Crónica japonesa, de Nicolas Bouvier

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Los primeros textos de literatura de viajes que leí fueron de Lafcadio Hearn, hace ya muchos años. Pero fueron esos primeros textos, esas crónicas de viajes a Japón, junto con diferentes objetos artísticos, los que iniciaron el interés por el exotismo japonés. La gran bandera de los primeros estudiosos que decidieron observar Japón con una mirada que no fuera Occidental (es decir, una mirada altiva y considerando lo diferente exótico, inferior y para el disfrute), sino con un escrutar de respeto y curiosidad científica fue el ya mencionado Hearn. Pero no fue el único, y Crónica japonesa (La línea del Horizonte, 2016), de Nicolas Bouvier viene precisamente para reconocer una figura tan desconocida como interesante, la de uno de los últimos occidentales en pisar un Japón que todavía conservaba la tradicionalidad.

Nicolas Bouvier fue a Japón a recorrer las sendas del poeta y filósofo Matsuo Basho. De esta forma visitó misteriosas montañas, brumosos bosques, y lagos y ríos encantados. Bouvier se impregna del polvo del camino, ese que te convierte en caminante, en viajero, Una travesía espiritual, casi zen, por paisajes de leyenda. Nicolas Bouvier finalizó un largo viaje que empezó en Europa cuando desembarcó en Yokohama y se instaló en el barrio de Araki-cho (Tokio). Durante todo un año visita distintos parajes de Japón. Diez años después, vuelve de nuevo con su mujer e hijo y recorre de nuevo los paisajes que recorrió más joven. Y es esta segunda parte la que me ha resultado más interesante del libro, pues Bouvier utiliza descripciones muy afiladas y sardónicas y aprovecha el texto para reflexionar tanto de sí mismo, como de Japón, y de los europeos. Por otro lado, en este último viaje menos “alocado”, el texto desprende una tremenda melancolía, tanto por un Japón que deja atrás una etapa milenaria, como por los propios recuerdos.

Todo el mundo es capaz de señalar hoy día, hasta con los ojos cerrados, el archipiélago japonés sobre un mapa. Lo que no todo el mundo sabe es la forma en que vino a ocupar su lugar, ni de dónde —exactamente— llegaron los japoneses.

Del cielo, directamente.

Crónica japonesa muestra cómo Bouvier es testigo de un país que está sumido en la tristeza, que se siente perdedor y engañado. Un país desmoralizado. Por ello Nicolas Bouvier otorga voz a los japoneses de clase más baja, a los más alicaídos. No relata las vivencias de grandes emperadores, ni shoguns, sino de aquellos obreros que han construido el país con su sudor. Crónica japonesa es el cuaderno de un viajero que empatiza y se identifica con el local. Y que cuando llega el momento de marcharse, pues así lo siente por diferentes motivos. Una crónica excelente.

La edición que presenta La Línea del Horizonte es elegante, sencilla, con una tipografía cómoda de leer, aunque quizá demasiado gruesa y unos márgenes apropiados. La traducción de Glenn Gallardo y Martín Schifino aunque adecuada, no deja de tener cierto aire a “esto me suena raro”, aunque no puedo afirmar que sea cosa de la traducción o del original. Lo que sí puedo confirmar es que he encontrado diversas erratas en el texto, como alguna que otra falta ortográfica e incluso palabras que faltan. Todo esto no impide el disfrute de una lectura entretenida, muy curiosa y que observa un Japón de post-guerra y en pleno cambio interesante y curioso. Una época convulsa para un país inquieto. Crónica japonesa es un cuaderno de viajes, pero a la vez es un documento repleto de recuerdos, memorias, historia, personas y nombres. Un texto repleto de vivencias que son reales, que alguien ha vivido, y que al releer, podemos transportarnos a esos caminos repletos de polvo, a esos niños japoneses insolentes, a esas ciudades bulliciosas.

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