La chica del cumpleaños, de Haruki Murakami

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Haruki Murakami es uno de los mayores exponentes de la literatura japonesa actual. Con una fama que lo precede, cada uno de sus lanzamientos suele ser un éxito de vendas en varios países. Sin embargo, aún parece que nos queda esperar unos meses para ver traducida la última novela que publicó en Japón. La editorial Tusquets publicó durante el pasado Sant Jordi una edición ilustrada de uno de sus relatos, La chica del cumpleaños. La trama nos traslada hasta un restaurante en el cual trabaja la protagonista sin nombre. Ese día es su cumpleaños, pero le ha tocado trabajar. Ese mismo día el encargado se enferma y ella tiene que coger su relevo en una de las responsabilidades más importantes del restaurante: llevarle la cena al jefe.

Este es un relato que está plagado de sombras. De entrada, el autor nunca muestra los nombres de los personajes (ni el de la protagonista) para mantenerlos en un anonimato que los hace enigmáticos. Por otro lado, toda la historia sucede de noche y parece que la oscuridad nocturna se adueña de la situación y la ambientación con facilidad. El mismo enigma que rodea toda la historia se esconde entre sombras y hace que el lector se pregunte, de la misma forma que el narrador, que secreto está escondiendo la protagonista anónima. Murakami es un autor que muestra, más que contar, o, como sucede en este caso, no muestra, sino que deja que el lector deduzca por sí solo. La magia de La chica del cumpleaños, con la que juega Murakami, es la figura narrativa que parece cambiar a medida que se desarrolla el texto. La narración cambia hacia el final del texto, y muestra paralelamente la historia presente de la chica con la del pasado. Sin embargo, y buscándolo adrede, Haruki Murakami deja el final abierto a la imaginación del lector.

Siempre he opinado que Murakami es mejor novelista que cuentista y después de leer la chica del cumpleaños, lo sostengo. Los temas de los que trata el autor y su capacidad para generar imágenes sugerentes se ve mejor caracterizada en historias largas. Y aunque tiene relatos muy buenos, La chica del cumpleaños no acaba de tener esa magia que Murakami es capaz de crear, que parece quedarse a medio gas. La edición de Tusquets (tanto en catalán como en castellano) es una delicia. Es un libro breve, pero está cargado de ilustraciones que muestran muy bien la historia sin quitarle parte de ese misterio que la caracteriza. Los colores tonales entre rojos y blancos juegan muy bien con la clase de historia de Murakami. La traducción de Albert Nolla en la versión catalana (la que he tenido oportunidad de leer) es, como siempre, magnifica.

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