parecen.

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