Crónica del XXIII Salón del Manga [parte 1]

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Un gran escuadrón de El peso del aire se acercó a visitar la nueva edición del Salón del Manga, organizado por Ficomic. Se trata ya de la XXIII, y esta vez fuimos con todo un arsenal. Preparados para las colas en la entrada (que no hubieron), las aglomeraciones (que tampoco hubieron) y mucho cosplay que te rompe los esquemas. Por ello hemos decidido realizar esta crónica a base de varios relatos personales de cada uno de los miembros del equipo que pasaron por allí. Experiencias personales y visiones distintas del XXIII Salón del Manga, como una primera vez, o una visita al salón tras muchísimos años sin visitarlo. Diferencias, comparaciones y reflexiones. Allá vamos.

XXIII Salón del Manga

Crónica de Dani

Mi primer Salón del manga de Barcelona ha sido una gran experiencia, aunque bastante agotadora, reconozcámoslo. El ambiente es inigualable. Miles de aficionados se juntan en cientos de puestos para compartir y disfrutar de su gran pasión, el mundo del manganime. Otra cosa son las dimensiones. Para alguien como yo que no esta habituado a salir de una zona no metropolitana, encontrarse con un evento de esta envergadura, le hace alucinar. El programa de actividades es un no parar, y escuchar al maestro Maruyama es un absoluto placer para cualquier seguidor del anime. Al igual que vivir la emoción de las nuevas licencias en pleno directo. Un momento muy divertido donde ves a verdaderos aficionados de ciertas franquicias ilusionarse. Si no, preguntad a los seguidores de DragonQuest cuando Planeta lo anunció.

XXIII Salón del Manga

Miembros de El peso del aire charlando con los editores de Satori en su stand.

Una de las cosas que me sorprendió es que ningún día tuve que hacer cola. Me habían advertido de este problema en otras ediciones, pero parece que la organización ha dado con la tecla para solucionarlo. Por otro lado, está el contra de no poder salir del recinto una vez entras, un pequeño inconveniente que te obliga a aprovechar al 100% tus horas por el Salón. Una de las mejores experiencias ha sido poder comer comida japonesa en los puestos del mismo Salón. Unos yakisoba, un poco de karage, unos onirigi y por fin probé los deliciosos mochi con helado de té matcha. Sin duda, es uno de los puntos que ayuda a redondear (y no solo la barriga) la experiencia.

Para el final me dejo la locura consumista. Ver esos stands editoriales repletos de manga hace irresistible la compra en masa. Y más si vamos el equipo de El Peso del Aire junto. Cada uno te va recomendando sus cosillas y terminas con un buen saco de manga en la mochila. No hay mal que por bien no venga. Por supuesto, pienso repetir y volver a gozar la experiencia. Eso sí, menos días, que luego el cuerpo pasa factura.

Crónica de Esther

Para mí fue un día muy interesante ya que la última vez que fui a un Salón del Manga debía tener dieciséis o diecisiete años y aún se hacía en La Farga de l’Hospitalet. Por eso me asombró tal envergadura en la Fira de Barcelona en Montjuïc. Tenían abiertos seis pabellones y la plaza Univers, donde tocaban diferentes grupos e hicieron todo tipo de actuaciones. Ahora me doy cuenta que, aunque paseé por todas partes, fue difícil poder aprovechar cada actividad, charla o exposición en un solo día.

Aunque yo iba vestida de calle, me adoptó un grupo de soldados de Shingeki no Kyojin (Ataque a los titanes) y fue entretenido ver como se acercaban a pedirles que se tomaran fotos con ellos. No estoy muy metida en la cultura del cosplay, pero por todo el Salón habían auténticas obras de arte (y muy originales en algunos casos). Incluso me entró el gusanillo para probar de hacer un cosplay el año que viene.

XXIII Salón del Manga

El Cosplay es el gran protagonista del Salón. Aquí el escuadrón SnK.

No tuve la oportunidad de ir a ninguna charla, pero sí pude ver diferentes actividades como la escritura japonesa, la ceremonia del té o las pasarelas de kimonos y es curioso ver que, aunque lo principal en el Salón es el manga y el anime, cada vez hay más fascinación y curiosidad por otros aspectos de Japón. También había un pequeño stand del consulado de Japón que las dos veces que pasé por delante estaba abarrotado de gente pidiendo información sobre como estudiar o vivir en Japón.

Lo que sí me chirrió bastante fue que en una de las exposiciones, la que mostraba los cien años de la historia del anime, el género shojo casi brillaba por su ausencia cuando en la década de los noventa, por poner un ejemplo, estuvo lleno de series shojo icónicas como Card Captor Sakura, Utena, Marmalade Boy o Fushigi Yugi. Sí que se mencionaba a Sailor Moon y Nana, pero aparecían casi de paso.

El ambiente del XXIII Salón del Manga fue muy tranquilo durante todo el día, tal vez porque era el primer día del Salón, incluso cuando llegué, pese a haber bastante cola, enseguida pude entrar y se podía pasear con tranquilidad por todos los pabellones sin sufrir mucha aglomeración. Confesaré que creía que iba a comprar más mangas de lo que hice pero aquí os muestro los tomos que no pude (ni quise) evitar llevarme a casa, el libro Japón especulativo y un simpático llavero de Yue.

XXIII Salón del Manga

Las compras de Esther .

Personalmente, volver a vivir la experiencia Salón del Manga después de años ha sido muy satisfactorio y entretenido. Sin duda me gustaría repetir el año que viene pero intentaré ir dos días como mínimo para poder aprovechar mejor cada actividad.

Crónica de Isa

Una de las constantes en mi vida desde la preadolescencia (12 años) hasta la actualidad ha sido el Salón del manga. Catorce años seguidos asistiendo a este evento que antes se celebraba en la Farga (y la Farga se llenaba de cosplay) y que desde hace ya bastantes años se celebra en Plaza España. Y cada año crece más (no como yo, que me he quedado enana).

El Salón del manga ha ido cambiando durante estos catorce años y, de la misma forma, he cambiado yo. Hubo años en los que pensé que no volvería, otros en los que salí muy emocionada del palacio. Años en los que solo asistía para los concursos de cosplay y karaoke. Y otros en los que iba solamente a gastarme el dinero que había conseguido ahorrar. Desde el año pasado, mi asistencia ha sido diferente, desde un punto de vista más de “prensa”. Como tal, he asistido a más charlas y he explorado más todo lo que el Salón ofrece. Y la verdad es que es un evento que ha sabido adaptarse al imparable aumento de público, que ha aumentado de rango y de cantidad.

XXIII Salón del Manga

Detalle de la exposición sobre Robico.

Este ha sido el primer año que he asistido cuatro días seguidos (normalmente iba un solo día, como mucho dos) y la experiencia ha sido agotadora, pero diferente. Por un lado, la cantidad de gente que fluctúa según el día (yo, que no soy adoradora de las aglomeraciones, prefiero la tranquilidad de los jueves o los viernes, pero también es interesante ver la variedad de público que asiste en días como el sábado) es algo mucho más visual cuando vas tantos días. También te da la posibilidad de explorar más actividades (cuando solo tienes un día, normalmente intentas comprar toda la wishlist y a veces te pierdes algún evento interesante). Esto es algo que aún me falta por explotar (y que espero poder hacerlo el año que viene) porque el Salón del manga ofrece un programa de actividades muy variado que, por desgracia, no he podido ver.

Algo de lo que me había quejado con anterioridad era lo poco que se aprovechaba de la presencia de autores invitados. El año pasado pude asistir a una charla con Banana Yoshimoto (os hablé de ella aquí) y me faltaba poder hacer lo mismo con los mangakas invitados. Este año he podido asistir a una charla con Robico-sensei (autora de El monstruo de al lado), la charla con Masao Maruyama y a la firma de comics de Yoko Kamio (autora de No me lo digas con flores y Tiger and Wolf, entre otras). Esta interacción con los autores es algo que echaba de menos otros años y que este año he podido cumplir gratamente.

XXIII Salón del Manga

Las exposiciones culturales son ya un añadido común en el Salón.

También tengo que agradecer la compañía. Mis compañeros de el peso han hecho que el Salón sea mucho más divertido (y mucho más consumista, malditos ellos y malditas sus recomendaciones). Otra novedad ha sido la posibilidad de asistir a las charlas de las editoriales, charlas en las que daban la palabra a los espectadores y en las que podíamos enterarnos de las próximas novedades. Aunque son una tradición en el Salón, este ha sido el primer año y estoy segura de que, al menos en este aspecto en concreto, voy a repetir.

El XXIII Salón del Manga es el evento más importante en el mundillo dentro de España. Por supuesto, tiene aún muchas cosas que arreglar (la gestión de las multitudes, el centrarlo todo alrededor del consumismo, la pocas mesas redondas que hay…), pero en general la sensación que me ha dejado este año es muy completa. La de un evento imprescindible al que espero poder asistir un año más.

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