After the storm, de Hirokazu Koreeda

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Hay varios cineastas japoneses contemporáneos de los que además de habérmelo visto todo, les doy cierta prioridad absoluta. Conozco su trayectoria y necesito ver más. Y sé que, aunque quizá la siguiente película sea un trabajo “menor”, no va a dejar de fascinarme, porque son sus universos personales, su modo de ver el mundo, lo que me atrae. Es el caso (entre otros), de Hirozaku Koreeda (Nuestra hermana pequeña) y su último film After the storm (Umi yori mo mada fukaku), protagonizado por Hiroshi Abe (Everest), Taiyo Yoshizawa, Yoko Maki (De tal padre, tal hijo) y Kirin Kiki (An, una pastelería en Tokyo). Además, el título del film vuelve a ser una canción pop japonesa muy popular, la cual es una referencia clara fuera y dentro del film.

After the Storm

Si tuviera que sintetizar este film en una frase, quizá optaría por la de “el miedo a que tus hijos imiten tus peores defectos”, pero After the Storm es mucho, mucho más. En la película se nos presenta una familia desestructurada y quebrada, que comienza con Ryota Shinoda (Hiroshi Abe), un novelista que hace años que ni siquiera escribe, y que se ve forzado a trabajar en una agencia como detective privado siguiendo a parejas infieles. Además es adicto a apostar en el pachinko, en las carreras de caballos, y a jugar a la lotería. Debido a su actitud derrochadora y a su fracaso como escritor (aunque su primera novela ganó un importante premio) y como padre, su exmujer Kyoko Shiraishi (Yoko Maki) se divorcia y se lleva al hijo de ambos, Shingo (Taiyo Yoshizawa). Ryota no solo no puede pagar el alquiler, la luz o el agua de su piso debido a su adicción, sino que tiene una deuda acumulada con su mujer por la pensión de su hijo. Kyoko ha pasado página y tiene una nueva pareja, un hombre bien posicionado, educado y con dinero.

Ryota espía a su mujer y su relación con este nuevo hombre, mientras trata de algún modo (muy torpe) acercarse de nuevo a su hijo y a Kyoko. Volver a formar parte de sus vidas. El film comienza justo después de que el padre de Ryota muera, y vemos a la madre de Ryota con su hija comentar que, tras cincuenta años casada con el mismo hombre, se siente liberada y con ganas de vivir. Aunque ambas están preocupadas por Ryota, el chico que prometía pero que adquirió los defectos y adicciones de su padre.

After the Storm

Hirokazu Koreeda introduce multitud de mensajes y temas, algunos de forma tan sutil que suceden en una simple frase: “Los hombres siempre se fijan en la fecha de caducidad”, dice Kyoko cuando Ryota se queja de que su sopa lleva congelada varios meses. Una alusión a los estereotipos físicos de las mujeres implantados en la sociedad. La vejez está presente, con la madre de Ryota, que siente su vida desperdiciada y que trata de agarrar los últimos momentos observando el tifón, maravillándose ante una mariposa o asistiendo a clases de música. El film ataca al machismo de la sociedad japonesa y al matrimonio que anula a la mujer: “Los hombres siempre anhelan aquello que han perdido, o desean aquello que no pueden alcanzar”, dice Kyoko cuando Ryota menciona que quiere ser un buen padre: “¿Por qué no lo fuiste cuando pudiste?”.

After the Storm

Pero After the Storm es un film sobre los lazos familiares. Sobre atesorar los momentos cotidianos como pequeños rubíes súper valiosos. Los grandes momentos se marchan, pero es nuestro día a día lo que cuenta, y cuidar a aquellos que nos cuidan nos construye como personas. En After the Storm observamos gente con miedos, dificultades y fracasos. Y lentamente nos damos cuenta de que Ryota no puede cambiar, que es así, que es su forma de ser. Sabemos que está mal. Sabemos que lo que hace está mal. Y él lo sabe. Pero no puede evitarlo, la inevitabilidad de su ser le arrastra como una potentísima corriente y le lleva a volver a caer en los mismos errores una y otra vez. Y es que, al fin y al cabo, somos personas. After the Storm ofrece una serie de reflexiones muy interesantes, con un ritmo pausado común en sus films de dramas familiares, con un gusto por el detalle y la ternura del fracaso que funciona como espejo directo de nuestro ser. Son películas para sacar nuestras propias reflexiones, porque no tienen un inicio y un desenlace claros, sino que son unos frames cortados del período concreto de la vida de unas personas corrientes. Quizá en esta película la reflexión del director esté algo más desdibujada que en otros films como Nadie sabe, o De tal padre, tal hijo, pero sí se nota una madurez y evolución estilística que lleva hacia la sutileza.

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