Uchōten Kazoku, de Masayuki Yoshihara

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Los que miramos anime con asiduidad somos conscientes de que con la tremenda producción que se genera en Japón, es extraño encontrar obras que destaquen sobre el resto. Sí que suelen aparecer series que resaltan en cada temporada estacional, pero una serie que recordemos con el tiempo, como por ejemplo, One Punch Man, o Shingeki no Kyojin es un rara avis. Más raro es todavía toparte con una serie que ha pasado desapercibida pero que se eleva hasta el panteón de animes preferidos. Bien, este fue mi caso con Uchōten Kazoku (La excéntrica familia), un anime extraño, poco común y con un estilo de animación que hibrida fondos coloristas pintados a mano al más puro estilo Ghibli, con una animación sencilla pero efectista.

Uchōten Kazoku

Pero no nos adelantemos, ¿de qué trata Uchōten Kazoku? La historia tiene lugar en Kioto, y la protagoniza la familia Shimogamo, compuesta en entero por tanukis, unas criaturas mágicas del folklore japonés que, en este caso, pueden transformarse en cualquier cosa. El tanuki, o perro mapache, es una especie endogámica de Japón, y su representación mitológica suele ser la de un mapache con unos genitales enormes. En cualquier caso, volvamos al anime. Dentro de la familia Shimogamo tenemos a una serie de hermanos, Yaichirô, el hermano mayor que quiere ser elegido como Nise-emon (líder de los tanukis de Kioto); Yaijirô, que tras la muerte de su padre se convirtió permanentemente en rana y vive en un pozo; Yashirô, el hermano pequeño y más inocente de todos; y Yasaburô, el principal protagonista de la historia, pues él nos la cuenta desde su punto de vista. La familia Shimogamo rivaliza con la familia de tanukis Ebisugawa por hacerse con el puesto de Nise-emon. Estos son mezquinos y adinerados, sobre todo el padre y los dos gemelos, Kureijirô y Kuresaburô.

Uchōten Kazoku

Pero aquí no queda la cosa, en Kioto también viven los tengu, otros seres mitológicos que, en la jerarquía de poder, están por encima de los tanuki. Uno de estos tengu, Akadama, es el sensei (maestro), de los hermanos Shimogamo, pero se ha vuelto un viejo amargado por su amor no correspondido y complicado por Benten, otra tengu de naturaleza caótica y caprichosa. Mientras que la familia Shimogamo trata de superar la muerte de su padre, el tanuki más famoso de Kioto que murió al ser cocinado por el Club del Viernes para el estofado de fin de año, veremos florecer las aspiraciones y expandirse los miedos de cada personaje. Uchōten Kazoku, de tan solo 13 episodios en su primera temporada, entrelaza de manera muy habilidosa la construcción de cada personaje y el avance de la trama, de modo que no tenemos capítulos monotemáticos sino que vemos una progresión del conjunto.

Uchōten Kazoku

Las cuatro estaciones en Uchōten Kazoku.

Uchōten Kazoku es una novela de Tomihiko Morimi, que fue adaptada al manga por el propio Morimi. Posteriormente, la adaptación dirigida por Masayuki Yoshihara se desarrolló en los estudios P.A. Works, cuya primera temporada se estrenó en 2013, y la segunda, que sigue los eventos de la primera, en 2017. Uchōten Kazoku está repleto de referencias, pero creo que la más directa y más interesante es la que se hace al escritor Junichirô Tanizaki. Las relaciones amorosas entre varios personajes, como la de Akadama y Benten, o la de Kaisei y Yasaburô, danzan entre las sombras, en planos de grises que no acabamos de comprender y que se escapan a cualquier convención. Son relaciones extrañas, como la que el escritor describía en Cuentos de amor, en Sobre Shunkin, o en La historia de un ciego. Tanto es así que el propio anime se da la licencia de citar un par de veces a Tanizaki, confirmando así esta influencia.

Uchōten Kazoku

Existe un concepto en la serie que creo que se ha perdido en la traducción. En Crunchyroll lo mencionan como “la estupidez”, pero me da la sensación de que va más allá. Yasaburô incide muchísimas veces en que lo único que han heredado de su difunto padre es la estupidez de los tanuki, pero no es la “estupidez” como la conocemos nosotros, sino que sería una mezcla entre inocencia, honestidad y lealtad. Una forma de decir que no tienen ni pizca de mezquindad ni de ambición desmedida. Y quizá así encaja más, pues las acciones de los hermanos les llevan siempre a ser engañados por la familia Ebisugawa, hasta el punto de estar a punto de morir todos ellos. La sinceridad y la lealtad, quizá podríamos decir incluso el honor, es algo que no se concibe entre los tanuki, seres que insisten en definirnos como listos y espabilados, vagos y perezosos. Y por esta “estupidez” por la cual los hermanos Shimogamo se ven en situaciones peliagudas constantemente.

Uchōten Kazoku

Este es uno de esos animes que entiende que el propósito de la vida no nos llega como una iluminación un buen día y nos cambia por completo, como solemos ver en las series anime, sino que es una resolución a la que llegamos de forma paulatina y progresiva, a lo largo de vivencias y experiencias. Uchōten Kazoku evita la narración lineal y opta por desgranar aspectos del pasado que conforman la personalidad de cada personaje de forma paulatina. Pongamos un ejemplo: Benten es uno de los personajes más misteriosos del anime. Yasaburô se muestra cautivado por la mezcla de libertad, peligro y calidez que muestra la tengu, y la serie hace un trabajo magnífico en mostrar cómo el tanuki considera a Benten. Su primer encuentro se muestra en un flashback en el que vemos a Benten volando entre cerezos en flor, convirtiéndola en una evocadora imagen de la tengu, pero que a su vez muestra la distancia y diferencia entre los dos personajes. Uno en la tierra, fascinado, la otra en el aire, lejos, libre. Pero Benten muestra una libertad falsa, pues por culpa del Club del Viernes está ligada a una serie de responsabilidades que no puede omitir. Una de ellas es comerse a un tanuki cada año en la noche de Año Nuevo. Esto también incrementa la distancia entre Benten y Yasaburô, sobre todo cuando el tanuki descubre que la tengu se comió a su padre.

Uchōten Kazoku

En Uchōten Kazoku no hay drama barato, de hecho Yasaburô sabe que su padre fue comido porque es lo que le pasa a los tanukis, y por ello no solo no odia a Benten, sino que ni siquiera la culpa. Desde luego siente pena y tristeza por la pérdida de su padre, pero la jerarquía y el modo de vida de los tanukis es algo que Yasaburô conoce de sobra. Sin entretenerme más en este tema, decir que hay escenas mágicas entre Benten y Yasaburô, como aquella en la que la tengu vuela y su figura se recorta contra la luna llena y dice: “Me gustas tanto que quiero comerte”.

Uchōten Kazoku

Como veis, es un anime que da para un extenso análisis, se tratan temas complejos desde una perspectiva muy personal y original, y desde luego merece un revisionado, pues la filosofía que encarnan los personajes choca contra los valores a los que yo estoy acostumbrado a ver en la ficción Occidental e incluso en la japonesa. No hay venganza, no hay redención, no hay búsqueda de la justicia. Tan solo son personajes que viven sus vidas de la mejor manera posible, tratando de afrontar el día a día con lo que tienen y lo que son. No hay héroes ni villanos, tan solo tanukis y tengus. Me dejo en el tintero muchas cosas, como la mezcla de humor con repentinos cambios hacia un drama trágico o a escenas muy tiernas o duras. Uchōten Kazoku es de lo mejorcito que podemos ver esta temporada, y me arriesgo a decir que es de lo mejor que vamos a ver en todo el año (como ya ocurrió en 2013). Vedlo, disfrutadlo, volvedlo a ver, entrad en el fandom, como el de este blog que recoge los escenarios reales y los compara con el anime. Volvedlo a ver y maravillaros ante la espectacularidad de esta historia. No hay nada igual. Desde este momento me fascinan sobremanera Kioto, los tanukis y los tengu. Qué maravilla.

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