En el bosque, bajo los cerezos en flor de Ango Sakaguchi

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¿A quién no le parece hermoso un cerezo en flor? Los pétalos rosados con tonos rojizos, que caen y cubren el suelo del mismo color. Cuyos troncos oscuros contrastan con este apacible tono. Ango Sakaguchi es de esos autores de terror que prescinden de lo violento, del susto fácil, de las descripciones morbosas, o de lo gore. Sakaguchi presenta atmósferas desasosegantes y convierte lo bello es aterrador. Aunque hermoso. El terror japonés tiene muchísimas facetas, y aunque en general lo conocemos por su faceta en el cine con sus casas encantadas y sus fantasmas vengativos, lo cierto es que hay mucho más. En el bosque, bajo los cerezos en flor (Satori, 2013), es un volumen con algunos de los cuentos más destacables y representativos de uno de los autores claves del género del misterio, del terror o de la intriga, si lo preferís, Ango Sakaguchi.

Estos tres relatos publicados en 1947 reúnen historias distintas que ejemplifican perfectamente el estilo y la narrativa de Sakaguchi en cuanto a su acercamiento al género de terror. Quizá cabe matizar que “terror” como tal era, muy probablemente, algo que se daba por sentado dentro de la literatura. Misterio o intriga, dotados de atmósferas oscuras e historias aterradoras. Ango Sakaguchi, además de escritor, fue un filósofo y ensayista cuyas durísimas críticas contra el régimen de su país durante la Segunda Guerra Mundial se hicieron populares debido a la denuncia de la decadencia de los valores japoneses. Esto le convirtió en un personaje popular y muy controvertido. Por ello, lo siniestro, a menudo desde el origen humano, tiene un lugar principal en su obra. El idealismo y el patriotismo como valores rancios mutan en la crueldad y la maldad a la que puede llegar un ser humano. Sin embargo, Sakaguchi es muy sutil en sus textos literarios, y a través de metáforas y simbología muy trabajada y pensada organiza esta serie de reflexiones sobre la cara oscura del ser humano.

Los relatos de En el bosque, bajo los cerezos en flor, son tres fábulas de una riqueza tanto lingüística como de contenido apabullantes. El relato homónimo, publicada en 1947 (adaptado incluso al cine y al anime), tiene como protagonista a un bandido, un criminal que roba a los viajeros que cruzan el bosque de cerezos donde él acecha. En este ominoso bosque de negros y rosas se topa con una misteriosa mujer cuyos caprichos sumergen al bandido en una terrible espiral de sucesos extraños. Los límites sobrenaturales se desdibujan en este texto que parte de una bellísima tradición japonesa: la de observar los cerezos en flor. Convertir este elemento en algo aterrador y desasosegante convierte a este texto en una verdadera delicia (y es que causa ansiedad y pavor). La belleza se vuelve horrenda, y la realidad se vuelve cada vez más irreal. Un relato grotesco y perturbador.

La segunda historia de En el bosque, bajo los cerezos en flor trata tanto la belleza como el horror, igual que el anterior. “La princesa Yonaga y Mimio” está protagonizado por un escultor que debe tallar un Buda para una princesa. Ella, igual que en el anterior texto, es lo bello y lo aterrador de nuevo. Y los crueles caprichos vuelven a jugar un papel central en el texto, llevando al joven escultor hasta los límites de la cordura que tuvo que soportar aquel bandido entre troncos negros de cerezos y pétalos rosados.

Finalmente, “El gran consejero Murasaki” sucede en un contexto abiertamente sobrenatural. El protagonista, el consejero del emperador, encuentra una flauta sagrada que pertenece a una doncella de la Luna que no puede regresar a su corte sin la flauta. El hombre se aprovecha de la situación creyendo que esto le reportará felicidad, y por supuesto el texto va girando en espiral hacia la crueldad, la malicia y el terror.

En el bosque, bajo los cerezos en flor está compuesta de tres relatos que se complementan para crear un tapiz de lo grotesco. Hombres y mujeres crueles, egoístas y despiadados protagonizan relatos donde la belleza y la abstracción del horror cristalizan en historias para no dormir. La edición de Satori viene aderezada de un lúcido e interesantísimo ensayo de Jesús Palacios (asesor de la colección Satori Ficción) que nos ofrece interpretaciones de estos fantásticos textos. Una lectura estupenda y acertada para pasar un mal-buen rato. Ango Sakaguchi es un maestro del terror grotesco.

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