Yukio Mishima, el placer de morir

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El Harakiri es un tipo de suicidio ritual que se practicó en Japón por diversos motivos que implicaban el honor o la fidelidad. El Harakiri también es conocido como seppuku, que hace referencia a este ritual del código del bushido.

El 25 de noviembre de 1970, Yukio Mishima se mataba rajándose el vientre, técnica utilizada en el harakiri.

Pero, ¿por qué?

Mishima fue un escritor tremendamente sensible e implicado con su país. Varias veces favorito para el Noble (aunque nunca lo llegó a ganar), tenía mucha amistad con su profesor y amigo, el sí ganador de este galardón, Yasunari Kawabata. Ambos compartían cierto sentido de admiración y respeto por la tradición japonesa, y mientras que uno permanece con un estilo y temática nipona en sus obras, Mishima, el discípulo, se deja influenciar por el occidentalismo que ha invadido su país. Y aún así Kawabata fue considerado un “renovador” de las letras japonesas. El propio Kawabata se lamentaba de que Mishima no hubiera ganado el Nobel: «Ignoro por qué me han dado el Nobel a mí, existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras».

Yukio Mishima, pseudónimo de Kimitake Hiraoka nació en Tokio en 1925. Creció en el seno de una familia de samuráis y le crió una madre que a su vez estaba dominada por una abuela opresiva. Empezó a estudiar Derecho en la universidad pero pronto lo dejaría por la literatura. Mishima siempre cultivó mente y cuerpo con la misma pasión, tanto la escritura como el deporte y las artes marciales eran básicos para él. Los años de posguerra fueron claves para él, pero la década de los sesenta sería fulminante. La ocupación estadounidense, el capitalismo, el desarme, la pérdida de las tradiciones, la verdadera pérdida contra occidente. Fue entonces cuando Mishima empezó a valorar el suicidio, tal y cómo le diría en una carta a su maestro y amigo Kawabata: «“Cada gota de tiempo que se me escurre me parece tan preciosa como un trago de buen vino, y ya he perdido casi todo interés por la dimensión espacial de las cosas.”».

El 25 de noviembre de 1970, los medios tanto japoneses como internacionales retransmitían una noticia impactante. Un activista japonés había cometido un acto político fuera de lo común. Él y cuatro jóvenes más del Tatenokai (‘La Sociedad del Escudo’), una milicia privada formada por jóvenes patriotas que compartían la pasión por el estudio de artes marciales, creada por el propio Mishima, habían secuestrado al general Mashita, de las Fueras de Autodefensa Japonesa, le habían atado a una silla, y le habían obligado a congregar a los mil soldados de su guarnición. Allí delante, Mishima, discurso tras discurso, trató de avivar la llama de la rebeldía en los soldados. Pero no solo recibió indiferencia, sino incluso burlas y risas. Mishima, frustrado, se infringe el seppuku como última protesta contra el gobierno japonés. Se clava un puñal en el abdomen y se lo raja de izquierda a derecha. El compañero asignado para decapitarle, Masakatsu Morita, que además era su pareja sentimental, no consiguió su cometido tras varios intentos fallidos, infringiendo heridas terribles en la espalda del escritor. Morita no tenía experiencia alguna con armas. Hiroyasu Koka recogió la katana y terminó con la vida de Yukio Mishima. Tras el suicidio de Mishima, el resto de activistas liberan al general mientras Japón no puede concebir lo que acaban de ver por la televisión. Mishima contaba con ello.

El 25 de noviembre de hace 26 años, Yukio Mishima terminó con su agonía. Un sufrimiento por su país, por sus costumbres, por sí mismo. Pero siempre sin dejar de escribir, casi hasta el último aliento de vida.

Os recomendamos ver este interesante documental en TVE sobre la vida y muerte de Yukio Mishima, y también la lectura de «Últimas palabras», publicado en Alianza

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