La mansión de los gatos, de Jirô Akagawa

0

Mientras Yoshitarô Katayama y su hermana Harumi visitan el nuevo piso con el que Izhidzu trata de impresionar a la chica, en el barrio comienzan a oírse sirenas de ambulancias y policía. Un niño del vecindario se ha caído en el estanque del Parque Norte Izumigaoka. Todo indica a que el niño no se ha caído solo, sino que ha sido un accidente provocado, a pesar de que la poca profundidad del estanque deja claro que la intención del asaltante no era la de liquidar al niño.

Tras investigar y prestar atención a las conversaciones que oyen por el barrio, descubren que este no es un suceso aislado, que han sido más los niños atacados en fecha reciente, y que los vecinos sospechan de alguien: el hijo de la propietaria de la Mansión de los Gatos. Paso por paso, Katayama comenzará a desentrañar la madeja que le llevará a dicha mansión y a descubrir un horrible crimen que abrirá una investigación en firme de todos estos acontecimientos. Como siempre, el instinto y la ayuda de la gata de los hermanos Katayama será fundamental para dar con las pistas clave que ayuden a resolver el caso.

Como sucedía en la primera entrega de la gata Holmes, una trama en principio no demasiado enrevesada se retorcerá hasta el punto de que el lector deba volver atrás para recordar quién era hermano, hijo o sobrino de quién. Intereses inmobiliarios, envidias, miedos y sobre todo muchos secretos, inundan las páginas de esta tercera entrega de Akagawa.

A pesar de que no soy demasiado partidaria de la aparición de elementos paranormales en las novelas de misterio, en la novela negra japonesa es un elemento bastante frecuente. Desde el punto de vista de un occidental, la introducción de estos elementos suele ser símbolo de falta del pericia por parte del autor a la hora de descubrir a un criminal de carne y hueso. Sin embargo, la relación de los nipones con lo sobrenatural ya sabéis que es tan cotidiana como la ingesta de arroz. No resulta un elemento que te saque de la novela, ni que resulte difícil de asimilar al lector, especialmente debido al modo en el que el autor escoge introducirlo.

Como ya os comentaba en la reseña de la primera entrega de la serie, las novelas de la gata Holmes son un tanto particulares a los ojos de los lectores de género occidentales. La forma de estar contadas resulta un tanto naíf y si se recapacita en la sucesión de los acontecimientos al finalizar la novela podremos encontrar varios fallos procedimentales, pero no importa demasiado. Las novelas de la gata Holmes son una especie de revuelto de las novelas de detectives con el peso que la deducción tiene en ellas, de las novelas policíacas y de las novelas de misterio clásicas. Todo esto lo riegas con unas importantes dosis de humor, y tendréis un resultado que satisface al lector.

A pesar de que la historia en sí resulta atractiva y que las expectativas con la historia quedan más que cubiertas, no puedo evitar denunciar el estado en el que este libro ha sido publicado. Preposiciones ausentes y otras sobrantes, laísmos, errores de puntuación, faltas de guiones en los diálogos… A pesar de que las erratas no son sangrantes, sí lo es el número de ellas. Cuando un lector paga por un producto espera que ese producto sea satisfactorio y merecedor de ese pago. Pero cuando estamos ante uno que nos demuestra que no se tiene respeto por el consumidor, resulta insultante. Editores, cuiden de sus lectores: somos pocos y merecemos respeto.

Share.

About Author

Deja un comentario