Los casos del detective Kogoro Akechi, de Edogawa Rampo

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Resulta difícil comprender el hecho de que Edogawa Rampo fuese un autor tan desconocido en nuestro país hasta hace pocos meses. ¿Imagináis que un personaje como Sherlock Holmes fuese un extraño para nosotros y de repente se comenzasen a traducir las obras de Arthur Conan Doyle? Algo así es lo que está sucediendo con las aventuras de Kogoro Akechi, el Holmes nipón. Hasta que los derechos de autor de Rampo no se han liberado apenas había un par de recopilatorios de relatos suyos traducidos, y generalmente del inglés, con lo que siempre se pierde contenido con estas triangulaciones idiomáticas.

Satori Ediciones, en este particular está haciendo una labor excelente. No solo por las magníficas traducciones, sino por los bonus track que introducen en los libros del autor para que conozcamos los entresijos de su vida y de su obra. Y sí, como no podía ser menos también tenemos un pequeño extra al final de este Los casos del detective Kogoro Akechi (Satori Ediciones, 2017) de la mano de Daniel Aguilar.

En este volumen han decidido presentarnos tres de las historias del detective Akechi: El asesinato de la cuesta D (D-zaka no satsujin Aiken, 1924), El fantasma (Yukei, 1925) y Pulgarcito (Issunboshi, 1926). La extensión de las tres es muy diferente, siendo Pulgarcito la más larga de las tres. Pero la excusa era perfecta para introducir las otras dos, mucho más cortas, y que de este modo podamos leer la primera aventura de Kogoro Akechi.

En El asesinato de la cuesta D asistimos a un clásico crimen de habitación cerrada. Nadie parece haber entrado o salido después de que se haya cometido el crimen, y tendrán que ser las observaciones de Kogoro Akechi las que resuelvan el misterio. La lista de este tipo de casos de habitación cerrada daría para escribir un ensayo, ya que en la época tuvieron un gran éxito las novelas que trataban de emular así el crimen perfecto.

En El fantasma un hombre se verá perseguido y amenazado por la presencia extraña del espectro de un hombre que acaba de fallecer. Partiendo de la importancia que tienen en la cultura japonesa los yokai, imagino la inquietud que debió generar esta historia en su momento.

En Pulgarcito encontramos casi todos los elementos que podrían definir los misterios narrados por Edogawa Rampo: cadáveres, miembros amputados, seres deformes, muñecas, muebles con espacio en su interior para esconder a una persona, sexo, perversión, secretos familiares… La lista es larga, pero tras leer varias de sus obras al final vas observando un mismo patrón y conociendo las obsesiones del autor. Por todas estas características, Rampo es englobado siempre en el ero-guro, corriente que como bien apunta Daniel Aguilar en su epílogo estuvo muy influenciada por las corrientes artísticas y filosóficas europeas de la época (surrealismo, expresionismo, hipnotismo, teorías del subconsciente…). Si os gustan todo este tipo de aspectos, Rampo es vuestro autor.

Rampo es ese tipo de autores que si te gusta, seguramente te encante. Sus historias son ágiles, entretenidas, con acción a raudales y que logran que no te levantes del sillón hasta haberlas terminado. Era un genio manteniendo el suspense página tras página, dando una vuelta más a la historia cuando creías que ya todo estaba resuelto. Quizá al lector de novela negra contemporáneo algunos de sus argumentos le resulten infantiles, pero si leemos a algunos de sus contemporáneos nos pasaría otro tanto. En Japón es un auténtico icono, en parte debido a las adaptaciones a diversos medios de sus historias. En cualquier caso, todos los amantes de la literatura japonesa deberían dedicarle al menos una oportunidad, ya que es una parte fundamental de su historia.

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