El museo del silencio de Yoko Ogawa

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Yoko Ogawa es una escritora peculiar y El museo del silencio es un buen ejemplo de eso. La novela, publicada por editorial Funambulista, recoge algunos de los elementos más típicos de la autora. Ya hemos reseñado novelas de Ogawa (como Hotel Iris, Bailando con elefante y gato o La fórmula preferida del profesor) más de una vez y cada una de esas lecturas ha sido diferente a la anterior.

Este libro nos habla de un museógrafo que recibe un encargo bastante peculiar para construir y diseñar un museo en un pequeño pueblo en las montañas. La anciana que lo contrata lleva casi toda su vida recogiendo objetos que han dejado los muertos tras de sí y él es el encargado de ordenarlos y convertirlos en una colección. Pese a la rareza del encargo, él acepta, pero a medida que avanza en su trabajo, el tranquilo ambiente del pueblo va haciéndose cada vez más opresivo.

En Hotel Iris comentaba que Ogawa conseguía hacer una obra perversa sin perder su estilo. En El museo del silencio la escritora consigue algo similar. Empieza construyendo el libro de una manera lenta y pausada, relatando bien el ambiente que rodea el pueblo de la misma manera que los personajes que rodean al protagonista y dotándolo todo de una cotidianidad relajada y preciosista. Sin embargo, va añadiendo gotas de oscuridad en forma de ciertos elementos que, a medida que avanza el libro, se van adueñando de toda la trama. Lo que en un principio es una lectura tranquila se convierte en una tensa. Y es gracias a esa construcción inicial que el ambiente resulta tan asfixiante y macabro hacia el final, pues Ogawa crea un contraste muy bien estudiado.

Las relaciones interpersonales tienen mucho peso en la novela. Son todos personajes extremadamente peculiares con muchas capas de personalidad que vamos descubriendo durante la lectura. Ninguno de ellos tiene nombre (al estilo de la autora), pero como siempre, Ogawa logra que no nos resulten anónimos. Es interesante ver el choque de los fantasmas del pasado del museógrafo, cuyo punto de vista leemos todo el libro, con los recuerdos del resto de personajes con los que interactúa, sobre todo la abuela que le hace el encargo.

La ambientación también tiene un papel muy importante y el Museo es un personaje más en la historia. Tiene un peso muy importante en la trama, pues todo gira alrededor de su construcción, pero es que además Ogawa se toma mucho tiempo para describir cada proceso de la creación de la colección, de forma que nosotros mismos podemos sentirnos parte de ella.

Yoko Ogawa nunca se ha centrado en un solo género literario. Aunque todas las novelas que he leído de la autora tienen su marca indeleble, su bibliografía es, parafraseando a Forest Gump, como una caja de bombones; nunca sabes qué sabor tendrá la novela que leas a continuación. El museo del silencio comienza de una manera que podría recordarnos a La fórmula preferida del profesor, pero pronto vemos que el libro se aleja de la dulzura de esta novela y se aproxima estilísticamente a sus historias más oscuras y macabras.

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