Una familia de Tokio, de Yoji Yamada

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“Una familia de Tokio” (東京家族) es el homenaje y la reinterpretación de Yoji Yamada sobre un clásico del cine japonés como es “Cuentos de Tokio” (東京物語), de Yasujiro Ozu. El director, que tiene en su haber más de 70 películas, rescata este mítico film para darle un toque más actual, sin perder por ello la esencia de la película original. El film, que llegó a España de mano de A contracorriente films, ha vuelto a la gran pantalla brevemente para el deleite de los espectadores españoles, entre los cuales me incluyo.

Una pareja de ancianos viaja de su hogar, una pequeña isla con un carácter claramente rural, a Tokio para visitar a sus tres hijos. Al principio, los hijos quieren compartir todos los momentos posibles con sus padres, mostrarles sus éxitos, sus familias, sus vidas. Pero el trabajo y la vida estresada de la capital hace que, poco a poco, dejen de lado a los visitantes, que de repente se encuentran en una ciudad desconocida y ajena.

Esta es una película de contrastes: entre la vida moderna y la tradicional, entre la tranquilidad del campo y el estrés de la gran ciudad. Contrastes entre los tres hijos, a cada uno más diferente, y contrastes también entre las edades de los padres y los hijos. Todo eso le aporta un dinamismo a la película que transmite una sensación casi teatral. El director aprovecha cada oportunidad que el guión le ofrece para mostrar estas diferencias y las explota en muchas de sus escenas, ya sea de manera directa, como una escena en la que la anciana y su nieto pasean, totalmente desconectados el uno del otro, o de manera más sutil, como cuando la pareja de ancianos contempla la gran ciudad iluminada de noche.  Pero también hay otros contrastes, menos argumentales y más sensitivos, con los que Yamada juega. La película empieza con un aire divertido que poco a poco va convirtiéndose en una melancolía cada vez más dolorosa. Pero mientras Yamada muestra esta progresión, los colores, la luz y el juego de cámara también cambia.

Yamada habla de varios temas que ya aparecían en la película original. Habla de una brecha generacional, sí, habla de la melancolía y la soledad del individuo. Pero se para también para hablar de la familia y los lazos que unen a las personas aunque estas hayan estado separadas. Hablar del día a día, de la cotidianidad del vivir con una sencillez muy adecuada al tono de la película. Está contada con un ritmo pausado y Yamada se recrea en los silencios y deja brillar a las actuaciones de Isao Hashizume y Kazuko Yoshiyuki casi como si no interviniera. De esta manera, la mayor parte del tiempo la película fluye con naturalidad y nos muestra un punto de vista cotidiano y cómodo. Y aunque el ritmo pausado de la película ayuda mucho con la imagen de nostalgia feliz que quiere transmitir la película, a su vez provoca que el film se alargue demasiado. Aún así, el final redondo y la sencillez de la historia logran convencer al espectador cuando aparecen los créditos del final.

La película de Yoji Yamada consigue un estupendo homenaje de “Cuentos de Tokio” (1953) de Yasujiro Ozu, desde un punto de vista más amable y cotidiano. Una película que claramente no aspira a pasar a la historia, pero que logra bien transmitir su mensaje y que deja al espectador satisfecho y con una sensación agradable después de verla. Y a veces este tipo de películas no piden nada más, solo una actuación estupenda y una historia bien contada.

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