Puedo oír el sol, de Yuki Fumino

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A estas alturas, todo aquel que nos siga desde hace un tiempo sabrá lo mucho que admiramos el trabajo de Milky Way. Una admiración que viene de la valentía de publicar títulos menos conocidos y de la calidad con la que cumplen en todas sus publicaciones. Es por eso que comprar un cómic de Milky Way suele ser una apuesta segura y eso mismo hice con Puedo oír el sol de Yuki Fumino. No sabía su temática (solo que era shonen ai) ni conocía la autora. Pero llevaba el sello de la editorial y solo por eso ya valía la pena probar. Y os aseguro que, de nuevo, han acertado.

La historia empieza presentándonos a Taiichi, un universitario pobre que busca desesperadamente trabajo. No tiene mucha suerte en la materia, pues tiene un carácter muy fuerte y una sinceridad apabullante. Un día, muerto de hambre, cae a encima de un tejado, un rincón en el que conoce a Kohei, quien le da parte de su comida. Kohei tiene problemas de audición y necesita alguien que le coja apuntes, trabajo que Taiichi acepta a cambio de comida. Así empieza una relación entre ambos.

Hace relativamente poco os hablábamos de la película de A silent voice, en la que la protagonista es sorda y es incapaz de comunicarse. Aunque ambas series tienen ese punto en común (además de estar licenciada en Milky Way), Puedo oír el sol se separa totalmente de los temas que explora A silent voice (la depresión, el bulling, la redención) y busca un mensaje más sencillo. En Puedo oír el sol, la sordera actúa como una barrera que separa Kohei de los demás y que él mismo construye constantemente. El aislamiento de la discapacidad, su incapacidad para comprometerse del todo por miedo a perderlo. Y sobre todo habla de Taiichi y Kohei y de cómo su relación los hace crecer como personas.

Aunque es shonen-ai, en el primer tomo la historia se centra más en el desarrollo de los personajes, en ahondar en las características, los problemas y defectos que los convierten en quienes son. Esto hace que tanto Taiichi como Kohei sean personajes muy reales, tangibles. Al ser un slice of life, la autora busca más la cotidianidad en la relación de ambos y en ver como esa cotidianidad los cambia, más que en el romance per se. Ese romance está más presente en el segundo tomo, aunque estos temas siguen vigentes en toda la historia.

El dibujo y el diseño de personajes también ayuda a transmitir este mensaje. Taiichi tiene un aspecto libre, desenfadado, sincero. Sus diálogos además están muy bien construidos y le añaden realismo al personaje. Mientras, Kohei está diseñado para encajar con esa figura que se aísla, que vive en constante miedo. El pelo largo, los ojos caídos… Yuki Fumino incrementa todo esto con fondos simples y tramas brillantes.

En conclusión, Puedo oír el sol es un shonen-ai precioso e intimista, pero también es un manga sobre la discapacidad y sobre como la sociedad está construida alrededor de la “normalidad”, alejando y marginando aquellos que no encajan en este molde. Yuki Fumino construye la historia a fuego lento, dejando que sean los personajes las que la cuenten. No decepciona ni en la calidad de la trama ni en el encanto de sus dibujos y la edición de Milky Way le hace justicia.

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