Hiroshi Sugimoto, la fotografía suspendida en el tiempo

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Robert Capa, el famoso fotoperiodista de conflictos que cubrió la guerra civil española, entendía la fotografía como el arte de capturar la verdad y a un buen fotógrafo como aquel que pacientemente es capaz de acercarse a la verdad y tomarla con su cámara. Para él “no hay nada peor que una imagen nítida sobre un concepto borroso”. Esta premisa es una de las piedras angulares de Hiroshi Sugimoto, uno de los fotógrafos japoneses con mayor proyección en la actualidad.

Sugimoto nació en Tokio en 1948, muy interesado en la fotografía desde la infancia y el colegio, estudió ciencias políticas en su ciudad natal hasta que en la década de los 70 decidió instalarse en Estados Unidos y estudiar bellas artes en California. Considerado un artista multidisciplinar su obra reúne distintos campos como la fotografía, la escultura, la arquitectura así como la reflexión filosófica y política que a menudo imprime en sus obras. Especializado en la fotografía conceptual, la obra de Sugimoto busca capturar la esencia de las cosas como medio para llegar a la verdad.

Hiroshi Sugimoto

Las fotografías de Sugimoto destacan por su larga exposición. Manteniendo el obturador de la cámara abierto durante varios segundos, consigue imprimir en sus fotografías todos los elementos superpuestos que se encontraban frente a la cámara. De esta manera, Sugimoto busca capturar un momento de la vida dejándolo suspendido en el tiempo, sensación que se magnifica por el uso del blanco y negro en la mayoría de su obra, sus fotografías prescinden del color para desplegar la esencia de lo inmortalizado. Es por ello que la obra del japonés parece aislada en el tiempo, de una época remota donde sólo la fotografía ha perdurado como vestigio de todo aquello que es efímero.

En 1976 empezó su primera serie con Dioramas. Estas fotografías nacen por las frecuentes visitas del artista a museos de historia natural  cautivado por los animales disecados que se alzaban en falsas reproducciones de sus hábitats. Sugimoto empezó a fotografiar estas representaciones de animales por la capacidad de la fotografía de insuflar vida a estos animales disecados. En este conjunto ya se puede observar su  uso del blanco y negro para generar su característica atmósfera atemporal. Sus dioramas reflexionan sobre la vida y la muerte, lo cual no deja de ser paradójico teniendo en cuenta que los animales fotografiados son objetos inertes carentes de vida. Pero el mundo onírico de Sugimoto nos crea un espejismo de lo real para captar la grandeza de la naturaleza.

Hiroshi Sugimoto

En 1978 continuó con Theatres, una serie de fotografías sobre antiguas salas de cine vacías que destacan por el contraste entre el brillo blanquecino de la pantalla iluminada y la gama de grises de la estructura que la rodea. Este conjunto le sirve para seguir experimentando con el tiempo, en este caso representado por pantallas de cine que al ser fotografiadas pierden el movimiento que distingue al cine de la fotografía.  Sin duda uno de los trabajos más importantes del artista que convierte las salas de cine en puertas a otros mundos.

Hiroshi Sugimoto

En la década de los ochenta, Sugimoto vuelve a la naturaleza con su serie Seascapes, en la que el fotógrafo reflexiona sobre la naturaleza de la vida con sus paisajes de mar y viento. Sugimoto se siente atraído por las estampas marinas por ser el agua y el aire los elementos que distinguen al planeta tierra de los otros, por tanto los elementos que permiten la vida. La preocupación por el tiempo y el movimiento se mantiene al inmortalizar el mar y el cielo, que están en constante movimiento, mientras que en Seascapes transmiten una sensación agradable de seguridad, reposo y estabilidad, destacando el contraste cromático entre el agua y el cielo, que los seres humanos asociamos con el azul.

Hiroshi Sugimoto

En los años noventa, el autor vuelve a sus orígenes de Diorama y al interés por las representaciones con Portraits, en las que fotografía figuras de museos de cera de todo el mundo. Destacan sus fotografías del museo londinense de Madame Tussaud. Esta serie de retratos es muy inquietante al perderse la sensación de encontrarnos ante figuras de cera y creer que son los propios personajes históricos los que posan ante la cámara. Bajo un fondo negro encontramos protagonistas de la historia que parecen inmortalizados por el tiempo y no sólo por la fotografía.

Hiroshi Sugimoto

Finalmente, en el siglo XXI, Sugimoto nos ofrece una de sus últimas obras fotográficas: Lightning Fields. El autor experimenta con la electricidad creando fotografías sin cámara. En vez de captar la electricidad generada en la naturaleza, Sugimoto genera descargas sobre el negativo fotográfico y al revelarlas la sensación es de haber captado un relámpago en la oscuridad. Según el propio artista, esta colección quería rendir homenaje a científicos  como Benjamin Franklin, Faraday o Fox Talbot que estudiaron las fuentes eléctricas y la relación de los rayos con la propia electricidad.

Hiroshi Sugimoto ha conseguido convertirse en uno de los fotógrafos más interesantes de la actualidad al aportar un enfoque novedoso al concepto propio de la fotografía. Ha conseguido trasladar los elementos estéticos de la cultura japonesa, el minimalismo; la sobriedad; el matiz de la sombra; la contemplación de la naturaleza y el placer de lo efímero  a la fotografía con fuerte carga filosófica. Sus creaciones hablan sobre el paso del tiempo, la capacidad de la cámara de preservar lo efímero, de reflexionar sobre el movimiento y crear representaciones de la realidad que parecen espacios aislados más allá del espacio-tiempo. Además, Sugimoto consigue invertir el efecto de la técnica fotográfica. En vez de capturar lo real y lo vivo para volverlo artificial, el artista consigue fotografiar reproducciones de objetos y seres que a través de la cámara se pierde el aura de artificialidad para dotarse de una ilusión de veracidad. Una paradoja exquisita que oculta una incomparable belleza estética.

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