El Gourmet Samurái: La comida nos une.

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Hace algunos meses Netflix estrenó en su programa “El Gourmet Samurái”, de Masayuki Kusumi. Un título particular que llamó la atención de la audiencia extranjera, embarcándose en toda una peripecia culinaria con Kasumi y su vida de jubilado. No obstante, esta serie ha resultado ser un compendio sociológico y gastronómico sin igual. Me dispongo pues, con mi primer artículo, a conquistaros ¡por el estómago!

El primer episodio ya nos entrega una escena memorable que podríamos llamar “la barrera de la cerveza”, donde nuestro protagonista desea disfrutar de una cerveza bien fría para comer, pero teme ser juzgado por los trabajadores sobrios del local. Sin embargo, en cuestión de segundos la escena toma una estética Edo, donde un samurái protagoniza el momento, disfrutando sin complejos de un trago de sake. Intuyo que este samurái es una figura ficticia que surge del imaginario del protagonista, y se materializa como el “honne” (本音), según la cultura e ideario japonés, aquello que realmente pensamos y anhelamos, más allá del deber colectivo. Así, nuestro protagonista toma el valor de sincerarse consigo mismo y dar los primeros pasos hacia la libertad.

El gourmet samurái

Mi vida acaba de comenzar.

En mi avance por esta serie han surgido puntuales escenas que en su trasfondo llevan cierto acento xenófobo o manidos convencionalismos, ¿de qué se trata pues? Tenemos la visita del protagonista a un restaurante chino. Toda una experiencia desastrosa, con una escenografía casi dantesca, que contrasta con la imagen pacífica y luminosa de las cocinas japonesas. La actitud descortés de la camarera sólo empeorará el sabor de un ramen frío e insípido. Además, el discurso visual de la escena presenta tonos rojos y claroscuros, así como una señal vibrante de “salida” que denota esa incomodidad. En este contexto, el protagonista muestra una clara aprensión al local casi exclusivamente por la presencia de adornos y motivos típicamente chinos, ¿ración de prejuicios de más? Vosotros juzgáis.

El gourmet samurái

Siempre hay una razón para un restaurante vacío

Sin embargo, éste no es el único episodio que me generó cierta incomodidad. La presencia occidental es algo constante en la serie. Donde las estrellas son sin duda los platos mediterráneos. Recordemos que en Japón existe cierta obsesión por el aceite y el tomate (de hecho, en la serie de animación japonesa “Hetalia” esta hortaliza es el icono de España e Italia). Dicho esto, en el décimo capítulo hubo un enfoque “occidental” de la trama, ¡pero esta vez no fue por los platos!, sino por unos clientes extranjeros (donde tenemos la aparición de Taylor R, actriz y modelo canadiense que reside en Japón). Estos serán considerados una molestia por el dueño del local, al no tener muy claro los modales japoneses. La simpatía de Kasumi es la antítesis al orgullo del chef, tratando de hacer más cómoda la escena. Entonces, ¿cuál es el problema? La actitud inadecuada de los extranjeros incluye grabar el local y a su cocinero, echar cantidades salvajes de pimienta roja o shichimi togarashi (七味唐辛子) a la carne, y hablar en voz alta. Sinceramente, unas actitudes que en los extranjeros que visitan Japón raramente he visto, a no ser que estuviesen alcoholizados o fuesen grandes grupos.

El gourmet samurái

Así mismo, considero poco acertado una de las conclusiones finales de este episodio, cuando Kasumi enaltece el carácter de un cliente más experimentado y osado que él, comparándolo a un caballero europeo. Éste dice, y cito textualmente: “no era un samurái, era un caballero”, lo que considero una afirmación historiográficamente incorrecta, pues no existe una categoría de valor superior en los caballeros europeos, sino dos concepciones distintas del honor entre estos y los “samurái”. Así mismo, muchos de estos hombres de armadura eran puros mercenarios. En definitiva, este aspecto ha servido al menos para denotar una tendencia habitual, y es que en occidente tendemos a exotizar las culturas orientales sin el conocimiento y la contextualización adecuada (una tendencia que conocemos como “orientalismo”), pero éste es también un hábito común en Japón respecto a Occidente.

El gourmet samurái

Dejando esta crítica inicial a un lado, esta es una serie repleta de tópicos. La nostalgia es de los más explotados por el director. Concretamente el tercer episodio es toda una oda a la juventud, y como la comida puede traernos maravillosos recuerdos. En esta ocasión el protagonista visitará la costa y se instalará en un modesto hostal o minshuku (民宿). Un episodio que se convierte en una exaltación de la pesca y agricultura, así como la excelencia de los sabores locales (al puro estilo Megumi Tadokoro, para los conocedores del anime Shokugeki no Souma). Sin duda, un episodio donde podemos aprender que el arroz va perfecto con los sabores salados, que el natto sabe mejor cuanto más lo remueves, y que el picor del wasabi suscita en la nariz un hormigueo deleitante.

El gourmet samurái

También es profundamente interesante cuando nuestro protagonista dice, y cito textualmente: “el sabor de la vida que nada en los mares”, pues muestra la importancia que tiene el sintoísmo (como creencia o religión “animista”) de reducir toda actividad a una cuestión puramente natural. En este caso la presencia de Amateratsu y Susanoo en toda actividad de pesca: como mar y sol. O incluso, en las muestras de agradecimiento al comenzar y acabar una comida. No sólo por la preparación del alimento, sino por las “almas” de animales y plantas sacrificadas,

El gourmet samurái

Itadakimasu (いただきます)

 “Gochisousama deshita” (ごちそうさま でした)

Así mismo hay episodios donde se remarcan ciertos valores de la empresa japonesa, entre estos respetar la autoridad de tus superiores, a pesar de que en Japón ya existen propuestas sobre la frescura que pueden aportar nuevas mentes a una empresa, al margen de su experiencia. Además, los episodios cuatro y cinco tratarán el tema de los trabajos más “artísticos” o enfocados al ocio. Sobre esta cuestión se presenta un discurso positivista, ligado al concepto del esfuerzo o “gambaru” (頑張る). Podemos ver como se enaltece el trabajo del empresario promedio, y a su vez defiende aquellos empleos relacionados con los “freeters” (フリータ), es decir aquellas personas que en Japón tienen empleos (comúnmente de baja remuneración) ocasionados mayormente por el descontento hacia el sector funcionarial, o el deseo de cumplir sus sueños como individuo, entre otras razones. Este es un tema muy explotado en películas y series japonesas, como es el caso del director Hirokazu Koreeda, y obras como: “After the Storm” (2016) o “Still Waliking” (2009).

El gourmet samurái

Él pide la comida, la corta como es debido y la sirve. Quizás sea un trabajo sencillo, pero si sabe bien es gracias a él… La motivación es responsabilidad por tu trabajo.

En resumen, visualmente es una maravilla de serie, y yo encuentro especialmente encantadoras las escenas que acontecen en los “izakaya” (居酒屋), bajo las características akachōchin o linternas rojas. Un espacio para compartir anécdotas bajo las brasas (que se lo digan a los pintorescos clientes de la serie japonesa “Midnight Dinner”). En estos locales, nuestro protagonista nos deleita con gran variedad de platos: guiso de tofu, karagee (pollo frito), tacos de atún fresco y yakitori. En estos platos, algo que llama la atención no es sólo su presentación, es la calidad de los ingredientes y la actitud que uno tiene ante la comida.

El gourmet samurái

La moraleja final podría ser: “comer como uno guste y compartir ese momento”. La cuestión de los modales, frente al apetito voraz del protagonista será un recurso constante en la trama. Pero es la superación de ese miedo lo que caracteriza a la serie. Esta imagen contrasta enormemente con el hábito del empresario japonés, apremiado siempre por volver a la oficina.

Así mismo, esta serie deja una fuerte impronta sobre cómo debemos abrir nuestro horizonte gastronómico y descubrir nuevos sabores. ¿Quién sabe cuándo descubriremos algo que nos encanta? Un Kasumi que de pequeño despreciaba el yakitori de puerro y no varía en su selección de oden, decide alejarse de su zona de confort, y son sus zapatillas una metáfora del camino hacia sus múltiples aventuras gastronómicas.

Sin duda, hay que tener un apetito audaz y un paladar atrevido. No dejemos que la apariencia de un plato y la monotonía nos encadenen a una vida sin sabor. Esta es una serie para dejarse embaucar por un mar de sabores y aromas, arroparse en el calor de las brasas, y fascinarse por el alma única de cada plato.

¿Os apetece hincarle el diente?

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