Piercing, de Ryu Murakami

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Ryû Murakami es un autor extravagante. Leer sus novelas es encajar un puñetazo en el estómago. Es mirar al abismo. Sus temas oscuros, decadentes y tan humanos nos obligan a mirar hacia aquello de lo que queremos apartar la mirada. 69, Sopa de miso, o Azul casi transparente son algunos ejemplos. Pero en este caso os vamos a hablar de Piercing (Ediciones Escalera, 2011), una novela sobre la paternidad, sobre el asesinato, la culpa y el descenso a la locura.

Piercing nos presenta a un padre que una noche de insomnio se levanta con unas ganas casi irresistibles de asesinar a su hijo recién nacido. Recoge un punzón y lo coloca junto al bebé, rozando su tierna piel. El protagonista se pasa toda la noche así, en la indecisión. Cree que, si se aparta, las ganas de apuñalar a su bebé volverán, y que si se queda justo en el momento previo, conseguirá evitarlo. Esta situación se repite cada noche durante semanas y el protagonista cada vez está más desquiciado. Murakami intercala flashbacks de su pasado, una infancia traumática que le convirtieron en un psicópata integrado en la sociedad. Esta situación se alarga hasta que el protagonista decide que necesita matar a alguien para evitar así asesinar a su vástago.

Como veis, la sinopsis no es plato de buen gusto, y desde luego las novelas de Ryû Murakami no son aptas para estómagos blandos. El autor se recrea en los detalles, alarga escenas agobiantes, y crea una atmósfera claustrofóbica tremenda. Entrar en la psique de un perturbado mental, de un asesino, de un psicópata, siempre es un viaje negro y rojo. Pero como decía antes, en Piercing miramos al abismo, y este nos devuelve la mirada. Ryû Murakami es experto en ahondar y reflexionar sobre los aspectos más oscuros de la sociedad: prostitución, drogas, asesinato, abusos, y demás temas tabúes de los que siempre cuesta hablar (y leer). En Piercing, Murakami no solo nos muestra que cualquiera de nosotros, con un chasquido de dedos, podríamos ser otra persona totalmente diferente. Que en cuestión de segundos podemos dejar de lado el raciocinio, sino que aprovecha cada página para arremeter y criticar numerosos temas. Entre los ya mencionados, hay uno que lo abarca todo, y es la estancada sociedad japonesa a la que el autor hace referencia. Quizá Sopa de miso o Azul casi transparente sean más evidentes. La prostitución encubierta, estudiantes que tienen que matarse a trabajar en puestos de mala muerte (o incluso prostituirse) para pagarse los estudios… pero en Piercing, Murakami no deja de lado la oportunidad de mostrar ese mundo oscuro de la noche de la ciudad.

En definitiva, Piercing es una novela negra, quizá incluso de terror, que ahonda en deseos humanos irrefrenables cuando los diques de la moral y la ética revientan. Para mí, Ryû Murakami es uno de los autores más interesantes de Japón. Ha tenido numerosos problemas con la censura y el gobierno japonés por la temática de sus novelas, incluso su presencia pública es considerada como “problemática” por los debates controvertidos que genera. A diferencia quizá, de Yasutaka Tsutsui (que también trata temas parecidos), Ryû Murakami no pretende caer en gracia, sino dar un golpe contra la mesa y levantar la alfombra que oculta las tinieblas de lo que nos hace ser humanos.

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