Recuerdos, de Osamu Dazai

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Hemos hablado en repetidas ocasiones de Osamu Dazai, uno de nuestros autores preferidos y una figura literaria fascinante que genera tanto rechazo como levanta pasiones. Tsushima Shûji nació 1909, en Kanagi, al norte de Japón, en el seno de una familia de aristócratas terratenientes. Fue un niño solitario que se crió con los cuentos de su abuela y que al desarrollar su carrera literaria profesional adoptaría el pseudónimo artístico de Osamu Dazai. Para Osamu Dazai la lectura es un refugio. A su misma vez, desarrolla una coraza a partir de una personalidad bufona y dicharachera con la que pretende fingir felicidad y alboroto. Recuerdos (Satori) es una antología de cuentos que reúne los leit motiv más importantes del autor, y en el que se puede observar la perfecta evolución del escritor. Además, contiene muchos de los relatos más impactantes del autor japonés.

Dazai ingresó en la Universidad Imperial de Tokio para cursas los estudios de Literatura Francesa, aunque siempre se jactaba de no haber asistido ni a una sola clase. Más tarde entró a militar en el Partido Comunista, aunque él mismo reconoce en sus relatos que lo hizo por curiosidad pero que nunca compartió los ideales. A partir de entonces su deterioro personal comenzó a ser evidente. Tras tener una relación sentimental con una geisha, su padre le deshereda, y más tarde Dazai intenta suicidarse con una desconocida tan desesperada como él. Pero la muerte le esquivó cuando ambos se arrojaron al mar. Unos pescadores le rescataron del mar. Ella murió ahogada.

Sobre 1932 su labor principal era la de escribir textos cortos para venderlos en diferentes publicaciones, Recuerdos (Satori, 2015), contiene algunos de los relatos breves más populares del autor como el relato homónimo ‘Recuerdos’. Es una obra clave para entender el paso del joven Tsushima al escritor atormentado Osamu Dazai. Durante 1934 y 1935 el autor escribía adormecido por su adicción al alcohol y a la morfina. Atormentado por sus miedos y temores. En 1935 se estableció el premio Akutagawa, que servía para honrar al autor fallecido y para premiar a nuevas voces de la literatura japonesa. Osamu Dazai probó suerte dos años, y en ambas ocasiones no ganó el premio. Con el segundo relato incluso envió una carta suplicando a Kawabata que le otorgaran el premio, el cual respondió con una negativa, momento en que se iniciaría la enemistad entre ambos. Los relatos de Osamu Dazai son más o menos autobiográficos, y están repletos de relaciones familiares, de la incomprensión y de la soledad como consecuencia de ello, del miedo al ser humano y a la vejez, y de un narcisismo agudísimo del cual el propio Dazai era consciente; en sus propios textos hace sátira de este rasgo de su personalidad. Todos estos temas se ven reflejados en los relatos de Recuerdos, una especie de mirada hacia atrás. Como si quisiera contextualizar su vida y sus desgracias y ordenar unos y otros.

Su obra se encuadra dentro del peculiar género Watakushi shôtetsu, “la novela del yo”, aunque debido a sus particulares características suele incluirse al autor dentro de la burai-ha. Como indica Carlos Rubios en el prólogo de Recuerdos, se podría traducir como “la escuela de los decadentes”. Dentro del burai-ha se puede encontrar a Sakaguchi Ango, a Oda Sakunosuke, y a Tanaka Hidemitsu. Por ello el narrador es una figura que frecuenta los textos de Osamu Dazai, siendo él mismo el propio protagonista de muchos de estos.

Osamu Dazai es un mito en Japón. El 19 de junio de cada año, una gran cantidad de jóvenes se congregan en el Zenrin-ji, lugar donde descansa la tumba de Osamu Dazai, para realizar un curioso homenaje al escritor. El 19 de junio es su fecha de nacimiento. Y el 19 de junio encontraron su cadáver junto al de su compañera, tras su al fin exitoso suicidio. Los jóvenes se congregan en la tumba y dejan flores, fuman canutos o beben cerveza. El 19 de junio se celebra el Outo (Cereza), bautizado así por un cuento que escribió el autor y porque le gustaban las cerezas, y ese día se celebra la vida, la esperanza y se recuerda la figura de una persona que ahora ya es mito y leyenda, como si de una estrella de rock de las letras se tratara. Osamu Dazai, l’enfant terrible de las letras japonesas.

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