El discípulo del diablo de Shiro Hamao

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El discípulo del diablo de Shiro Hamao recoge dos de los relatos más populares del que está considerado como uno de los padres de la novela negra japonesa. En primer lugar, un relato homónimo en el que Eizo Shimaura escribe una carta al que fue su mentor, Hachiro Tsuchida, confesándole las razones por las que está detenido y solicitándole su ayuda. Al fin y al cabo, Tsuchida es el fiscal del juzgado de primera instancia que se ocupa de su caso y puede tratar de echarle un cable. Shimaura intenta recurrir a una especie de chantaje psicológico, ya que en su época universitaria ambos tuvieron una relación, y Shimaura se enamoró de tal forma de Tsuchida que le culpa de todas las desgracias que le han acontecido a lo largo de su vida.

En segundo lugar, ¿Fue él quien los mató?. En esta ocasión, un abogado relata un caso muy particular en el que trató de defender a su cliente Ichiro Ôdera de un doble asesinato. El letrado inicia su narración poniéndonos en situación, enumerando los detalles del sumario, y luego nos es desvela la forma en la que fueron hallados los cuerpos y el desarrollo del juicio. A lo largo de la historia podremos ver cómo en ocasiones los indicios no son tan sencillos como pueden parecer a simple vista, y como un caso que parecía claro desde un primer momento puede dar un gran giro y sorprender al lector.

Algo que une de manera irrevocable ambas historias es el hecho de que Shiro Hamao estudiase Derecho en la Universidad Imperial de Tokio. Aunque las narraciones giran en torno a dramas personales de los protagonistas, el ámbito jurídico tiene un peso enorme en ambos relatos. Hamao trata de abordar estas crónicas desde este punto de partida de la psicología de los personajes, intentando desentrañar los entresijos de la mente humana y los motivos que pueden llevar a una persona cualquiera a cometer un crimen atroz.

Otro punto en común que tienen ambos relatos es el hecho de que estén narrados cuando los sucesos ya han concluido. Los dos narradores cuentan en un estilo de comunicación directa con el lector los sucesos que han llevado a los protagonistas a esa situación. Como si un abogado o un fiscal narrasen los hechos a un jurado. Y es que en cierto modo es lo que Shiro Hamao trata de conseguir, la complicidad con el lector para que trate de empatizar con los criminales y de ese modo puedan comprender mejor sus motivaciones. Si les absolvemos o no, ya queda en nuestras manos.

Violencia, erotismo y fuertes dosis de intriga convierten a estas dos historias en fundamentales para comprender el devenir del género ero-guro en Japón. Esta breve obra es enorme por dentro, y que aquellos que ya sois fans incondicionales de Edogawa Rampo no podéis dejar pasar.

Como cierre, una magnífica guía de juego de mahjong, un juego de mesa muy popular en Japón, que desempeña un papel fundamental en el segundo relato. Ya solo por eso merece la pena hacerse con un ejemplar.

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