Higuchi Ichiyô, una flor tardía

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Higuchi Ichiyô murió en la primavera de 1896 a los veinticuatro años a causa de la tuberculosis. El frágil cuerpo que contenía una flor tardía que floreció con vigor pero que el viento arrastró antes de tiempo. Higuchi Ichiyô es casi un personaje dickensiano, como si proviniera de sus propias historias. Higuchi Ichiyôfue una escritora que vivió de pleno en la era Meiji, en uno de los contextos históricos más interesantes de Japón, en el cual hubo cambios drásticos tanto en la cultura como en la sociedad. La autora nació en una familia que, a pesar de haber tratado de conseguir una posición social acomodada, cayeron pronto en desgracia. Higuchi Ichiyô estudiaba la poesía de la era Heian en una escuela de poesía para mujeres, pero la diferencia social entre sus compañeras de familias acomodadas y la suya más humilde comenzó a definir algunos de los leit motiv que veríamos plasmados en su obra: el complejo de inferioridad social y económico.

Cerezos en la oscuridad

Cuando su familia se empobreció y abandonó la escuela, Higuchi Ichiyô comenzó a escribir para poder sustentar económicamente a su familia, al mismo tiempo que trabajaba de costurera. Entonces comenzó a publicar sus primeros relatos, pero al contrario de lo esperado, Higuchi Ichiyô y su familia no consiguieron recuperarse económicamente y tuvieron que mudarse a un lugar más pobre. Allí vivió la cúspide como escritora, y escribió los que son considerados sus mejores textos, donde retrataba los personajes de los barrios bajos y de la vida callejera y les dotaba de una dignidad inusual en la literatura. Gracias, en gran parte, a Mori Ogai, ganó gran renombre entre la crítica y en la comunidad literaria, y recibía visitas de críticos, autores y admiradores. Su producción es escasísima, pero a pesar de que la enfermedad hizo que esta flor tardía cayera del cerezo antes de hora, Ichiyô Higuchi dejó una huella indeleble en el mundo literario por méritos propios.

Higuchi Ichiyô

Higuchi Ichiyô junto a su madre.

A pesar de su exigua producción, ya que Ichiyô Higuchi solo escribió durante seis años, la autora es considerada una de las mejores autoras de su tiempo, y por contexto recordamos que es contemporánea de Natsume Sôseki, Mori Ogai, y Akutagawa, entre muchos otros. De su obra se pueden destacar muchos cuentos, pero probablemente Cerezos en la oscuridad (Satori Ediciones, 2017) sea la edición más cuidada y con los relatos mejor escogidos y traducidos al castellano hasta la fecha. Dentro de la propia colección de la editorial Satori este ejemplar juega un papel esencial, pues aunque no es el primer libro escritor por una mujer, sí es el primero que presenta una autora muy simbólica para el feminismo. Higuchi Ichiyô reivindicó la figura de la mujer, sobre todo la de la mujer trabajadora y de clase baja, y dio voz a todas esas madres, hermanas, hijas, etc, que vivían enmudecidas bajo una sociedad tremendamente patriarcal y conservadora.

Crecer

Ichiyô vivió una época especialmente dura. A los cambios culturales del país hay que añadir una tradición literaria que provenía de la era Heian, donde autoras como la dama Izumi, o la dama Shikibu habían inventado la novela moderna y habían modernizado y actualizado la narrativa y la poesía. En el contexto histórico de Ichiyô estos hitos culturales eran relativizados, pues la mujer en esa época tenía un papel casi nulo ya no solo en la sociedad, sino en la producción cultural, y escritoras como Ichiyô Higuchi son un rara avis.

En Cerezos de la oscuridad podemos disfrutar de un ensayo de unas setenta páginas del profesor, traductor y experto en literatura japonesa, Carlos Rubio (además de ser el director de la colección Maestros de la literatura japonesa de Satori). En dicho texto, Carlos Rubio ensalza la figura de la escritora, además de narrar con detalle su influencia e importancia para el mundo literario. En esta edición podemos disfrutar de los siguientes seis relatos: “Cerezos en la oscuridad”, Día de Año Viejo”, “Aguas cenagosas”, “Noche de plenilunio”, “Encrucijada”, y “Dejando atrás la infancia”. En todos estos relatos se centra la atención en la vida opresiva que vivían las mujeres ahogadas por la sociedad patriarcal que las relegaba a papeles secundarios e inferiores. Higuchi Ichiyô revela dramas ocultos con una sencillez y un lirismo que desgarran la entereza del lector.

Higuchi Ichiyô

Higuchi de 14 años junto a las alumnas del centro de estudios Hagino-ya, febrero 1887

“Dejando atrás la infancia” es un lienzo general de la vida en los barrios humildes que frecuentaba la autora en Yoshiwara. Allí existía el único barrio de placer, y la protagonista, Midori, vive allí, y además es una mujer hermosa, por lo que su destino parece estar escrito sin que ella pueda hacer nada. En “Día de Año Nuevo” la autora da voz a una criada que debe soportar los abusos de las personas a las que sirve, y donde se denuncia además la pobreza y la desigualdad social. En “Aguas cenagosas” se pone bajo el foco la falta de igualdad de oportunidades laborales que sufrían las mujeres en la época de la autora, las cuales se veían obligadas a trabajar en empleos humildes o mal considerados dentro de la sociedad, como amas de casa, lavanderas, prostitutas, y demás. En “Noche de plenilunio” se critica la imposibilidad para una mujer de divorciarse, ya no a nivel legal, sino que, en caso de ocurrir, la mujer se convertía en una paria social, repudiada tanto por su familia como por el propio entorno.

Higuchi Ichiyô escribió su obra hace más de cien años, pero muchísimos de los aspectos que denuncian siguen latentes hoy en día, en mayor o menor medida, y sigue una lucha latente para eliminar tales prejuicios. Esto la reafirma como una autora moderna y a la vez contemporánea. Una autora que otorgó voz a toda una generación de mujeres silenciadas y que fue un referente que dura hasta hoy en día. Una autora que junto a Sei Shonagon, o Murasaki Shikibu, se alza como uno de los referentes más importantes de la literatura japonesa, y la que aportó una visión más feminista a un país en el que la simple concepción de este término era pura fantasía. Honremos a Higuchi Ichiyô, y recordémosla de la mejor manera posible al leer su obra y comprender su mensaje, tan clave hoy en día. Ichiyô Higuchi murió a los veinticuatro años, pero solo seis años de escritura logró cambiar la mentalidad de todo un país.

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