Lagartija, de Banana Yoshimoto

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Banana Yoshimoto es de las autoras japonesas más interesantes del panorama literario. Sus textos que mezclan cotidianeidad y realismo mágico, presentan personajes con distintos traumas, vivencias y recuerdos. Marcados por la propia vida. Rotos. La gran mayoría de sus textos son obras de personajes, en las que el escenario suele formar una atmósfera, o sirve al propósito del propio texto. Lagartija (Tusquets, 2017) es un gran ejemplo del leit motiv de la autora. Personajes truncados que buscan una salida. Una solución a los traumas. Escapar de la soledad.

Tokio es una de las ciudades más grandes del mundo. Imaginad por un instante la cantidad de vidas, historias, dramas, alegrías, esperanzas que alberga un lugar así. Viváis donde viváis, ya sea Barcelona, León o Santiago de Chile. Es difícil concebir la enorme cantidad de almas que deambulan por un lugar así. Pero incluso en macrociudades tan grandes hay ciertos elementos que unen puntos. Que todas esas vidas pisan y que entrelaza historias. Uno de esos elementos es el tren, el metro. El transporte público. Banana Yoshimoto aprovecha este elemento (entre otros) como excusa más que premeditada para situar algunas de sus historias. Y es que Lagartija es un libro de relatos. Como cuenta la propia Banana Yoshimoto al final del libro, son historias que escribió de joven (la mayoría datan de los años 90), cuando su visión tanto del mundo como de la literatura era distinta. Ella misma se sorprende en este epílogo de su gran compromiso con “el mundo”, con “la vida”, y cuenta que hoy en día se lo toma todo de forma mucho más trivial.

Volviendo a Lagartija. Este libro contiene muchísimos elementos de otras de sus obras como N.P., Tsugumi o Amrita. Pero sobre todo he encontrado similitudes con Sueño profundo, mi obra preferida hasta la fecha de Banana Yoshimoto. Los seis relatos de Lagartija están protagonizados por hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y demás que sirven de excusa para que la autora pueda diseccionar distintos aspectos de la cotidianeidad de la sociedad japonesa. Los valores. Las motivaciones. El estilo de vida. Yoshimoto se escapa de entrar en moralidades o en disertaciones ideológicas, y toma una vertiente mucho más humanista, más simple y directa. ¿Qué nos da miedo? ¿Qué nos motiva? ¿Qué nos frena? ¿Qué nos espolea?

Uno de los elementos más importantes de Lagartija es la mirada de Banana Yoshimoto hacia el pasado. La autora afirma indirectamente que somos lo que somos a causa de circunstancias, vivencias y decisiones que hemos ido tomando, viviendo y experimentando a lo largo del tiempo. Tratar de cambiar eso es tratar de volver atrás en el tiempo. A los veinte no amamos como a los cincuenta. Tampoco soñamos, deseamos, ni sufrimos igual. La vida cambia. Nosotros Cambiamos. Las diferencias que nos afectan son fascinantes y también fascinan a la autora, quien a través de estos seis personajes explora temas tan sencillos y comunes como profundos y complicados. Temas que han vertebrado la literatura desde los inicios. Todo ello con ese toque Banana Yoshimoto. Con esa cereza de realismo mágico, de ¿qué será esto? Lagartija aborda temas como las expectativas, o la espiritualidad personal entendida desde un punto de vista personal y no religioso. Por eso Lagartija es una lectura inolvidable que salta desde ya a mis preferidos de la autora, junto a Sueño profundo o Recuerdos de un callejón sin salida. Un libro para no olvidar.

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