La felicidad de la familia, de Osamu Dazai

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La imagen de Osamu Dazai va asociada a la tragedia, al drama, y al derrotismo absoluto. Pero el autor escribió numerosos cuentos de humor, de sátira, o incluso esperanzadores. Se me ocurre, como claro ejemplo, el libro de cuentos Colegiala, que muestra la enorme fuerza de voluntad y capacidad de superación de las mujeres. Por ello no debería chocar que este libro de cuentos se titule La felicidad de la familia (Candaya, 2017). Este nuevo recopilatorio de cuentos de uno de los exponentes de la literatura japonesa más importantes nos recuerda, de nuevo, por qué sentimos esa ambivalencia tan fuerte hacia el autor, de pura pasión y rechazo al mismo tiempo.

Osamu Dazai tuvo problemas con su familia. Su padre lo desheredó al enterarse de su lío con una geisha de bajo rango, y ese solo fue el comienzo de una brecha que se convertiría en abismo. El autor, entregado a las drogas, al alcohol, a las apuestas y a la prostitución, generaba el rechazo más absoluto en su familia, por lo que el título hace referencia de forma irónica a lo que supone para Dazai el concepto de familia, como el propio autor indica en su texto: “Y he llegado, finalmente, a una terrible conclusión: la felicidad de la familia es el origen de todo mal”.

La felicidad de la familia presenta ocho relatos, seis de los cuales estaban inéditos hasta ahora en castellano. Como decía al principio, podemos esperar de sus textos la más absoluta de las tragedias, una mirada cansada, triste y hastiada hacia la vida. Los textos que aquí encontramos pertenecen al último periodo de actividad del autor, poco tiempo antes de suicidarse (tras varios intentos, esta vez lo conseguiría). En estos relatos notamos la rendición del autor, un coleteo casual aquí y allá, aunque al fin y al cabo la desolación yerma cualquier esperanza y dibuja el lienzo de la psique del autor, un cuadro de tonos negros y oscuros salpicado de pavor por la vida.

Desconozco si se trata de la traducción, pero es el libro donde he notado un cambio más acusado en cuanto al estilo del autor. La narrativa es en ocasiones cruda, algo torpe incluso, con símiles un poco extraños, para luego revitalizarse y crecer como la espuma. Dazai, ante todo, era un poeta, y como pocos en su época, sabía ver a través de los colores y la superficialidad del mundo. Su visión analista era espectacular.

En cuanto a los relatos, en ‘La estudiante’ asistimos a uno de los mejores textos del libro, donde se nos cuenta la historia de una joven y sus cavilaciones durante un día cualquiera: ilusiones, decepciones, sueños, fracasos. Otro de mis textos preferidos ha sido ‘La mujer de Villon’, dotado de una ternura y una delicadeza inusitadas, Dazai nos narra a través del punto de vista de una madre, la miseria y pobreza que vive su familia, en gran parte por culpa de su marido, alcohólico y aficionado a la prostitución.

Osamu Dazai refleja retazos de su propio ser en los personajes masculinos. Como hemos dicho antes, su afición a la vida alcohólica, a las drogas, a las mujeres o a las apuestas le retratan como un miserable, pero bajo esta coraza de desecho humano, de alguien indigno de ser humano, se encontraba alguien con un miedo terrible a ser repudiado, con pánico puro por la maldad de las personas. Alguien para el cual la palabra felicidad no tenía sentido experimentar.

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1 comentario

  1. A mi me encanta Dazai, pero es un problema la traducción, como se puede confiar en que traducción será más cercana a lo que el autor quizá a decir en el libro.

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