Livingstone, de Tomohiro Maekawa

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¿Qué pasaría si el 90% de nuestra vida estuviera determinada por el destino de nuestra alma? Sería desquiciante pensar que todo nuestro potencial y destino como seres humanos se encuentra impuesto de antemano. A través de esta macabra premisa empieza a tejerse toda la obra de Tomohiro Maekawa, como Livingstone. Sakurai y Amano son una extraña pareja de shinigamis que buscan a los pobres desafortunados a punto de morir, o en su defecto, recuperar las piedras del alma de las víctimas. A veces las cosas no salen bien, y una muerte prematura puede contaminar el lugar y atraer a más almas atormentadas. Esto crea un círculo vicioso de almas que pierden su rumbo establecido. Así la otra tarea de estos dos peculiares shinigamis es su deber de limpiar los puntos negros de la ciudad, desinfectar los focos. Las piedras del alma no se estropearán y podrán reencarnase hasta el máximo de veces posible, haciéndose cada vez más grandes y fuertes.

La serie publicada por Milky Way Ediciones en nuestro país se trata de un seinen sobrenatural de cuatro tomos particularmente ligeros y entretenidos. Su estructura narrativa está caracterizada por capítulos que abordan los diferentes casos autoconclusivos a los que se enfrentan nuestros dos protagonistas. A través de ellos iremos conociendo las peculiaridades de sus tareas y el mundo que los rodea. Esto cambiará en el último volumen, donde el hilo central que vislumbrábamos durante el resto de tomos tomará todo el protagonismo. El resto no dejará de ser una mera recopilación de pequeñas escenas que hacen hincapié en los conceptos que Maekawa quiere que tengamos claros para el desenlace final. La inspiración para toda la serie surgió de algunas vivencias sentimentales de los autores, pero en especial, de las populares pruebas del peso del alma llevadas a cabo por el Doctor Duncan MacDougall en 1901.

A parte de la peculiar premisa, Livingstone destaca especialmente por dos aspectos. El primero de ellos son su pareja protagonista. Sakurai y Amano son un contrapunto muy interesante que reparte juego durante los cuatro tomos. Mientras Sakurai es un chico serio, formal y con un aura sentimental importante que sufre con lo que hace, Amano es totalmente lo contrario. No se toma nada en serio, irresponsable hasta la médula y mete patas de primera. Amano tiene esa chispa especial que te hace interesarte por él, que le está ocurriendo y por su oculto pasado. El segundo aspecto es el dibujo. Jinsei Kataoka (Deadman Wonerland / Eureka Seven) es una delicia visual. El diseño visual impacta desde la primera página y el trazo de líneas sin pulir, pero plagado de tramas se hace muy atractivo. Le da un toque especial a toda la historia y alguna viñeta a página completa es alucinante.

En Livingstone somos testigos directos del trabajo de shinigamis de esta peculiar pareja. Maekawa nos pone en el vórtice del proceso de actuación para que seamos nosotros mismos los que reflexionemos sobre las vidas en juego, e interesarnos por el alma de las personas. La amistad, la vida, la muerte, el alma, la infancia o el porqué de nuestras acciones son temas que se van explorando a lo largo de los diferentes casos. La barrera entre la fantasía y el drama se hace cada vez más difusa. Las reflexiones sobre que somos o de dónde venimos están encima de la mesa, al alcance de la mano del que quiera tomarlas para sí y escarbar un poco más en la lectura. La propuesta de Livingstone nos da el pie para seguir pensando en ello y llegar a nuestras propias conclusiones. Si no, siempre puedes quedarte con una serie de escenas humorísticas y entretenidas con una calidad visual abrumadora.

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