Japón perdido, de Alex Kerr

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Una de las grandes noticias de este año ha sido la aventura literaria de Alpha Decay con la obra de Alex Kerr, Japón perdido, un ensayo sobre las costumbres, tradiciones, rituales y paisajes de un Japón soñado que está al borde de la extinción ante la cada vez mayor amenaza de los daños colaterales del desarrollo, del progreso y de la occidentalización. Alex Kerr es un experto en cultura y sociedad japonesa, y su fascinación por este país llegó al culmen a ser consciente de este contraste entre un país ultramoderno que trata de desarraigarse de sus propias raíces al mismo tiempo que conserva rituales y tradiciones antiquísimas y rinde culto a su propia historia. Si algo queda claro tras terminar la lectura, es que el inmenso tsunami de cambios que ha vivido Japón comenzó durante la Restauración Meiji.

No es de extrañar que a Japón se le califique como “país de contrastes”, no de contradicciones, sino en el sentido de ser un lugar en el que conviven lo nuevo y lo viejo en una simbiosis que cristaliza de un modo inaudito. Sí, suena a tópico. Suena a marketing de agencia de viajes. Pero es cierto, y cuando uno visita el país es consciente de ello. Alex Kerr describe a la perfección este curioso fenómeno y como esto le llevó a lanzarse a varios proyectos vitales. Alex Kerr plantea una duda en Japón perdido que parece de sencilla respuesta pero esconde gran profundidad filosófica: ¿cómo conseguir que las sensaciones nos lleguen a través de las palabras, si los amantes de Japón son sensoriales, en vez de intelectuales (como lo son los amantes de China)? Kerr implica muchísimo en esta pregunta. Una de las explicaciones que saco yo es la de hacer alusión a ese Japón contemplativo, silencioso, de colores, de sabores, de sonidos. El Japón del haiku en el que el minimalismo prima ante todo. ¿Cómo entonces escribir un libro entero para hablar de ello? ¿No bastaría con un “ven a Japón y compruébalo por ti mismo”?

Japón perdido

Japón., fotografía pintada a mano, de Tamamura Kozaburo. 1910.

En una entrevista a nippon.com, Alex Kerr declara: Japón es uno de los países mejor educados del mundo. Su territorio y su patrimonio cultural rebosa belleza. Yo me preguntaba por qué un país así se empeñaba en echar a perder todos esos activos tan preciosos. Y cuando me interesé por el asunto, descubrí cómo se había desvirtuado el carácter de las obras públicas. Y es que la labor de Kerr por Japón es necesaria. Sorprende que un país con una publicidad turística tan brillante maltrate de este modo su propio patrimonio. Es más, Japón fue de los primeros países en disponer de leyes de protección para zonas boscosas.

Japón perdido

La narración de Alex Kerr en Japón perdido es el desgarro del propio autor, la declaración de su amor por el país y la impotencia del que hace todo lo que puede pero no es suficiente. Alex Kerr analiza las políticas exteriores del país, y podemos compararlo con ciertos ideales neoliberales que han fracasado en la economía. ¿Hay lugar para la espiritualidad en un lugar que sacrifica su tradición para progresar? Este año ha estado repleto de lecturas que me han transportado a Japón y a los que se suma Japón perdido. Ensayos de viajes excelentes como En el barco de Ise, de Suso Mourelo (La Línea del Horizonte, 2017) y Crónica japonesa, de Nicolás Bouvier (La Línea del Horizonte, 2017). Si algo han conseguido todas estas lecturas, sobre todo Japón perdido, es la de plasmar el amor y el cariño por la cultura, por las tradiciones, por el patrimonio, por la historia. Japón perdido es un homenaje a todos aquellos que se esfuerzan para que el pasado no se olvide. Porque el pasado marca y define el presente.

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