La sociedad gastronómica, de VV.AA.

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Soy un gran aficionado a los relatos. En un mundo rápido, las lecturas en forma de píldora me apasionan, y tiendo a dar prioridad a antologías ante novelas, sobre todo si estos libros de cuentos tienen autores variados. Por ello cuando salió una antología con un título tan original como La sociedad gastronómica y otros cuentos para gourments se me encendieron todas las alarmas. Tenía que leerlo cuanto antes.

En este tomo encontramos una serie de relatos y autores con gran renombre y de sobra conocidos en España, junto a otros no tan populares: “La sociedad gastronómica” (1919), de Tanizaki Jun’ichirō ; “La maldición del mochi” (1954), de Sakaguchi Ango; “El acordeón y el pueblo de pescados” (1931), de Hayashi Fumiko; “Yōkan” (1946), de Nagai Kafū; “Meoto-zenzai” (1940), de Oda Sakunosuke; “La piel del hamo” (1914), de Kamitsukasa Shōken; “Cerezas” (1948), “La señora de los festines” (1948) y “Las reminiscencias del alcohol” (1948), de Dazai Osamu; “Los espíritus del hogar” (1939) y “Shokuma: el demonio de la comida” (1941), de Okamoto Kanoko; y “El cerdo de la Escuela Agrícola de Frandon” (1934), de Miyazawa Kenji . Todos estos relatos tienen más o menos un hilo conductor: la comida. Todos ellos relatan historias que giran alrededor de la comida, del deseo de comer, o de un plato en concreto.

Me parece muy destacable una antología que usa como leit motiv un tema tan interesante y tan popular sobre Japón: la comida. ¿Por qué a nadie se le había ocurrido antes? Quiero decir, la gastronomía de Japón es Patrimonio Mundial. Además, los textos cortos son un formato muy popular en Japón (o lo eran), por lo que una selección de este tipo me parece inteligente y muy, muy original. Bravo por Quaterni y por la iniciativa.

En La sociedad gastronómica falla algo. Antes de abordar la lectura, venía de leer la novelita corta de Tanizaki: La sociedad gastronómica, novelita que abre este mismo volumen, y la conmoción ha sido tal, que he tardado casi un mes en terminar este texto. Como traductor, soy consciente de que un texto difiere muchísimo de un traductor a otro. Cada uno tenemos nuestro estilo y nuestras herramientas para expresarnos. Pero además, detrás está un (o varios) corrector(es), uno o varios editores, y si hay suerte, alguien leerá las galeradas. Por eso no me explico que los cuentos de este volumen desprendan “prisas”. Me explico: comparando ambos textos, el de Gallo Nero y el de Quaterni, se ve que uno ha cuidado muchísimo el estilo, el texto suena fluído y suave, muy acorde a otras novelas que he leído de Tanizaki. En este caso, todos los textos suenan iguales, tienen muchísimas repeticiones e incluso hay algunas decisiones a nivel gramatical algo dudosas. Ojo, no culpo al traductor, la cadena editorial es larga y su paso es solo la toma de primera línea con el texto, pero sí creo que una revisión cuidada por parte de la editorial habría notado esto que comento. Y quizá lo que más me ha sorprendido para mal, es que el traductor haya sentido la necesidad de dar explicaciones sobre su trabajo de traducción.

Y esto es solo el primer texto, ya que el resto no he tenido ninguna otra versión para comparar, me abstengo de decir nada de ellos más que mi opinión personal. Los relatos tienen una trama interesante, y las resoluciones son buenas, pero se hacen pesados de leer y suelen dar una sensación extraña, o sonar demasiado planos. Una antología gourmet pero no demasiado delicatessen.

Que esto no os disuada, como he dicho en otras reseñas, soy muy tiquismiquis con lo que leo, y suelo sacar capas que un lector más casual ignoraría por completo. Esto quiere decir que me parece una antología ideal para conocer una gran variedad de autores que se cuentan entre mis preferidos, como Tanizaki, Sakaguchi o Dazai. Además, con relatos sobre una temática interesantísima: la comida. Esto hace que la lectura sea muy amena, divertida en unas ocasiones, dramática en otras. Es una sensación agridulce redactar una reseña negativa sobre un libro en el que había puesto tantas esperanzas, por eso, y a pesar de lo dicho anteriormente, no quiero dejar de recomendaros esta lectura. Los relatos nos permiten acceder a una gran variedad de estilos, temas, y autores, que de otra forma nos llevaría mucho más tiempo. La sociedad gastronómica es una antología muy original, con una selección de relatos excelente y una visión meta de la literatura, uniéndola con la comida de forma que se crea un vínculo que encaja y funciona a la perfección.

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