La oficina de estanques y jardines, de Didier Decoin

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Antes de comenzar, una confesión, pese a que tengo pocos prejuicios antes de leer un libro, es cierto que algunos pululan por ahí justo antes de lanzarme a una lectura u otra. Como lectores, tenemos casillas que llenamos mentalmente para decidirnos por una u otra lectura. Con la cantidad de autores y libros japoneses que hay en el mercado me resulta algo complicado leer un libro sobre Japón escrito por un occidental. Pero a veces tan solo es necesaria la recomendación de un amigo para lanzarse a por una obra que encuadra la trama en el siglo XI (era Heian, 794-1185) en Japón. Una obra que se ambienta en la época en que se escribieron algunas de las obras más importantes de la literatura japonesa como El libro de la almohada, El diario de la dama Murasaki o El diario de la dama Izumi. Pero quizá este inicio genere expectativas injustas para la novela del franco Didier Decoin, autor de La oficina de estanques y jardines (Alfaguara).

La trama de La oficina de estanques y jardinse es relativamente simple: Katsuro es un humilde pescador y vive con su esposa Miyuki de la pesca de carpas vivas que luego transportan a los estanques de los templos de Kioto, la capital de Japón. Katsuro muere en el rio Kusagawa mientras trataba de pescar unas carpas y su mujer debe reemplazarle en la tarea de capturar las mejores carpas para los estanques del emperador japonés. A partir de aquí la historia se desarrolla siguiendo los arduos esfuerzos de Miyuki al tratar de asumir tan importante y al mismo tiempo titánica tarea. Miyuki comienza así un viaje físico y espiritual, cargar las carpas en cestos junto al duelo de perder a su marido.

Didier Decoin ha pasado diez años de su vida para completar el manuscrito de La oficina de estanques y jardines. Tiempo que no me parece en absoluto exagerado ya que la cantidad de documentación y el minucioso detallismo al ambientar el texto a veces es de tan sorprendente, apabullante. Pero como con todas las novelas históricas, jamás debemos olvidar que se trata de ficción. Por muy fiel y rigurosa que sea una obra, no deja de ser un texto de ficción y esto implica retorcer la historia a uno u otro lado, imponer ideas, pensamientos e incluso añadir cosas que no existieron. Esto lo recalco porque la novela presenta un panorama muy realista sobre el campesinado de la era Heian y que yo siempre tengo presente cuando escucho hablar de esta época. La era Heian es conocida por el florecimiento de la poesía, las artes plásticas y la literatura en Japón (entre otras muchas artes), pero esto ocurría solo entre las clases pudientes, la aristocracia y la familia imperial. Fuera de aquí Japón pasaba hambre, la pobreza era una plaga y la vida era brutal, y esa era la visión de escritores como Ryunosuke Akutagawa y de cineastas como Akira Kurosawa.

Creo que Didier Decoin se contiene enormemente en La oficina de estanques y jardines ya que prefiere ofrecer un relato que, aunque muestra la dureza del campesinado (en este caso de Miyuki y su pesca de carpas), no deja de romantizar el trabajo duro, el ascenso de nuestra heroína y su lucha contra la sociedad. Claro que la realidad sería mucho más brutal y descarnada.

En cualquier caso, La oficina de estanques y jardines es un libro muy entretenido y ágil, que invita al lector a perderse en un Japón que ya no existe y que solo podemos encontrar en los libros y en las pinturas. El estilo del autor transmitido por las traductoras María Teresa Gallego y Amaya García Gallego es fluido y mantiene un buen ritmo a lo largo de toda la lectura. Este es uno de esos libros que uno imagina constantemente adaptado a la gran pantalla, con grandes planos de paisajes de ensueño, templos y ríos. Una obra que rinde homenaje al esfuerzo, a la vida y a Japón.

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