Poison City, de Tetsuya Tsutsui

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El mangaka Tetsuya Tsutsui se está convirtiendo en los últimos años en una de las figuras clave del thriller adulto dentro del manga con obras de gran éxito de crítica como Manhole, Prophecy, Reset o la obra de la que vamos hablar, Poison City, que se acerca más al thriller político y que ha triunfado en Francia, país que ha acogido su obra como si fuese un autor nacional más. En 2017 llega a España de la mano de Planeta justo en un momento en que su temática está, desgraciadamente, de candente actualidad; la censura y la libertad de creación.

La historia de Poison City nace de la experiencia del autor con su obra Manhole, que fue catalogada como obra nociva para los menores por parte de la agencia de la infancia de Nagasaki. Indignado, decide entrevistarse con los responsables y descubre que la decisión se tomó por la violencia de las imágenes y no por el contenido de la historia.

A raíz de esto, Tsutsui nos presenta un futuro cercano de Japón, en 2020, pocos meses antes de la celebración de los Juegos Olímpicos de Tokio con el país volcado en los preparativos de uno de los eventos más importantes internacionalmente. El protagonista, Hibino, empieza la publicación de un nuevo manga que resulta ser una historia de zombies debido a una enfermedad que provoca en los humanos el “síndrome caníbal”. Sin embargo, pronto recibe la notificación de que el Comité creado por la ley de libros íntegros de 2019 ha calificado su obra de dañina. Esto genera que su obra pierda visibilidad en librerías y se necesite ser mayor de edad para comprarla. En definitiva, provoca su fracaso comercial.

Poison City

La historia se desarrolla como una carrera del protagonista para conseguir que su obra deje de ser considerada como dañina. Primero intenta descubrir cuáles son los aspectos que se valoran por el comité para esquivarlos y, tras su fracaso, intentará entender la promulgación de la ley tras un caso morboso de asesinato por parte de un joven que era un lector voraz de un manga violento, Innocence, protagonizado por un niño. El manga se entiende como una carrera a contrarreloj para desafiar al comité de censura y denunciarlo ante la opinión pública.

La genialidad de Poison City es la capacidad de análisis de la sociedad para entender bajo qué contextos se puede desencadenar un ataque tan claro a la libertad de expresión sin que haya una resistencia activa a esta pérdida de derechos. Tenemos un crimen truculento que conmociona al país y una clase política oportunista que decide legislar en caliente para bloquear la oposición a este tipo de medidas. En nuestro país podemos encontrar multitud de casos que han seguido este mismo patrón bajo la excusa de proteger la memoria de las víctimas del terrorismo.

Poison City

El manga se intercala con escenas del manga que está creando el protagonista, por lo que el lector tiene acceso a la historia censurada lo que ayuda a nuestra implicación y rechazo a este tipo de medidas censoras. Las cubiertas de Poison City muestran a los protagonistas del manga que escribe Hibino, lo cual puede inducir a error ya que la historia de zombies no es la piedra angular de la historia, sólo el desencadenante de la trama. En este aspecto el paralelismo con Bakuman es claro al hablar las dos obras de la industria del manga en Japón. Pero Poison City en clave de thriller político.

Nos encontramos ante uno de los mangas de crítica social más potentes del mercado. Tetsuya Tsutsui teje una historia bien argumentada e inteligente sobre la lucha de un ciudadano por la libertad de expresión. Como Josef K, protagonista de El proceso de Kafka, Hibino se enfrenta a un sistema corrupto, injusto y burocrático que aniquila la libertad y somete a la población a un ambiente de silencio que genera una falsa seguridad. Aunque aquí el control social es más sutil y menos totalitario que en la novela 1984 de George Orwell la premisa es la misma. No hay verdadera seguridad sin libertad porque sin libertad la seguridad siempre es opresión.

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