Hacia la luz, de Naomi Kawase

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Con una experiencia cinematográfica que se extiende a más de dos décadas, Naomi Kawase es una directora que ha deleitado a su público incontables veces con historias conmovedoras, con títulos como Shara (沙羅双樹) de 2003, Aguas tranquilas (つ目の窓) de 2014, o su cinta más reciente Una pastelería en Tokio (あん) de 2015. En esta ocasión, Hacia la luz nos presenta con su tráiler la delicada situación de un afamado fotógrafo que ve interrumpida su carrera profesional por una ceguera incurable. Una película que hará honor a la fragilidad y la incertidumbre que pesan sobre la naturaleza humana. Con dos personajes (Nakamori y Misako) que deben aceptar su pasado y seguir adelante bajo la luz cegadora de un futuro lleno de oportunidades, aceptar los inevitables cambios que acontecen en sus vidas, y el torrente de emociones que vienen con la pérdida de un ser querido, o de uno mismo.

Hacia la luz

Por un lado, la imagen de calma de Nakamori cambiará en un plano más íntimo, donde veremos una persona que “no quiere olvidar”, es decir que no quiere perderse a sí mismo, y es que la fotografía ha sido toda su vida. Por otro lado, Misako vive angustiada por la posibilidad de perder a su madre, pues la temprana muerte de su padre ha cohibido incluso la capacidad de expresarse en su trabajo, quedando un ser frágil y abatido.

La superación personal es un tema fundamental en la obra, que encuentra su mayor simbolismo en el apego de Nakamori a su vieja cámara, y el de Misako con la cartera de su fallecido padre. Así mismo, hay escenas que presentan un sencillo pero magistral juego de palabras: desde, la reunión de Nakamori con dos de sus aparentes kohais, donde una revista tiene el nombre de “Radiance”, que bien puede traducirse como “luz” o “destello”, (término que da nombre a la película: Hikari, ひか, 光); hasta las escenas que acontecen en el bosque o “mori” (も; 森), pues este kanji es precisamente un componente del nombre de Nakamori (中森), lo que podemos traducir al completo como “el que habita dentro del bosque”.

Además, conceptos tan etéreos como el wabi-sabi (la frágil belleza de lo perecedero, y la candidez que nos despierta la imperfección de las cosas) o el yugen (la profundidad de los sentimientos que emanan ante la complejidad del universo), o el komorebi (el destello de luz solar que se filtra entre las copas de los árboles) están presentes en la obra de mil formas intangibles, y que a veces estas ideas no se pueden expresar con palabras. Como tal, en esta obra tratan de encontrar un medio: del ojo al papel y del papel al oído. Así mismo, esta fuente de sensibilidad puede verse en frases de la cinta como la siguiente: “Nada es más bello que lo que desaparece ante tus ojos”, pues la misma belleza que se contempla haciendo uso de tus ojos, será irónicamente mayor cuando la pérdida de tu visión la haga más emotiva y melancólica.

Hacia la luz

Si bien, no soy especialmente fan de las obras trágico-románticas, es quizá el encanto particular de Kawase lo que hace de esta, una obra especialmente disfrutable. Pensativa y melancólica a un plano puramente humano, con el que el espectador puede empatizar. Además, el largometraje se ve complementado por un gran equipo técnico, y una banda sonora a manos del francés Ibrahim Maalouf, que adereza a la perfección cada escena. Finalmente, cabe mencionar la calidad de su reparto, pues a pesar de la nula experiencia de Ayame Misaki en películas de esta categoría ha sabido cautivar los corazones del público, así como Masatoshi Nagase ha realizado una actuación magistral, como ya vimos en otras obras de la directora, o de mano del director norteamericano Jim Jarmusch, entre otros.

Hacia la luz

En conclusión, incluso cuando tus ojos son incapaces de ver, siguen siendo las ventanas del alma, y es que la propia película da de lleno en el alma del espectador, pues se trata de la historia del encuentro de dos almas perdidas, que deben aprender a superar sus heridas. Una obra, en la que el esencialismo de su título es sólo comparable al fotograma de un beso, oculto tras los sonidos de un bosque adormecido, el calor del atardecer y escasas palabras

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