Zankyō no Terror, de Sinichiro Watanabe

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En 2014 Sinichiro Watanabe, director de obras emblemáticas del anime como Cowboy Bebop o Samurai Champloo volvía a escena con Zankyō no Terror (Terror in Ressonance, o Terror en Tokyo), acompañado de nuevo en el diseño de personajes por Kazuta Nakazawa y por Yōko Kanno a los mandos musicales, todo ello animado desde el estudio MAPPA. A través de 11 capítulos exploramos una Tokyo contemporánea asediada por un par de misteriosos terroristas llamados Sphinx. Dicho grupo tiene la costumbre de mencionar sus actos a través de vídeos en Internet en forma de acertijo, para que la policía los resuelva y no tengan lugar grandes desgracias civiles. Pronto descubriremos que estos dos terroristas lo único que buscan es revelar al mundo un oscuro secreto de su pasado que lleva oculto durante demasiados años.

Un thriller de misterio en sus primeros episodios que pasará a ser una película de acción en sus últimos compases, donde sobre todo pretende lograr una crítica tanto social como política de Japón. Un anime que te lleva a la reflexión, a profundizar sobre lo que trata. Podemos debatir sobre el concepto de terrorismo, sobre el nacionalismo japonés, o sobre la mentalidad derrotista que se da en la sociedad japonesa. Tocará temas como el bullying en la faceta escolar y familiar, la importancia de la amistad o del poder que puede suponer la conexión entre dos personas. A todo esta ayuda la elección de dos protagonistas que forman un tándem perfecto, la elocuencia de Twelve combinada con la frialdad de Nine, la comprensión del uno con el otro por un pasado que los une es especialmente reconfortante. No tanto el personaje de Liza, un cero a la izquierda por así decirlo en cuanto a la trama se refiere, pero que levanta las espadas al debate posterior sobre esa sociedad japonesa. No me quiero dejar a el detective Shibazaki, ese personaje respetable y noble que solo cumple con su deber pero que vive atormentado por sus acciones.

Pero no es oro todo lo que reluce y el anime sufre de algunas carencias. La principal son algunos errores narrativos, que hacen del cómputo total un anime irregular. La serie es redonda, cierra perfectamente sus tramas e historia, pero lo hace de forma anticlimática. Mientras asistíamos a un comienzo adrenalinico, el paso intermedio pierde fuerza y ritmo para darnos un final que lejos de ser malo no llega a tapar su malogrado clímax. Parte de culpa recae en que el anime se apoya en personajes estáticos, sin apenas evolución a lo largo de los capítulos ni trasfondo. Un capítulo que nos contará el pasado trágico de esos niños misteriosos o simplemente aprovechar a Shibazaki y su unidad para darnos un poco más que meros actores que cumplen bien con su papel pero que quedan en el limbo daría algún que otro punto extra al anime.

Es en cuanto a aspectos técnicos donde el anime alcanza el sobresaliente, y por lo que solo merece ser vista. Una animación de calidad a cargo del estudio MAPPA (Ushio to Tora, Yuri on Ice) que nos da una visión realista que logra encajar perfectamente con la historia, instalándonos directamente en un Tokyo actual y realista. Un paso más allá nos vamos en el elemento musical, donde el opening Trigger de Yuuki Ozaki y el ending Dare ka, Umi wo de Aimer son correctos, pero toda su OST brilla maravillosamente con luz propia.  La playlist elaborada por Yōko Kanno  tira de pianos que ambientan, voces que empastan y guitarras vivas que encajan al 100% con la trama de que nos están contando y nos llevan un paso más allá dentro de la historia.

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