La casa del Álamo de Kazumi Yumoto

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Hace más de dos años Kazumi Yumoto era una auténtica desconocida en nuestro país. Una autora nipona más que no había sido traducida a nuestro idioma ni parecía tener posibilidades de serlo. Sin embargo, Nocturna Ediciones parece que está por la labor de rescatar las obras de esta maravillosa autora y con La casa del álamo ya van tres las novelas de las que podemos disfrutar en español gracias a esta editorial. La reseña de hoy es de su última novedad, pero podéis leer las reseñas de “Viaje a la costa” y de “Los amigos” también en la web.

Chiaki recibe la noticia de que su antigua casera ha muerto por una llamada telefónica. Ha pasado muchísimo tiempo desde la última vez que la vio y sin embargo, el recuerdo vívido de esos tres años en los que vivió bajo su mismo techo no han desaparecido en absoluto de la memoria de Chiaki. El viaje que hará para ir al funeral será también un viaje a través de los recuerdos de cuando era una niña de 10 años.

Sí, este libro vuelve a ser un viaje y sin embargo, el viaje que realiza Chiaki es interno. La trama actual, de hecho, tiene poca importancia durante la mayoría de la novela y se deja como un simple marco pasivo, una puerta a la que entrar en las memorias de Chiaki de cuando vivía en la casa del Álamo. La muerte del padre de Chiaki y la forma que tienen de vivir esa muerte tanto Chiaki como su madre, son uno de los leiv motiv de la novela. Pero lejos de tener un tono oscuro o triste, la novela parece brillar como la luz del mediodía, con unos personajes muy vívidos. Ese contraste entre los vivos y los muertos está hecho adrede y casi parece que la novela esté pintada con tonos cálidos y ocres.

Es igual que las dos anteriores, una novela de personajes y de como esos personajes afrontan de varias maneras la pérdida de un ser querido. Chiaki es la figura infantil que, como en Los amigos, se hace preguntas que los adultos no saben responderle y su contraposición, la casera, que parece tener respuestas para todo. La relación entre estos dos personajes es el punto fuerte de la novela. Sin embargo, y hacia el final, ese paseo por los recuerdos de Chiaki sí se vuelve oscuro y muestra un giro que, aunque predecible, le aporta un tono totalmente nuevo a la lectura.

La edición de Nocturna Ediciones tiene la misma calidad que las anteriores, con la cubierta de la ilustradora Ana Orcina y una traducción muy acertada de Rumi Sato. Esta es una novela tan tierna como sus antecesoras, que habla de un tema serio pero con la calidez que dota la niñez. Si os gustaron las anteriores novelas de Yumoto o si disfrutáis de una lectura amena, tierna y a su vez, melancólica, seguramente Kazumi Yumoto es una autora que disfrutéis.

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