Nagasaki, recuerdos de mi hijo, de Yōji Yamada

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Es común que al recordar el horror atómico vivido en Japón se mencione Hiroshima. Pero ¿qué hay de Nagasaki? ¿Por qué una ciudad suele ser más popular que la otra en cuanto a noticias? Como ya sabréis, la bomba en Nagasaki fue detonada tres días después del horror vivido en Hiroshima, y según recuentos de heridos y destrucción fue un ataque mucho más devastador que el de la ciudad vecina. La memoria histórica tiene sus peculiaridades. Quizá porque Hiroshima fue primera, quizá por la literatura que surgió de allí. En cualquier caso, Yōji Yamada (Maravillosa familia de Tokio) dirige este dramático filme titulado Nagasaki, recuerdos de mi hijo. Esta película nos habla de las consecuencias de aquella tragedia en un núcleo familiar concreto, ya que la protagonista (Sayuri Yoshinaga) perdió a su hijo (Kzunari Ninomiya) en aquel terrible día. Durante el film, el espíritu del hijo regresa para saldar con su madre ciertos aspectos que quedaron en el aire, y, de este modo, poder cerrar las heridas abiertas de los familiares dejados atrás.

Nagasaki

Esta película presenta un relato costumbrista y en apariencia sencillo. Es cierto que el fantasma o espíritu de hijo de la comadrona rompe un poco esta atmósfera de cotidianeidad, pero el tono general de la película es introspectivo y pausado. El hijo presenta una metáfora de la pérdida de la guerra. Todo aquello que muere, lo que dejamos atrás, lo que acaba destruido a raíz de algo como una guerra, que todo lo consume. Este joven se aparece ante su madre tres años después de la bomba de Nagasaki, y es un momento que tanto ella como la antigua prometida del chico aprovechan para reflexionar y sanar sus heridas.

Nagasaki

El espectador establece un diálogo directo con los personajes y empatiza con facilidad con el dolor de la pérdida. Pero no todo es tragedia, pues el film ofrece esperanza, redención y perdón. Y sí, uso estas palabras porque el film tiene un tono claramente cristiano. De hecho usa términos como los mencionados, redención o perdón, que son propios de esta religión. Por otro lado, Nagasaki, recuerdos de mi hijo no es un film histórico al uso, pero sí que aprovecha elementos a su favor para añadir color o mensaje a la propia historia. No por nada la historia está ambientada en el pasado.

Nagasaki

Yōji Yamada no tiene ningún pudor en ofrecer una crítica directa y dura hacia la propia sociedad japonesa, hacia la posguerra y hacia un país sumido en un sempiterno aire de fracaso y derrota. Aquí podríamos encontrar similitudes con textos de Natsume Soseki, en novelas como Botchan o El minero. Yōji Yamada se une al (minoritario) elenco de directores que han tratado Nagasaki en sus películas, como Keisuke Kinoshita en 1983 con Children of Nagasaki y Akira Kurosawa en 1991 con Rapsodia en agosto.

Nagasaki

En definitiva, creo que es un film de ritmo pausado y reflexivo, que busca remover conciencias y despertar la memoria histórica. Porque no hay nada peor que olvidar. Olvidar nos lleva a cometer los mismos errores. Es un film repleto de ternura, de bondad, de momentos dulces y mágicos. La historia de amor entre los dos jóvenes, o la relación entre madre e hijo. Nagasaki, recuerdos de mi hijo no toma bandos. No hay malos o buenos, pero sí que aboga por la superación, por ser humanos y por el respeto. Una película de sobrada calidad y que recomiendo si os interesa un mínimo el cine japonés.

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