Crónica del XXIII Salón del Manga [parte 2]

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La segunda parte de la crónica del XXIII Salón del Manga de Barcelona es un poco más corta, pero no menos intensa. También es la última. Nos apetecía mucho contaros nuestras experiencias personales (a riesgo de repetirnos, ya que muchos fuimos juntos). Pero lo dicho, aquí va. ¿Nos vemos en 2018?

XXIII Salón del Manga

La carpa de conciertos estaba siempre abarrotada y con alguna actividad en marcha.

Crónica de Pablo

El Salón del Manga de Barcelona para mí es mucho más que un evento de manga, es una cita perfecto para encontrarte con amigos y conocidos con los que te une una afición. La primera vez que fui, cuando todavía se hacía en L’Hospitalet, tenía quince años y pude conocer a muchas personas con las que hablaba por internet y que conocía en foros de manga y cultura japonesa.  Para mí, desde entonces, es una cita obligada.

Doce años después, en esta edición, he podido disfrutar del salón con algunos de mis compañeros de El peso del aire y, como siempre, ha sido un salón que disfrutas por la compañía y el ambiente. Lo que más me gusta es ver  masas de personas compartiendo una misma pasión, convirtiendo la Fira de Barcelona en un punto de encuentro de gente que lee, que deja volar su imaginación y le fascina un género, el manganime.

XXIII Salón del Manga

Las compras que hicimos sólo el primer día. ¿Algún manga que os llame la atención?

Como no he ido el sábado, he podido pasear sin demasiadas aglomeraciones, además, como cada año, la Fira cede más espacio de los pabellones por lo que se podía caminar relajadamente. Ha habido gran variedad de stands, destacando el de Nintendo, que ocupaba medio pabellón y en el que he podido probar el Super Mario Odissey de la Nintendo Switch. Las exposiciones han sido interesantes, como la de los robots en el manga que mostraba las distintas maneras en las que se han entendido los robots en la cultura japonesa.

Pero, como no podía ser de otra manera, el consumismo ha sido el centro de mi visita. El hecho de ir varios días me ha permitido poder comprar todas las novedades que me interesaban sin cargar un día con demasiado peso. Porque el Salón también es sinónimo de avalancha de novedades, muchas series largamente esperadas que puedes compartir con amigos.

XXIII Salón del Manga

Aquí andamos algunos de El peso del aire. Rebonicos.

He podido asistir a algunas charlas, como las presentaciones de novedades (ese anuncio de Children of the Whales de Milky Way Ediciones como punto álgido) o las charlas con autores, que permiten disfrutar de un evento que  no sea solamente de compras. No obstante, esto es algo que se debería potenciar; si el Salón del manga quiere ser una cita clave y seguir creciendo debe ofrecer más contenido exclusivo. Conferencias, mesas redondas, más talleres, más autores que no sólo hagan firmas. De esta manera, podremos disfrutar de un Salón que, aparte del consumo, permita conocer más la cultura japonesa.

XXIII Salón del Manga

¡Exposición de vestidos tradicionales japoneses!

Crónica de Alexander

Aunque el año pasado asistí un par de días al XXII Salón del Manga, había dejado de venir al Salón desde que se hacía en la Farga, que ya os han mencionado algunos compañeros. Este sitio era un pabellón donde apenas se cabía de la gente que acudía y en el cual las colas eran larguísimas (pero largas de HORAS). El XXIII Salón del Manga es muy diferente. Se ha diversificado. Los organizadores han sabido aprovechar el espacio. Distribución. Gente. Donde antes cabían 10 ahora caben 1000. Aunque ha supuesto un tema de disputa, ya no hay colas para entrar. Gran logro. Quizá lo que a mí más me ha sorprendido a primera vista es la eficiencia en cuanto a organización y distribución.

Aunque creo que el Salón de Manga es “demasiado” grande. Me explico, para ir de la entrada a la zona de presentaciones hay que dar muchas vueltas, preguntar, seguir el mapa, volver a dar vueltas, y al final puede que llegues. Hay varios temas más a mejorar, y voy a empezar por lo negativo. Me gusta ver tiendas en el Salón. Al fin y al cabo, es como un mercado grande. Pero me molesta ver tiendas de merchandising pirata. Me molesta ver tenderetes clónicos, enormes, que ocupan pabellones enteros. Me molesta ver tiendecitas personales que manufacturan sus productos relegadas entre dos gigantescos stands de camisetas de Bob Esponja y Jake de Hora de Aventuras. ¿Por qué las librerías y las tiendas de manga (nuevo o de segunda mano) se quedan relegadas a un pabellón pequeño que parece más un vestíbulo? Ya sé que estos stands de merchandising llevan aquí desde siempre y que son un apoyo económico brutal, pero, ¿es necesario TANTO? Me parece abusivo. También quiero reclamar más presentaciones. Más autores. Más conferencias. ¡Hay poquísimas! Vamos, son cinco días de Salón. ¿No hay conferenciantes? ¿No hay autores? Entiendo que quizá haya que “acostumbrar” al fan, y que sea algo minoritario, pero, ¿no sería un sello de calidad del Salón?

XXIII Salón del Manga

De verdad, los bonsáis nos flipan.

Y ahora vamos a lo positivo, que es mucho. Me fascina ver cada vez más editoriales manga con su propio stand (este año ha sido Milky Way Ediciones). A editoriales como Satori que repiten desde hace años. A librerías como Eikyo (aunque su localización no era muy buena) o Haiku. Creo que el Salón, a nivel de “mercado de manga, anime y cultura japonesa” son estas librerías y editoriales, y aunque lentamente, se van haciendo un hueco en el mundillo.

A nivel de fanzines no voy a opinar mucho ya que no entiendo del mundillo (y además me da la sensación de que es un poco “muy suyo”) pero, si es el Salón del Manga, ¿por qué había tantos fanzines de cosas que no tenían NADA que ver con el tema? Por otro lado fue genial pasarse por allí, era un microcosmos, como entrar a un miniSalón.

XXIII Salón del Manga

¡Mirad cuánto manga!

Me encanta ver exposiciones en el Salón, y las del XXIII Salón del Manga, aunque mejorables, han sido interesantísimas, sobre todo las históricas, o las que repiten desde hace años como las de bonsáis o kimonos (sí, qué pasa, me flipan). Pero quizá cabe destacar, por encima de todo, el ambiente. Pacífico, tranquilo, de buen rollo. Nada de agobios. Sin aglomeraciones.

Me hago mayor, y ver a adolescentes acudir al Salón con la edad que yo tenía en mis primeros Salones me hace mucha ilusión. ¿Hasta dónde llegará el Salón del Manga? Son ya 23 ediciones. ¡23 años! Por último quiero terminar la crónica con lo más importante para mí de este Salón, y se trata de mis compañeros de El peso del aire. Ha sido fantástico pasar tiempo con ellos y disfrutar del evento entre risas y compañerismo. Habrá que repetir el año que viene, ¿no?

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